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«One Day at a Time»

«Día a día»: la revolución televisiva se hace desde dentro

La serie de Netflix, adaptación de la serie homónima creada por Norman Lear en 1975, actualiza en tiempos de Trump su agenda políticosocial con los mecanismos de una comedia de situación clásica

Tras su cancelación por la plataforma en marzo de 2019, se convirtió meses después en la primera ficción de vídeo bajo demanda en ser rescatada por un canal de televisión de pago

Imagen del capítulo «Ansiedad», el noveno de la tercera temporada de «One Day at a Time»
Imagen del capítulo «Ansiedad», el noveno de la tercera temporada de «One Day at a Time» - Ali Goldstein/Netflix
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Cuenta Emily Nussbaum, crítica de televisión de «The New Yorker», en su colección de ensayos «I Like to Watch: Arguing My Way Through The TV Revolution», la disputa legal que tuvo el guionista y productor de series Norman Lear con las cadenas de televisión en abierto y la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos tras establecer en 1975 una nueva franja horaria: «La hora familiar». O sea, nada de sexo ni violencia de ocho a nueve de la noche. En una entrevista a «Playboy» durante 1976, Lear se quejó de dicha «rendición a los activistas moralistas» y calificó la nueva franja horaria de «bozal» y una competición entre ficciones anodinas.

Su serie emblema, la comedia de situación «All in the Family» (1971-79) no era precisamente anodina. De hecho, su horario original era de ocho a nueve por lo que tras cinco temporadas se mudó de día y hora. Su protagonista, el racista, homófobo y conservador Archie Bunker (Carroll O'Connor), despertaba tales amores y odios que incluso generaba ensayos y artículos de opinión sobre si la ficción abrazaba el discurso de su intolerante protagonista o todo lo contrario: lo criticaba a través del resto de personajes, más modernos, como su hija feminista y su yerno liberal. Como ficción más vista durante cinco años, incluso se coló en las escuchas del Watergate de Richard Nixon quejándose de que una trama sobre homosexualidad iba a pervertir a los niños. En aquella entrevista de «Playboy», recuerda Nussbaum, Lear se convirtió en una suerte de profeta: el futuro de la televisión pertenecía a sus creadores, no a los publicistas.

Medio siglo después, Lear (97) ha ejercido como productor ejecutivo de las tres temporadas de «Día a día» («One Day at a Time»), una actualización, a cargo de Netflix, de su propia serie homónima, emitida entre 1975 y 1984. Contó en «Vulture» su protagonista, Justina Machado, que Lear –presente en la producción y grabación– siempre le recordaba la importancia de su personaje, una madre divorciada con dos hijos: «Eres la roca de esta familia. Eres una roca».

La nueva versión, creada por Gloria Calderon Kellett y Mike Royce, cuenta el día a día de una familia de clase media y, he aquí el mayor cambio, de ascendencia cubana: está Penelope (Machado), una enfermera y veterana de guerra; sus dos hijos adolescentes y su madre, la coqueta y pizpireta Lidia (Rita Moreno, ¡con 87 años!), que emigró de Cuba a Estados Unidos junto a su marido ya fallecido. La cuota blanca la completan su casero, el bribón Schneider (Todd Grinnell), y el ingenuo jefe de Penelope, el doctor Leslie (Stephen Tobolowsky).

Rita Moreno y Stephen Tobolowsky en una escena de la tercera temporada de «One Day at a Time»
Rita Moreno y Stephen Tobolowsky en una escena de la tercera temporada de «One Day at a Time» - Ali Goldstein/Netflix

Con todos los mecanismos posibles de una sitcom multicámara (risas, vítores y suspiros enlatados; un humor físico basado en breves pero afiladas frases), esta nueva versión rescata y actualiza temas como el racismo, la homofobia y el feminismo. Ejemplo de todo ello es el personaje de la hija adolescente, Elena (Isabella Gomez), enfrascada en el estereotipo de superempollona antisocial; en un episodio de la segunda temporada, su hermano Alex (Marcel Ruiz) cuenta que durante una excursión otro chaval le ha dicho que «vuelva a México». Este percance lleva a la familia a hablar sobre el color de piel de los hermanos; a diferencia de él, muy moreno, Elena es una «latina blanca», por lo que aparenta ser americana y así evita comentarios racistas (en la serie de Starz, «Vida», a una de las protagonistas mexicano-estadounidenses le sucede lo mismo).

A través de Elena, los guionistas también hablan de la homofobia por parte de algún miembro familiar y los dilemas del feminismo (¿celebrar la fiesta de quinceañera es perpetuar el machismo o puede convertirse en un acto de transgresión?). En su objetivo de hacer reír, la serie no evita otros temas espinosos como la depresión, la ansiedad, el alcoholismo o la muerte, lo que, a su vez, hace que los espectadores echen alguna lágrima y los personajes evolucionen constantemente desde el primero de sus 39 episodios. Ejemplo de ello es Penelope al inicio: una mujer adulta que, a sus cuarenta años y con los hijos ya criados, decide retomar su vida sentimental tras separarse.

Como sucedía en la versión original de Norman Lear, aquí también hay un enfrentamiento generacional

Sí, el título peca de altas dosis de azúcar y patriotismo (¿el capítulo «flashback» del 11-S?); también de subrayar sus mensajes y críticas (contra la América de Trump o el sistema militar de salud), pero tiene los suficientes giros de guion como para minimizar dicha moralina. Como sucedía en la versión original de Norman Lear, aquí también hay un enfrentamiento generacional (por partida triple, además) entre Lydia, su hija y sus nietos; especialmente Elena, abanderada del feminismo y el colectivo LGBT+.

Una de las mayores virtudes de «One Day at a Time» es que muestra las contradicciones entre lo que piensan y lo que realmente hacen sus personajes. Por muy defensora que sea del movimiento MeToo y del consentimiento, Elena no siempre lo aplica en su propia vida. En menor medida, también hay un choque de clase, generalmente entre el casero y niño de papá Schneider y la familia Alvarez (también comparte una trama sobre gentrificación con «Vida»). Como comedia con buen fondo, estos enfrentamientos –por muy crudos que sean– casi siempre acaban con ambas partes cediendo y pidiéndose perdón.

Del revés

La serie no solo ha demostrado la pertinencia de algunos remakes, sino que también ha sentado precedente en la industria televisiva tras convertirse en la primera ficción cancelada de Netflix en ser rescatada por un canal de televisión tradicional.

Después de su cancelación en marzo de 2019 –apenas un mes después de estrenarse su tercera temporada–, se conoció en junio que tendría una cuarta parte en una cadena de pago, Pop (CBS Corporation), conocida por su serie estrella, «Schitt's Creek».

Casualmente, la original «One Day at a Time» se emitió en CBS. Durante esta segunda vida, según recoge «Deadline», la comedia durará aproximádamente 21 minutos en vez de los 26-28 habituales de la plataforma.

Este movimiento resulta curioso, pues Netflix se convirtió durante una época en la salvadora de series canceladas por los canales de televisión en abierto («Lucifer», «Designated Survivor») o de pago («The Killing», «Longmire»).