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El Ministerio del Tiempo El día que Velázquez y Goya se conocieron en Madrid

La tercera temporada de «El Ministerio del Tiempo» propicia el encuentro imposible entre ambos genios

Velázquez y Goya (Julián Villagrán y Pedro Casablanc), durante el rodaje de «El Ministerio del Tiempo» - Tamara Arranz
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Velázquez es capaz de buscar «cualquier excusa» para ver a Goya, cuenta Julián Villagrán, quien da vida al primero en la serie «El Ministerio del Tiempo». «Solo quiere escuchar a su colega hablar bien de él», confiesa, sabedor de que su personaje tiene un ego subidito. «Estuvo toda la vida buscando que le concedieran la Cruz de Santiago para convertirse en noble. Era una persona muy ambiciosa», relata el actor en pleno rodaje, en el madrileño parque de El Capricho.

El semidesconocido espacio verde, patrimonio artístico-natural, suele estar cerrado entre semana, pero vive un trajín inusitado en la mañana más fría del mes de febrero. Decenas de personas se han trasladado al siglo XVIII para contar un encuentro histórico entre los dos grandes genios. Por los jardines de El Capricho es posible toparse con habituales de la serie como Aura Garrido, Hugo Silva y Cayetana Guillén Cuervo, pero también con Luis Callejo (Manuel Godoy), María Adánez (duquesa de Osuna) e Itzan Escamilla (Simón Bolívar). Una adolescente que visita el rodaje no puede reprimir su emoción: «¡Esto es mejor que Disney!».

Regreso en unos meses

Gracias a su trabajo en el Ministerio, Diego de Velázquez podrá por fin conocer a su admirador más ilustre. La magia de este organismo secreto, que volverá a abrir sus puertas en TVE en los próximos meses, permitirá salvar los más de ochenta años transcurridos entre la muerte de Velázquez, en 1660, y el nacimiento de Goya, en 1746.

«Velázquez solo quiere escuchar a su colega hablar bien de él. Era muy ambicioso»Villagrán
El personaje de Villagrán ha arraigado y crecido en dos temporadas. El apoyo del público ha alimentado el toque gamberro creado entre los guionistas, los directores y el propio actor, que en los últimos tiempos ha trabajado al lado de estrellas como Shirley MacLaine, Jessica Lange y Oscar Isaac. «Era mi primera vez en inglés y estaba con pánico», confiesa sobre el rodaje de «Cuatro reinas». Villagrán hacía de taxista y admite que no le salía «la voz del cuerpo». «Me ponía tan nervioso que hablaba cuando no me tocaba. Teníamos que parar el ensayo y MacLaine me miraba con cara de asesina», relata.

Pedro Casablanc se hizo «ministérico» poco antes de trabajar en la serie. «Es muy inteligente, con unos guiones cultos, que se echan mucho de menos, y unos diálogos interesantes. Se ve que hay un bagaje cultural. Aprendes cosas. Me ha enganchado». Casablanc pilla a Goya «lleno de amargura», en un momento muy determinado, que le permite hablar también de la España de ahora». «Es poco antes de que se exilie. Ve la España miserable, atrapada en su pesadilla, como él dice. Solo puede pintar monstruos y brujas». El capítulo no es tan oscuro, por supuesto, e incluye un divertido homenaje a Fernando Fernán Gómez, el artista de nuestro tiempo que, en opinión de Casablanc, más se parecía a Goya. «En el episodio, vuelve a pintar la maja desnuda porque la Inquisición la ha destrozado, aunque ya está sordo y le cuesta pintar la belleza».

«Fui al Prado a ver lo que había hecho y tocado Goya. Quería captar su esencia»Casablanc
¿Y cómo se dibuja un personaje tan complejo? «No es como en “Bárcenas”, que me tiré dos años y pico haciéndolo en teatro y ya lo tenía ensayado», afirma. «Aquí empiezas a tantear poco a poco, hablando con el director, Jorge Dorado. Goya está en momento escéptico y gruñón, pero sigue teniendo ansias por vivir y cuando conoce a Amelia se queda prendado». También le ayudó ir al Museo del Prado. «Leí algo sobre su vida, pero sobre todo fui a ver lo que había hecho y tocado. Te quedas delante del cuatro, a ver qué esencia captas. Luego está la cocina de los actores para captar el alma».

El actor prosigue con su lección magistral: «El secreto no es fácil contarlo, ni lo sé muy bien, pero llevo muchísimos años haciendo teatro, que tiene un proceso de creación lento. Después de 40 días de ensayo o más, tu personaje crece en cada función, si lo haces bien. Necesitas imaginación y ganas de jugar, que al fin y al cabo es lo que hacemos. To play, que dicen los ingleses y jouer los franceses. Es la mejor profesión para eso».

María Adánez es otra mujer de las tablas, aunque el público la conozca sobre todo por sus papeles cómicos en televisión. En el Ministerio es como si trabajara en casa, porque da vida a la duquesa de Osuna, dueña del lugar, y porque su hermana trabaja como maquilladora en la serie. «Era una mujer increíble», dice, «y tiene una trama muy bonita, porque creó una inclusa que salvó a muchos niños. Godoy la quiere cerrar, aparte del problema del cuadro».

Aura Garrido (Amelia) también habla de la «implicación emocional tan grande» que genera un proyecto así. «Cuando tardaban en renovarnos, era más doloroso. Si te sale un proyecto mientras, lo tienes que coger, porque tienes que comer. Emocionalmente tienes una prioridad aquí, pero debes vivir».

Hugo Silva (Pacino) y Nacho Fresneda (Alonso), inseparables, explican otro contratiempo que supuso la espera: «Nos ha obligado a rodar en pleno invierno, cuando los días son más cortos». Ningún obstáculo ha sido definitivo, sin embargo «Se nota la pasión en todos los departamentos», dice Silva. «Hay una conciencia de que se hace algo de muchísima calidad. Es el valor añadido». Ambos defienden a muerte la figura del guionista-productor. «A menudo una buena idea se desvirtúa», explica Fresneda, que termina pidiendo que TVE, que «no compite con las privadas, se atreva a hacer capítulos de 50 minutos», y no de 70. «Apoyo la moción», remata Pacino.