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Las mejores series de 2018

Los periodistas de ABC valoran las ficciones más sobresalientes del año. ¿Estás de acuerdo con la selección?

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«The Terror», por Hughes

Si nos ponemos a recordar, no hubo un malo más perturbador que Hickie, y pocos momentos tuvieron la densidad de esos diálogos en el desierto helado del polo norte entre los desesperados oficiales del Erebus y el Terror. Ridley Scott produjo algo de una profundidad superior. The Terror enseña ese más allá del Muro que “Juego de Tronos” solo sugiere infantilmente, un terror mucho mayor que las habituales series del género: no estaba en la amenaza del monstruo, sino en el interior de los personajes, en la justificación moral del canibalismo. Es algo perfecto hecho de Conrad, Alien, Lost, The Nick, Master and Commander o Stephen King.

«Merlí», por Inma Zamora

Terminó en enero de 2018 por lo que, por los pelos, permítanme que la destaque entre las grandes ficciones del año. Si tuviera que describir «Merlí» ante el espectador que se enfrenta a la serie por vez primera diría que es una historia que conmueve, emociona y cabrea a partes iguales. Francesc Orella es el gran «Merlí», un profesor de filosofía que logra que nos enamoremos de una disciplina marginada en algunos programas educativos y que, al tiempo, invita al público adulto a mirar la temática adolescente desde una perspectiva menos banal que otras producciones del género: («Élite», sin ir más lejos).

Merlí es un personaje descarado, deslenguado, desagradable y, me atrevería a decir, ciertamente machista que, sin embargo, logró cautivarme y captar mi atención desde su primera escena: no tiene ya nada que perder y, precisamente por eso, es un ser completamente libre tal y como demuestran sus actos.

No es esta una serie de instituto al uso. La historia que emitió TV3 y que sigue disponible en Netflix está dirigida al público adulto y también al más adolescente: ambos sectores pueden sentirse identificados en unas tramas que abordan la maternidad adolescente, la sexualidad en sus inicios, las drogas, el divorcio, la soledad y el fracaso entre otros aspectos. Es sin duda —lo entenderán si ven la serie completa— un canto a la vida y a lo realmente importante, un llamamiento a la rebeldía, al inconformismo y la lucha por los ideales. Recomendable para disfrutar en «modo atracón» en días de descanso navideño.

«Bodyguard», por Helena de la Casa

El primer capítulo de esta miniserie británica es brutal. El espectador no puede respirar tranquilo hasta el último segundo y la razón es muy sencilla: muestra el miedo que vive actualmente la sociedad ante el terrorismo. La ficción se acoge a un escenario tan real como son los ataques yihadistas en Europa y que por ahora, han atizado especialmente a Francia y Reino Unido. Y es precisamente en este contexto con el que se juega con David Budd. El veterano de guerra debe proteger a la ministra de interior de Reino Unido, Julia Montague, que está en el punto de mira por su visión política sobre cómo afrontar los atentados.

La ficción hila con maestría con la corrupción política, la libertad de expresión y la islamofobia. Tres preocupaciones que hacen tambalear el actual sistema europeo y que la BBC los sirve en bandeja para que el espectador tome conciencia de todas sus posibles perspectivas. Los casi 60 minutos que dura cada capítulo, al contener tantos mensajes que invitan a la reflexión y tantas escenas que bien podrían ser reales, en vez de hastiar entusiasman. Porque un héroe no siempre es una persona ejemplar y porque es muy fácil criminalizar a los inmigrantes. Ocho capítulos en los que nada es como parece y que hacen que sea una las series del año.

«The Americans», por Silvia Montero

Adiós, Jennings, os echaremos tanto de menos. En 2018 la ficción de los espías soviéticos en Estados Unidos acabó con la sexta temporada, pero ha sabido irse por la puerta grande, manteniendo el ritmo e intensidad de toda su trayectoria. La que, quizás, ha sido una de las series más infravaloradas de los últimos años -sobre todo por los premios- se marchó para siempre dejando a todos sus seguidores con ganas de saber más sobre el futuro de los Jennings, pero con la sensación de no sentirse defraudados con la conclusión dada a una gran historia de antihéroes.

A lo largo de los estas seis temporadas ha sido complicado no ponerse de parte de esta familia de «ilegales» infiltrados en las arterias de un Estados Unidos sumido en la Guerra Fría contra los comunistas, cuya máxima representación era la Unión Soviética. A pesar de los asesinatos, algunos a sangre y sin el menor atisbo de arrepentimiento, la pareja de espías interpretados magistralmente por Matthew Rhys y Keri Russell, resultaban tan irresistibles como enigmáticos. La personificación de lo que debe ser objeto de rechazo y sin embargo emana un gran poder de atracción. Tal como ocurrió como Tony Soprano o con Walter White, fue imposible no desear que cada una de sus maquinaciones prosperaran y tuvieran éxito. Los Jennings han sido capaces de destruir vidas, familias y hasta almas por su país o por un ideal que ni ellos pueden creer al final, y al mismo tiempo mantener una apariencia de idílica familia. Una auténtica mofa del sueño americano que nos ha enganchado y mantenido en tensión durante cinco años sin bajar apenas el ritmo, salvo por alguna trama y personaje superfluo que sabiamente se fue eliminando.

Echaremos de menos a los Jennings, pero recordaremos su final con la amargura de lo que se marcha para no volver aunque no está agotado. Nos dejan esos dos personajes complejos y con miles aristas que son Elizabeth -por favor un reconocimiento para Keri Russell ya- y Phillip, pero también esos secundarios que tan bien han sido manipulados y utilizados por ellos durante estos años. Nos quedamos huérfanos de espías, pero con el gusto de haber saboreado durante años auténtica y buena televisión sin las grandes pretensiones que otros nos venden.

