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Netflix Nueva Zelanda prohíbe ver «Por trece razones» a menores de 18 años

La serie, que pretende mostrar la realidad del bullying, está inicialmente dirigida a los adolescentes

Hannah Baker, personaje principal de «Por trece razones»
Hannah Baker, personaje principal de «Por trece razones»
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«Por trece razones», la serie de Netflix que muestra sin tapujos la realidad del bullying, ha sido prohibida en Nueva Zelanda a los menores de 18 años. La ficción, en la que el personaje de Hannah Baker narra a sus compañeros de clase los trece motivos por los que puso fin a su vida, ha sido calificada de «extrema dureza» por algunos sectores que consideran, incluso, que la producción podría promover el suicidio adolescente.

En Nueva Zelanda, la serie recibirá la calificación de «no apta para menores de 18 años» una etiqueta que, hasta ahora, no había sido empleada en ningún contenido. Hasta este momento, de hecho, las series neozelandesas solo estaban dirigidas a todos los públicos, prohibidas a menores de 13 años o a menores de 16. Las razones de la decisión son claras, tal y como ha comunicado los responsables de la televisión neozelandesa. Los menores de edad podrán ver la ficción de Netflix acompañados por un adulto y, además, la plataforma «tendrá que mostrar una advertencia clara» indicando el tipo de contenido que emitirá, así como la nueva clasificación.

«Por trece razones», afirman los responsables de la televisión en el país, «ignora la relación entre el suicidio y la enfermedad mental que a menudo lo acompaña». A todo esto hay que añadir, aseguran los expertos, que Nueva Zelanda es uno de los países con mayor tasa de suicidio entre adolescentes, algo que ha hecho a los responsables andar con pies de plomo ante este tipo de contenidos.

Otras quejas

La semana pasada, varias asociaciones especializadas en salud mental denunciaron que «Por 13 razones», la serie original de Netflix sobre el bullying, podría promover el suicidio entre los adolescentes. Así lo aseguró, entre otros, Kristen Douglas, responsable de la asociación australiana Headspace, quien considera que la ficción basada en la novela de Jay Ashe «expone a los espectadores al riesgo de suicidio». Según Douglas, la exposición al suicidio «conduce al contagio» de este tipo de actitudes.