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Juego de Tronos 8x06 Los momentos clave del último capítulo de la historia de «Juego de Tronos»

El episodio definitivo de la exitosa serie de HBO dejó un buen número de escenas para la posteridad

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Jon Nieve y Daenerys, en «Juego de Tronos»
Jon Nieve y Daenerys, en «Juego de Tronos» - HBO
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[¡Alerta! ¡Este texto contiene «spoilers» acerca del final de «Juego de Tronos»! ¡Lea bajo su propia responsabilidad!]

Si hay algo que ha caracterizado a «Juego de Tronos» a lo largo y ancho de sus ocho temporadas han sido sus incontables giros de guion, la capacidad maestra de la serie creada por David Benioff y D. B. Weiss de dejar a sus millones de seguidores con la boca abierta. Fiel a su esencia, la serie no podía tener otro final. Triste, inesperado, lúgubre. Ya se sabe: el que quiera un desenlace feliz, que lo busque en otro sitio.

«Juego de Tronos» comenzó hace ocho años presentando a Daenerys Targaryen, una joven obligada a exiliarse, tan bella como inocente y que ha encumbrado al olimpo a la actriz que la interpreta(ba), Emilia Clarke. En su último episodio, la serie ha terminado de cerrarse con el final más cruel para Dany, que zozobró (y mucho) al llegar a la cima de una escalada que parecía interminable, para terminar muriendo a manos de su querido sobrino y amante, Jon Nieve (también conocido como Aegon Targaryen Jr.) y quedarse a un palmo, literalmente, de convertir en terrenal su gran anhelo: sentarse en el Trono de Hierro. Un episodio, este último, cocinado a fuego lento a través de varias escenas cruciales que han marcado el devenir de una trama que no podía satisfacer a todas las partes.

La venganza de Tyrion

Si «Juego de Tronos» ha terminado como lo ha hecho ha sido, en gran parte, gracias a la baza de Tyrion Lannister. Este domingo, la compañera Lucía M. Cabanelas lamentaba el declive del enano, que parecía estancado y que ya no era el conspirador de antaño. Pero, como si hubiera leído su texto y quisiera reivindicarse por todo lo alto, Tyrion ha despertado (por fin) en el último episodio de la historia de la serie de HBO y se ha confirmado como el gran instigador del asesinato de Daenerys. El enano, que desoyó (y traicionó) a Varys, su «mejor amigo», por defender a la «khaleesi», se dio cuenta de las maquiavélicas intenciones de esta última en su brutal ataque a Desembarco del Rey. Aunque lo peor para el «Gnomo» estaba todavía por llegar, pues al explorar las ruinas de la Fortaleza Roja, Tyrion descubre los cadáveres de sus hermanos, Cersei y Jaime Lannister, y es en ese instante cuando decide desertar de la causa de Dany. No solo deja de ser su «mano», sino que es apresado por las tropas de la «khaleesi» por «alta traición» y después, convence a Jon Nieve para que mate a Daenerys. «Conoce tus orígenes verdaderos. ¿Cuánto tiempo crees que tardará en ver que eres una amenaza? Pero tú puedes cambiar las cosas», le implora.

La decisión de Jon

Al inicio de la sexta temporada de «Juego de Tronos», el otrora bastardo de Ned Stark fue devuelto a la vida por Lady Melisandre porque todavía tenía «un objetivo que cumplir». Puede que este fuera el de reunir a todos los vivos para luchar contra los Caminantes Blancos y el Rey de la Noche en la Gran Guerra de Invernalia, pero quizá su cometido era el de restaurar la paz, como finalmente ha hecho. «A veces, el deber es la muerte del amor», le comenta Tyrion, que logra llevarse a su terreno a Jon para hacer «lo correcto»: acabar con Daenerys. Por primera vez en su vida, la joven está en la Fortaleza Roja, a punto de sentarse en su anhelado Trono de Hierro... que únicamente llega a tocar. «Siempre serás mi reina», le dice Jon, antes de asesinarla a sangre fría ante la impertérrita mirada de Drogon, que, en un acto que no podría ser más acertado, decide quemar el Trono de Hierro. «El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente», decía el historiador inglés John Acton. Nada que añadir.

Bran Stark, el Rey inesperado

El asesinato de Daenerys obliga a los señores y señoras de los Siete Reinos a buscar un nuevo Rey, mientras Gusano Gris tiene como prisioneros a Tyrion Lannister y Jon Nieve por el asesinato de su «mhysa». Así, las personalidades más poderosas de Poniente celebran una reunión en Desembarco del Rey para decidir sobre el asunto y Tyrion, que acude como preso, propone a Bran Stark como nuevo monarca. «Es nuestra historia, nuestra memoria y nuestro presente», dice el enano acerca del tullido, que es coronado al frente de los Siete Reinos. O de los seis, mejor dicho, pues su hermana Sansa aboga por la independencia de Invernalia y es proclamada Reina en el Norte. Bran, por su parte, libera a Jon Nieve, nombra como su «mano» a Tyrion, y compone su núcleo de consejeros por Ser Davos, Brienne de Tarth, Samwell Tarly, Bronn, el propio Tyrion y en última instancia Podrick, flamante caballero.

Un círculo que se cierra

En el cuarto capítulo de la octava temporada, hace apenas dos episodios, los seguidores de «Juego de Tronos» asistieron con rabia a la fría despedida entre Jon Nieve y Fantasma, su fiel lobo huargo. También dice adiós a su gran amigo Tormund, que le anuncia que él y los Salvajes regresarán más allá del Muro, «al auténtico Norte». «Ojalá pudiera ir con vosotros», le dice Jon al gigante pelirrojo, al que también pide que se lleve a Fantasma con él. El exbastardo siempre tuvo claro que no quería el Trono de Hierro, incluso después de saber que era su heredero legítimo. Quizá por eso no quiso decir adiós a Fantasma, porque sabía que, como siempre, volverían a encontrarse en el Norte... como finalmente sucede. Por el asesinato de Daenerys, Jon es «condenado» a regresar a la Guardia de la Noche, donde es recibido como un héroe, muy especialmente por Tormund y Fantasma, al que ahora sí, saluda efusivamente. Porque han cerrado el círculo, igual que Arya Stark, que fiel a su estilo, decide embarcarse en una nueva aventura y explorar el oeste de Poniente, el lugar en el que «acaban los mapas» y en el que, sin duda alguna, sumará nuevas muescas a su ya inabarcable culata.