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La televisión se rinde a Twitter: «Antihéroes» da el salto a la televisión

La productora española Globomedia ha comprado los derechos de adaptación de la saga

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Antihéroes - ABC
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El poder de las redes sociales es innegable. Este verano, un grupo de seguidores de las novelas juveniles creadas por Iria G. Parente y Selene M. Pascual pidió a Netflix, con la etiqueta #AntihéroesEnNetflix, que llevasen la historia a la pequeña pantalla. Ahora, meses después, su petición ha sido escuchada, pero no por el gigante americano, sino por la productora española Globomedia, que ha comprado los derechos de adaptación de la saga. La noticia, que se ha viralizado en redes sociales bajo la etiqueta #SomosAntihéroes, ha sido anunciada por una de las autoras y confirmada por la propia productora.

«Estamos involucradas por completo en el proyecto, participando de cada cosita que podemos, ¡y a partir de ahora todo puede pasar! Para nosotras, que @globomedia haya adquirido los derechos ya es un sueño increíble. Uno que no habría sido posible sin quienes nos leéis», reconocía Selene M. Pascual en su cuenta de Twitter.

La novela reúne a un grupo de adolescentes con poderes. Sí, así empiezan muchas historias, pero esta transcurre en España «y ellos, además, no han usado bien sus poderes. Los han utilizado para sus intereses», explicaba una de las autoras, Iria G. Parente, a Lorena López. Por ello, les persigue una organización –que tiene base en la emblemática estación de metro de Chamberí– para evitar que los sigan utilizando a su antojo.

Pero la peculiaridad de la historia no termina ahí. «Cada miembro de este grupo tiene un cuerpo distinto, un color de piel distinto y todos ellos pertenecen al colectivo LGTB... Son un grito a la diversidad y a la lucha contra la opresión». Algo que no extraña a cualquiera cuando conoce las motivaciones por las que nació esta historia.

«Habíamos escrito varias novelas, pero en otros mundos y casi todos con ambiente medieval. Así que queríamos mirar a nuestro alrededor y defender a la juventud de ahora. Nos llevamos muchísimos palos y no creemos que seamos, como dicen, una generación perdida. Se considera que un joven lo quiere todo mascado y que no puede hablar de ciertos temas o que no está preparado para hacerlo. Por suerte, tenemos ese feedback de nuestra comunidad lectora que nos lo demuestra, que quiere leer otro tipo de cosas y protestar sobre la sociedad en la que vivimos», explica.