Crecer atrapado en 'Stranger Things': «Las expectativas son diferentes con nosotros: hay más presión para ser perfectos, para saberlo todo»
Los protagonistas, que empezaron en la serie con 12 años, hablan con ABC sobre crecer bajo los focos del fenómeno de Netflix en la previa de su final, dividido en tres tandas
Alguien tiene que morir en 'Stranger Things'
Madrid
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Iniciar sesiónCuando Noah Schnapp debutó en el cine, a las órdenes de Steven Spielberg y junto a Tom Hanks en 'El puente de los espías', aún no era nadie. Tampoco después de la película. Caleb McLaughlin ya había hecho un puñado de apariciones episódicas en ... series como 'Ley y Orden: Unidad de víctimas especiales', 'Forever', 'Unforgettable' o 'Shades of Blue', con Jennifer Lopez. Era el del hermano mayor, el del chico. Gaten Matarazzo solo había salido en un capítulo de 'The Blacklist'. Finn Wolfhard apareció de forma recurrente en 'Los 100' y 'Supernatural' y, como si fuera un anticipo de lo que vendría después, Millie Bobby Brown ya era la más solicitada: fue una joven Alicia en 'Once Upon a time in Wonderland', protagonista en 'Intruders' y alternó 'NCIS' con 'Modern Family' y 'Anatomía de Grey'.
Después
Antes
Desde hace una década son Will, Lucas, Dustin, Mike, Once, la pandilla protagonista de 'Stranger Things'. Lo serán siempre, quieran o no quieran, incluso cuando, superados los 20 años, el 1 de enero se emita el último capítulo de una serie que les cambió la vida de golpe. Cuando se estrenó en Netflix tenían entre 12 y 14 años. Mientras los niños de su edad inauguraban la etapa de mochila con ruedas en el colegio, ellos luchaban contra el azotamentes, contra el demogorgon, contra Vecna. Ganaban y perdían. Aprendían de lo que iba el mundo frente al piloto rojo de una cámara. Daban su primer beso frente a millones de espectadores, pasaban de los pantalones cortos, los juegos de mesa y las bicicletas a las camionetas con antena y las granadas de mano. Se convirtieron en héroes, en referentes de los ochenta, que ni siquiera vivieron.
Ellos, que nacieron pasados los 2000, pura generación zeta, fueron los mejores embajadores de la nostalgia. Pasaron del anonimato a ser estrellas. Se los tragó el éxito, los aplastó la fama. Dejaron de ser ellos y pasaron a ser sus personajes, alter ego indisoluble de esa pandilla que pedaleaba con ahínco hacia la edad adulta pero nunca la alcanzaba, condenados a vivir en Hawkins como Peter Pan, congelados en una edad que habían rebasado, atrapados en una época que solo vivieron por ser los elegidos por los hermanos Duffer.
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«La fama nos ha cambiado mucho pero no nos ha cambiado nada en absoluto», cuenta a ABC Noah Schnapp, el niño que sobrevivió al Mundo del Revés, el hijo de Winona Ryder en la serie de Netflix, el de los escalofríos, el protagonista imprevisible, Will Byers. «Como personas no hemos cambiado. Hemos seguido siendo los mismos espíritus jóvenes y tontos que siempre hemos sido», matiza el actor. Fieles en esencia, pero con el mundo al alcance de la mano gracias al papel de sus vidas. Con la lección aprendida de tantos juguetes rotos, pero con la tentación, a partir de entonces, siempre planeando. Haber crecido frente al mundo «es como una sesión de terapia», admite McLaughlin, Lucas en 'Stranger Things', que pasó de «vivir en un pueblo donde era uno de cuatro niños negros en un mar de gente blanca» a ser un referente. «Estar rodeado de adultos desde tan joven, en este set de rodaje, trabajando tantas horas, me ha enseñado cómo hacer las cosas, especialmente si quiero hacer algo en mi vida o si tengo una meta. A aprender, de diferentes personas y culturas».
Alguien tiene que morir en 'Stranger things'
Lucía M. CabanelasUnos gastan zapatillas en la escuela de la vida; a estos niños se les quedaba pequeña la ropa y la vida durante el rodaje. En diez años les dio tiempo a levantar más de un palmo del suelo, a pasar de ganar 250.000 dólares por episodio a aproximadamente siete millones por temporada. A casarse, como Millie Bobby Brown, a los 20 años. A adoptar una hija a los 21. El tiempo pasa despacio en Hawkins, que no les permite rebasar los 16 años. Pero fuera de la pantalla vuela. Ellos viven como se puede en la sociedad del clic, de los vídeos rápidos, del algoritmo. Deprisa, muy deprisa. «La popularidad y el dinero con el que están tratando a los 12 y 13 años es... te convierte en un adulto. No tienen la infancia que desearía que tuvieran», lamentó hace tres años David Harbour, sheriff, cabecilla de la rebelión de este grupo de inadaptados y padre de Once y de todos ellos.
También Winona Ryder les aconsejó con su experiencia: «Empecé mi carrera siendo la más joven y siempre quise ser mayor. Pensaba: 'Esto no pasa. Esto es raro, el fenómeno. El trabajo es el don. Por eso lo haces'. Eso fue lo que me inculcaron. He estado intentando cambiar esta narrativa con los chicos, porque les han inculcado que son muy afortunados y que esta serie los 'hizo'. Yo les digo: 'No. Netflix tiene mucha suerte. Vosotros sois especiales. Sois mágicos'». Ellos les guían, pero el mundo sigue pendiente. «Las expectativas son diferentes con nosotros: hay más presión para ser perfectos, para saberlo todo. Es difícil crecer con eso y tener que pasar la adolescencia y estas fases incómodas delante de todo el mundo», explica Schnapp.
El apoyo del reparto, de los creadores, de la plataforma, ha sido crucial desde que la serie despegó hace una década. Lo será más ahora que termina. Para asimilar el proceso, hacer el duelo más llevadero, Netflix ha dosificado el final en tres partes. Vivir rápido pero morir lento. Los primeros cuatro episodios de la quinta y última temporada se estrenan el 27 de noviembre. El 26 de diciembre, un mes después, los siguientes tres. El adiós definitivo de 'Stranger Things' inaugurará el nuevo año. «Hemos estado en la serie durante casi la mitad de nuestras vidas. Es agridulce», dice Caleb McLaughin sobre el final, inminente.
Un final «triste» y «agridulce»
Nada ya es normal en Hawkins. La quinta entrega empieza con un salto temporal de dos años. Los niños no son tan niños, aunque lo son mucho más que en la vida real, no van al instituto, no juegan. Sufren los estragos del viaje nostálgico. Encerrados, vigilados. En Hawkins todo ha cambiado pero, en el fondo, nada ha cambiado. Como ellos. «El final es el legado que dejamos», cuenta Schnapp. «Fue difícil decir adiós, voy a estar muy triste». La presión es máxima, lo que está por venir, una incógnita. Toca vivir sin reversos en el mundo al derecho.
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SuscribetePeriodista cultural especializada en cine y series. Autora de libros sobre cine clásico en la Editorial Notorious. En ABC desde 2013.
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