«La Peste» se enfrenta a una nueva epidemia: la mafia
Movistar+ estrena hoy la segunda temporada de la serie ambientada en Sevilla, en el siglo XVI
Mariló García
La enfermedad y la melancolía de su protagonista hicieron de la primera temporada de «La peste » una serie oscura, que se regodeaba en las penurias y funcionaba como metáfora de la crisis. La consigna ahora ha cambiado. La segunda entrega, en opinión de todo ... el equipo, es más luminosa y entretenida, independiente , de hecho.
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Cinco años después, Sevilla ha conseguido reponerse. Mantiene el monopolio del comercio con las Indias y su prosperidad va en aumento, pero la población se dispara y el gobierno no es capaz de alimentar a sus habitantes. El descontento social crece y se cristaliza en el nacimiento del crimen organizado, que ha tomado el control de la ciudad.
Tramas más violentas
Tras Alberto Rodríguez , cocreador y director de los dos primeros episodios –de los otros cuatro se encarga David Ulloa–, toma el relevo como director creativo el guionista Rafa Cobos, que destaca como principal diferencia el reparto coral, con personajes que se ven implicados en luchas políticas, amenazados por la mafia. «Al entrar La Garduña, la acción viene dada, y las tramas son más violentas», reconoce.
Uno que se la juega es Mateo, que se olvida de la melancolía y sale de la depresión. Pablo Molinero que, por fin, puede sonreír durante las entrevistas, adelanta durante el Festival de Cine de Sevilla –donde se presentó la serie que estrena hoy Movistar – que su personaje «está a punto de morir en el Nuevo Mundo, algo que parecía ir buscando, pero tras ser rescatado por unos indígenas este contacto le devuelve la fe en el ser humano y regresa a Sevilla». Cree el actor que «al pasar página empatiza y se rodea de la gente». «No cambia su esencia de autocrítica , pero puede mirar y ayudar a Teresa, a la que abandonó», puntualiza.
Patricia López Arnaiz cuenta que cree que ahora «Teresa puede descubrir su sitio como mujer, sus limitaciones . Ha vivido en el limbo, pero ahora sale al mundo, se encuentra obstáculos y protagoniza un viaje de identidad de saberse como mujer sola. Ve a mujeres con carencias de libertad, y ayuda a las prostitutas, a las ilegales».
A su lado está Valerio, casi como un hijo. «Valerio, que viene de ser un salvaje, que no sabe ni leer, cinco años después es el dueño del telar , ha prosperado, ha madurado, es un hombre», comenta entusiasmado Sergio Castellanos durante la promoción de la serie esta semana. «Aunque me hubiera gustado verle comer con las manos, que hubiera seguido siendo algo salvaje», subraya el intérprete.
Auge del poder femenino
Poderío en femenino también con Escalante, la prostituta interpretada por Claudia Salas , «una mujer que irá ascendiendo hasta convertirse en boticaria», explica la actriz en un registro muy diferente al de la juvenil «Élite». La protege en secreto Baeza. Según Jesús Carroza , Baeza es «el hijo de una prostituta, que se enamora de otra y aspira a conseguir sus sueños». Para lograrlo se irá introduciendo en La Garduña. Allí le espera Conrado, el brazo armado de la organización mafiosa. Dice Luis Callejo que su personaje «es un tipo tranquilo, pero duro, capaz de quitarse de encima a los tipos que intentan matarle. Cuenta con sus secuaces, que son los violentos».
Ante la permisividad con la que actúa el hampa, surge la figura de Pontecorvo que, en palabras del también actor Federico Aguado, influenciado por los resultados de las recientes elecciones en España, « es un poco como Abascal ». Entra como alcalde con mano dura para acabar con la corrupción que se ha adueñado de la ciudad», insiste. Una ciudad que superó una epidemia para entrar en otra mucho más misteriosa.
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