«La maldición de Hill House», por Lorena López

Pesadillas, fantasmas o monstruos: «La maldición de Hill House» reúne los mejores ingredientes de una película de terror clásica para trasladarla hasta nuestro tiempo y mezclarla con la compleja historia de una familia para convertirla en una ficción que no olvidarán los seguidores del terror. Se trata de una mirada que analiza las distintas formas de superación del trauma a través de los diferentes miembros de la familia, lo que incluso ha conseguido que muchos contarios al género se sientan delante del televisor y la vean pese a saber que se llevarán más de un susto.

«Capítulo 0», por Fernando Muñoz

«Capítulo 0» sabe que su fuerte está en condensar la historia original de cada episodio en 30 minutos.Los chanantes (Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla y Raúl Cimas) han aprendido de Museo Coconut y no mantienen una trama por debajo mientras lanzan sketch tras sketch. Tampoco reutilizan el formato de “La hora chanante” o “Muchachada Nui” de “secciones”. Lo condensan todo para contar una parodia de una serie o una película (o varias unidas) en un solo episodio. Es lo mejor que han hecho desde que salieron de la tele pública, y parece que ellos se homenajean desde el primer episodio de “Capítulo 0” al recuperar los personajes de “Tertulianos”.

En un año de grandes series, de producciones majestuosas y millonarias, de público que solo quiere engancharse a series como hace décadas se enganchaba a las novelas de folletín, de críticos pomposos que solo quieren recomendar la serie más desconocida y atípica con complejo de sabiondo de clase, nada mejor que aplaudir la sencillez (que no simpleza) de la televisión bien hecha y el humor construido con inteligencia.

«La maldición de Hill House», por Lucía M. Cabanelas

Los buenos productos de género no deben limitarse a sustos imprevisibles, a musiquilla tópica y fantasmas. Pero puede ser una ficción muy digna con todos sus clichés, sobre todo si aportan algo. En la maldición de Hill House lo que importa es lo que no se ve, pero eso no implica necesariamente a lo sobrenatural.

En ocasiones, dan más miedo los recuerdos que no son capaces de salir, el pasado que te persigue o las palabras que quieres decirle a tus seres queridos, pero no puedes. Una decisión de la que te arrepientes, una adicción. Porque el pánico no es efímero, lo arrastras contigo. Es más terrorífico lidiar con los monstruos internos, esos que no esperan detrás de cada esquina de una preciosa (y tétrica) mansión gótica, sino que te acompañan de por vida. Y así funciona esta serie de Netflix, que con buena dosis de drama familiar, thriller y una cuidada estética, también algún que otro susto, juega más con las emociones del espectador que con su sugestión. Mención especial para ese pedazo de capítulo en el que el director, Mike Flanagan, se marca un espectacular plano secuencia.

«The Terror», por Álex Jiménez

En 1845, dos de los mejores barcos de la Royal Navy (la Marina británica) se lanzaron a la búsqueda del ansiado Paso del Noroeste, la que entendían como la ruta más rápida entre Europa y Asia. Nunca regresaron y todavía hoy, nada se sabe con seguridad acerca de la suerte que corrieron los 129 tripulantes de la conocida como Expedición Franklin, encabezada por el célebre oficial John Franklin. Lo que sucedió con todos ellos, a los que se dio por muertos oficialmente en 1848, es un auténtico misterio. En él se recrea la primera temporada de «The Terror», que llegó la pasada primavera a la televisión y que repasa lo que pudo haber sucedido con Franklin y su equipo.

Encabezada por intérpretes tan conocidos como Ciarán Hinds, Jared Harris, Tobias Menzies o Ian Hart, entre otros, los diez episodios de la serie cuentan la desgracia de la que fue víctima aquella expedición perdida en mitad del Ártico. El frío, el hambre, o las enfermedades no tardan en hacer acto de presencia entre los tripulantes, que según la leyenda perdieron la cabeza y se vieron abocados a asesinar y devorar a sus propios compañeros de viaje. Por si fuera poco, los protagonistas de «The Terror» no están solos en el Ártico, sino que están expuestos a la voluntad de una extraña, monstruosa y hambrienta criatura, que no deja de acecharles en este thriller psicológico que cuenta con una atmósfera y una música que no podrían ser más adecuadas.

«El método Kominsky», por Rosa Belmonte

Creo que la mejor serie del año es «The Good Fight» pero como vamos camino de su tercera temporada, prefiero optar por un estreno. Uno que ha tenido mucho de sorpresa por su creador, Chuck Lorre.

Por los prejuicios que hay sobre el responsable de «Dos hombres y medio» o «The Big Bang Theory», dos truenos de audiencia. ‘El método Kominsky’ está en Netflix, no en una network. El título se refiere al método de un viejo actor sin mucho éxito (Michael Douglas) reconvertido en prestigioso profesor de interpretación. Una especie de Larry David menos cascarrabias. Alan Arkin es su agente y amigo. No son suficientes los actores porque «Grace and Frankie», con Jane Fonda y Lily Tomlin, no es tan buena. Sus diálogos y situaciones pueden competir con lo salvaje de «Curb your enthusiasm». Ocho capítulos con gente mayor donde se habla con gracia de envejecimiento o próstatas. Donde se eligen ataúdes o se piensa en el suicidio. Donde salen también Susan Sullivan y Lisa Edelstein. Es una comedia a la altura de sus intérpretes.