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«Vergüenza»: Radiografía cruel del español medio

Malena Alterio y Javier Gutiérrez hablan sobre la primera comedia producida por Movistar+

Malena Alterio y Javier Gutiérrez protagonizan «Vergüenza»
Malena Alterio y Javier Gutiérrez protagonizan «Vergüenza» - MOVISTAR+
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Movistar+ parece decidida a emular la revolución impulsada por HBO a finales del siglo pasado, con series como «Oz», «Los Soprano» y «Sexo en Nueva York». Era el preludio de otra forma de producir y programar, sin la necesidad de vender coches ni llegar a públicos masivos. Con un esquema no menos atrevido, la plataforma de Telefónica empieza a dar sus primeros frutos. Después de «La zona» y antes de «La peste», presenta ahora al público «Vergüenza», cuya primera temporada ya está disponible al completo, bajo demanda. Los espectadores que prefieran engullir sus diez episodios al ritmo clásico podrán ver uno cada martes, a las 21.30.

La primera comedia de Movistar+ es transgresora, al menos para lo que suele producirse dentro de nuestras fronteras. Para empezar, sus capítulos duran 25 minutos. «Es un oasis, un descanso», celebra Malena Alterio, protagonista junto con Javier Gutiérrez. «Es bueno para los actores, pero sobre todo para los guionistas, que no tienen que estirar las tramas». «Lo que ocurre en la tele en abierto es una pena, porque se hace muy buena ficción en todos los géneros y el público español la elige por algo, pero para hacer una serie sobre una pareja con una duración tan corta hemos encajado en el mejor lugar», corrobora Gutiérrez. «No sé si una cadena en abierto estaría dispuesta a sacrificar su publicidad». «Movistar+ también tiene pretensión de vender y que se vea mucho», matiza Alterio, «pero si no contenta a todos ni a la señora mayor de Zarza de Montánchez, no pasa nada, no existe la presión de abarcar a mucha gente».

La segunda transgresión de la serie creada por Juan Cabestany y Álvaro Fernández Armero es que su primer objetivo es, según Gutiérrez, «incomodar al espectador». Su protagonista masculino es un experto en meterse en situaciones que causan vergüenza ajena. «Como el alcohólico o el drogadicto, no puede evitarlo, es superior a sus fuerzas», explica Alterio. Gutiérrez dice que en realidad es «un retrato del español medio, llevado al límite». «Tengo conocidos o algún amigo muy parecidos». «Reírnos del otro y sentirnos cómodos con las desgracias ajenas está en nuestro ADN. Creo que eso es muy español y está muy conseguido», añade el actor. La serie es, en definitiva, «una radiografía del españolito medio, de mediana edad, no tan joven, mileurista, sin vida social, a lo mejor porque no tiene dinero para salir a tomar una cerveza».

El intérprete también admite que su personaje tiene «todos los vicios y defectos que uno no quisiera poseer: es homófobo, machista, libidinoso, con una cara oscura que da un poco de miedo». ¿Hasta dónde sería capaz de llegar? «No sé, se mueve en una zona fronteriza que asusta». ¿Se puede querer a alguien así?Malena Alterio justifica a su Nuria: «Ella ha visto algo en él, quiere formar su familia, ser madre, y Jesús la sedujo. Es muy habitual en las parejas que haya cosas que no nos gustan, pero pensamos que las podemos cambiar. Con los años se ve que no y que las cosas que nos gustaban llegan a ser las que más odiamos. Luego, las parejas de largo recorrido se van mimetizando. Nuria se incomoda mucho en determinadas situaciones, pero poco a poco se va convirtiendo en Jesús».

Actores y creadores conversaron mucho sobre límites morales. «Pensamos que hay unas líneas rojas», confiesa Gutiérrez. «Hay un capítulo en el que Jesús hace fotos a un niño y él no ve nada oscuro, en su inocencia, pero desde fuera es tremendo, porque puede parecer un pederasta. Ahí intentamos no herir al público ni que se sienta ofendido y apague el televisor».

Abusos sexuales

La anécdota da pie a preguntar por el aluvión de casos de acoso sexual destapados en Hollywood, también porque uno de los referentes es o era Louis C. K. «Hay que saber diferenciar al profesional de la persona», responde Gutiérrez. «A mí me gustaba su trabajo, pero lo otro es deleznable, obviamente». En España no conoce ningún caso, asegura, «pero claro que existe y se debe luchar contra ello». Malena Alterio tampoco lo ha visto ni sufrido nunca, pero sabe que hay una franja delicada en la que es difícil hablar: «Me parece fenomenal que salga, se vea y se denuncie, que no lo tengamos incorporado como algo normal».