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Ramón Campos: «Trabajar para 400 millones de espectadores es brutal, nos ha obligado a mejorar»

El cofundador de Bambú vive un momento único en 2019, con estrenos en casi todas las cadenas y plataformas

Carlos Cuevas protagoniza «45 revoluciones», uno de los últimos «hijos» de Ramón Campos
Carlos Cuevas protagoniza «45 revoluciones», uno de los últimos «hijos» de Ramón Campos
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Ramón Campos nació en Noya (La Coruña) en 1975 y allí tiene por costumbre presentar una serie al año. Hace unos días sus paisanos vieron «45 revoluciones», que Antena 3 estrena este lunes (22.45 horas). «Me trae suerte y gustó muchísimo, pero nunca sabes si es porque te quieren». El drama musical ambientado en los sesenta es solo uno del puñado de novedades que Bambúvivirá en 2019.

Sin ir demasiado lejos (Málaga está a mil kilómetros de su pueblo), este fin de semana llevó al Festival de Cine la serie «Instinto» (Movistar+) y la película «A pesar de todo» (Netflix). Para la plataforma de Telefónica graba también en Panamá «En el corredor de la muerte». «Es una pasada, una historia durísima, en inglés y castellano al 50%».

¿Es difícil elegir entre los hijos? «Se me hace muy especial “45 revoluciones” porque es pequeñita. No tenía muchos recursos y se ha defendido bien. Es una serie de personajes, que es como un giro, lo importante no es la discográfica, que sería lo habitual en nuestras series, como “Velvet” o “Gran Hotel”. Es un elemento en que se mueven, pero no es lo importante.».

Después del pequeño traspiés de «Tiempos de guerra», Campos admite que se quedaron «desconcertados». «Llegamos a la conclusión de que no tenía nada visual que resultase novedoso y analizamos cómo contar la época de forma distinta. Decidimos usar cámara al hombro, sin grúas ni trávelin. Una premisa era que no podía parecer “Cuéntame”, “Las chicas del cable” ni nada conocido. Y empezó a coger identidad».

Sin recetas

¿Han encontrado la fórmula del éxito? «Es imposible. Hace cinco años yo sabía de tele y ya no sé nada. Esto va tan rápido que no hay fórmulas. Ojalá las hubiera. Vivo en un estado de miedo permanente para sorprender, porque cada vez es más difícil». El salto de calidad es casi una «obligación»: «Es un proceso bonito. Lo hablaba con un productor antiguo. Le sorprendía cómo habíamos logrado abrir Iberoamérica, que el acento español fuera aceptado allí. De repente, el mercado se ha abierto. Trabajar para 400 millones es brutal, nos ha obligado a mejorar».

«“La casa de papel” es como la cumbre del Everest, pero todos juntos hemos ido construyendo esa montaña»

En realidad, son más millones, porque las series españolas también se ven en países donde se hablan otros idiomas: «Es verdad. “Gran Hotel” llegó a todo el mundo y la acabó comprando Eva Longoria, igual que “La embajada”. Y “La casa de papel” ha sido el último gran éxito de la ficción española. Es como la cumbre del Everest, pero todos juntos hemos ido construyendo esa montaña.

Hubo una época, si se puede decir aún, que hacían series de chicas. «Absolutamente. Pero eso tiene un efecto curioso, que solo te llaman para esas series. Cuando nos llamaron de Netflix por “Las chicas del cable”, fue muy sorprendente. Y era porque el público de “House of cards” ya lo tenían. Querían el de “Velvet”. Pero de repente Sonia Martínez nos dejó hacer “Fariña” y fue un quiebro absoluto.

Con una producción tan prolífica, es curioso descubrir de dónde surgen las ideas. «“45 revoluciones” llega porque me apetecía hacer algo de música. Encontré una fórmula para conseguir derechos musicales. Suena Lady Gaga, Queen... Y me apetecía trabajar más con personajes que con tramas. “Instinto” sale de una sesión en la que buscábamos un tema sexual no visto en el mercado internacional. La gente se queda desconcertada. Te puede gustar o no, pero no tienes con qué compararlo».

Un aspecto fundamental de «45 revoluciones» es la velocidad, de la cámara y de los diálogos. «Era muy difícil ir a ese ritmo para los actores. Cuando llegaba uno nuevo le costaba engancharse y no hay capacidad de improvisación. Es tal el ritmo que tenían que llevarlo estudiado al milímetro. Y luego la cámara no sabe dónde están los actores y tiene que ir persiguiendolos, está como perdida. Era muy importante para darle esa sensación de que no es una serie de época más. Vamos a tener que hacer época mucho tiempo, pero hay que contarla siempre distinto, porque el público tiene tal oferta que si es lo mismo ya no les va a interesar».

De la serie que hoy estrena Antena 3 destaca también el hecho de que los protagonistas sean actores no demasiado conocidos. ¿Es por razones presupuestarias? «Fue antes incluso de conocer el presupuesto. Como jugamos con el falso documental, si pones un actor muy famoso, nunca entras. Antes de tener el primer capítulo escrito, yo ya hablé con Iván Marcosy con Carlos Cuevas. Luego encontramos a Guiomar Puerta, que fue una sorpresa maravillosa».

¿Alguna vez tiene la tentación de hacer «concesiones» para conseguir más audiencia? «Si creo que puedo llegar a más gente, lo voy a intentar. Nuestro arte es muy caro y tenemos que ser generosos con la gente que lo paga. Es parte del negocio y de la forma que hemos crecido estos años. La tele española ha crecido porque ha llegado al público. Las serie americanas aquí no entraron. Si de repente olvidamos eso, flaco favor le hacemos a la industria».

Ramón Campos, por otro lado, alerta de un problema que ha generado el éxito de las series españolas: «Hay una falta de técnicos brutal, por la cantidad de series que producimos y por la llegada de nuevas plataformas. Ahora vienen Apple, Alibaba, que es el Amazon chino... Hace años me parecía una locura la cantidad de facultades de comunicación que había y ahora me como mis palabras. Hacen falta más».

Necesidad de parar y pensar

¿Qué nos depara el futuro? «Ni idea, pero quiero frenar para analizar el mercado. Ahora toca mirar desde una atalaya. Llevamos unos años muy locos y creo que el que analice y vea los caminos libres es el que va a tener buena carrera. Producimos todos como pollos sin cabeza y esto tiene que tener una lógica, porque toda industria la tiene».

¿Cómo se reparte el trabajo con Teresa Fernández-Valdés? «Al principio, yo llevaba la parte creativa y Tere la de producción, pero a medida que crecimos, ella ha podido delegar la estrategia de producción y encargarse también de series. Ahora mismo Tere lleva “Instinto”, yo “Alta mar”. “Las chicas del cable” nos la repartimos, uno cada temporada, “Fariña” fui yo. Tere hizo “Velvet colección”. Las series documentales las llevo yo porque a ella no le gustan... Cuando vendemos un proyecto nuevo analizamos quién siente más afinidad y ese se lo queda. Ahora nos estamos abriendo a que otra gente de Bambú comparta con nosotros la producción ejecutiva.

¿Alguna vez surgen los celos entre uestedes? «Discutimos muchísimo, pero no por celos, sino porque cada uno tiene su visión y somos muy vehementes. La gente al principio decía: “Huy, se van a separar”. Pero nos conocimos antes trabajando que como pareja y vivimos intensamente. Cuando se acaba la discusión, seguimos adelante».