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Sexo, dinero y manipulación: cómo Pamela Smart incitó a su amante adolescente para que matara a su marido

La historia del colegial que apretó el gatillo conmovió a Estados Unidos hce ya casi treinta años

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«Tomé el revólver... lo cargué. Estuve allí durante lo que me parecieron cien años. Dije "que Dios me perdone" y apreté el gatillo». Testimonios como este se escuchan a docenas en los tribunales de Estados Unidos. Pero, en esta ocasión, las dramáticas declaraciones provienen de un sollozante estudiante de 16 años al que Pamela Smart, su atractiva profesora de Instituto, sedujo y persuadió para convertir en historia a un infeliz esposo. Así contó en 1991 Pedro Rodríguez, corresponsal de ABC en Washintong, el testimonio de William Flynn. Este joven estudiante de apenas 16 años jamás pudo olvidar a su «primer amor», conocida en todo el mundo como la «maestra-asesina» de New Hampshire. Un revólver del calibre 38 y un objetivo claro. «Solo quería estar con Pamela, no quería matar a Gregory», aseguró.

La tesis del ministerio fiscal tuvo claro desde el primer momento que el joven William y otros dos compañeros de Instituto, conocidos en su clase como «los tres mosqueteros», fueron persuadidos por la joven Pamela para que mataran a su marido Gregory. ¿Su motivación? Cobrar un seguro de vida por valor de 14 millones de pesetas que habría perdido con un simple divorcio. A cambio, Pamela prometió a los ayudantes de su joven amante 50.000 pesetas para cada uno.

«Me preguntó si yo pensaba alguna vez en ella cuando no estaba presente, porque me dijo que pensaba en mí todo el tiempo». Con este comentario comenzó una relación que poco a poco fue incrementándose. Una semana después, cerca del día de San Valentín, la profesora invitó a pasar la noche a «su alumno particular» en el apartamento del matrimonio, mientras su marido se encontraba de viaje. «Hicimos el amor... en todas partes», explicó el alto y moreno estudiante para el que éesa fue su primera experiencia. En sus encuentros, Pamela le contaba historias a William para convencerle de que su marido la maltrataba y que, aunque quería pedirle el divorcio, temía hacerlo. La persuasión de Pamela Smart llegó hasta tal punto que le dijo que quería estar siempre con él «pero la única forma que ella veía para que estuviéramos juntos era matar a Gregory».

Lo intentaron, pero no lo consiguieron. Tras este fallo, profesora y alumno tuvieron una violenta discusión en la que ella le recriminó aquello de «tú no me amas lo suficiente». Esto le dio valor suficiente a William para hacer algo que le haría pasar su diecisiete cumpleaños en un juzgado. «Solo quería estar con Pamela, no quería matar a Gregory». Para demostrar su tesis del asesinato inducido, el ministerio fiscal presentó hasta nueve indiscretas fotos de la profesora (una de ellas en bikini con un estampado de cebra), así como unos medallones con la inscripción «Pamela y William para siempre». Para toda la vida, es la condena que consiguió la pérfida Pamela por complicidad en asesinato, conspiración y soborno a diferencia de William, quien salió en libertad hace apenas tres años.

Pamela Smart no dudó en negar su implicación en el asesinato. Ante la pregunta de su abogado «¿Planeó usted la muerte de su marido?». La profesora contestó rotundamente: «no». Lo que sí que admitió fue su relación con el joven William FIynt, pero aclaró que nunca dejó de amar a su marido y que intentó varias veces terminar el «affaire» con el estudiante. «Nunca quise una relación con el estudiante, y cuando la tuve, sabía que estaba mal. Tenía sentimientos cruzados. Quería a William pero también quería a Gregory», explicó la profesora. Incluso se escudó en que la relación con William había sido por despecho tras conocer que su esposo Gregory, vendedor de seguros, la había confesado una accidental infidelidad, producto del alcohol.

La «maestra-asesina» continúa cumpliendo su condena en , y ha concedido varias entrevistas a lo largo de estos años. Lo que más le sorprende es que todo el mundo pidiera clemencia por William, el pobre joven al que había manipulado su profesora, y no por ella. «A veces me planteo cómo va a ser morir aquí. Es en esos días cuando realmente prefiero que mi condena hubiese sido la muerte», aseguró en el programa «Inside Edition», que tuvo acceso a la prisión. Tras casi treinta años en prisión, Smart no tiene esperanzas de salir de prisión. Ni siquiera sabe lo que es un teléfono móvil o cómo funciona internet. «Solo lo he visto por la televisión en películas o series».