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«Supermax» la decepción hecha serie

A pesar de ser una ficción, Mediaset lo vendió como un «reality»

Escena de la controvertida serie «Supermax»
Escena de la controvertida serie «Supermax»
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El estreno de «Supermax» se hizo esperar, una producción de Mediaset España, concebida como un ambicioso proyecto que ha sido el mayor fracaso de ficción que se ha visto en años. «Este verano, ocho personas permanecerán encerradas. Llega un nuevo "reality" a Cuatro», así anunció la segunda cadena de Mediaset el estreno en la pequeña pantalla, de un producto que llevaba dos años esperando para ver la luz. Los datos de share fueron nefastos, consiguieron un 4,7% con el primer capítulo y un 2,8% con el segundo, además la promoción creó confusión entre los televidentes, quienes manifestaron en redes sociales sentirse, como mínimo «engañados».

Claves del fracaso

Para saber las claves de tremendo fracaso hay que remontarse a 2016, cuando Mediaset anunció la coproducción internacional junto a la compañía brasileña Globo (uno de los mayores grupos audiovisuales del continente americano) y las cadenas TV Azteca y TVP argentina. Se trataba de una nueva serie basada en otra ficción brasileña con el mismo título. También aprovecharon para anunciar los nombres que encabezarían el reparto, apostando por talento nacional con Santiago Segura como cabeza de cartel, Rubén Cortada, de moda por aquel entonces, por su papel en «El Príncipe» y la actriz argentina Cecilia Roth.

La ficción se rodó por completo en los estudios de Globo en Ríode Janiero, uno de los más grandes de Sur América, con unos inmejorables exteriores como las Salinas se Jujuy, en Argentina, y la selva del Amazonas. A pesar del gran despliegue de producción, en 2017 «Supermax» pasó a formar parte del catálogo de HBO, después de negociaciones con la plataforma streaming, con lo que tal vez querían testar cómo funcionaría la producción en Latinoamérica.

La trama, cuenta en diez capítulos la experiencia de ocho concursantes de un programa de telerealidad extremo. Los participantes dispuestos a vivir una experiencia límite, de la mano de un estrafalario maestro de ceremonias, serían recluidos en una prisión de máxima seguridad abandonada tras un violento motín, teniendo que contar su experiencia a la audiencia. Un hilo que los pocos espectadores que se quedaron frente a la pantalla, no entendieron desde el principio.