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Game of Thrones Juego de Tronos 8x05: Sin rumbo y de rebajas

Aviso, esta noticia contiene spoilers de Juego de Tronos 8x05

Consulta en este artículo quién vive y quién muere después de Juego de Tronos 8x05

¿Cuántos dragones hay en Juego de Tronos?

Arya en Juego de Tronos 8x05
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[Aviso, esta noticia contiene spoilers de Juego de Tronos 8x05]

La cabeza de Ned Stark echó pronto a rodar, rodeando a los del Norte en un misticismo heroico que a día de hoy todavía les persigue. Uno a uno, cayeron también los hijos de Cersei Lannister, esos que, como asegura Jamie en Juego de Tronos 8x05, le han hecho cometer a la Reina de Desembarco del Rey las barbaridades más atroces. Sin pestañear. Como las hojas de un arciano en otoño fueron mordiendo el polvo también los Stark. La madre, cuyo álter ego diabólico sí perdura, demediado, en los libros, y también los hijos: Robb, el heredero de Invernalia en su propia boda, y el pequeño Rickon, asaeteado por un bastardo del Norte. Los muertos parecían los malos, pero no hay peor villano que alguien vivo. Por poder, por amor, por venganza, por pura maldad.

En la última temporada de Juego de Tronos, unos copos de nieve cayeron a modo de amenaza en Desembarco del Rey. No anticipaban la llegada del invierno, sino del infierno. Capaces de lo mejor, pero también de lo peor, las fichas ya no se mueven por ambición o estrategia en el tablero de Poniente. Y si había todavía alguien con ganas para la intriga, desapareció con Varys, momificado por el fuego del dragón como castigo a su traición. Ahora es la venganza la que mueve peones e incluso reinas como Daenerys Targaryen, sin rastro de toda esa humanidad que un día la llevó a ser rompedora de cadenas.

Desembarco del Rey estaba ya rendida en Juego de Tronos 8x05 cuando los legajos de la locura de Aerys II se apoderaron de la madre de dragones: la campana tañendo; la flota, arrasada por el fuego; las espadas del ejército, entregadas y la Compañía Dorada, exterminada antes siquiera de desenvainar. Cersei Lannister miraba a lo lejos, todavía confiada, con el zombi La Montaña y el ya extinto Qyburn como única escolta. Guardaba, por si la khaleesi no se dejaba llevar por sus intestinos, un as bajo la manga, ese fuego valyrio que tan bien le funcionó con el Gorrión Supremo. Pero no hizo falta. Daenerys entró como un torito montada en su Drogon y arrasó con toda la ciudad, con las mujeres, con los niños, con la gente de a pie; esa que, en otra época, habría salvado. Porque ella era así, pero ya no. Murieron muchos dentro de las murallas de la capital de los Siete Reinos, ante la mirada triste de Jon Nieve, con el corazón partido.

Casi muere Arya Stark, conchabada con el Perro pero, de repente, sin ganas de guerra ni venganza. El pequeño de los Clegane, fiel a sus orígenes, quiso cobrarse esa revancha pendiente con su hermano y, ante la imposibilidad de matar a quien no está vivo, se sacrificó junto a él, fundido en un abrazo moribundo que se llevó para siempre el fuego.

El Matarreyes hizo honor a su nombre y mató a un pseudorrey, el pirata de Euron Greyjoy, y a punto estuvo de morir matando. Yacer con Brienne de Tarth, concretando esa suerte de amor platónico que llevaba gestándose temporadas, iluminó a Jaime Lannister, que huyó despavorido de sus brazos para expirar su último aliento abrazado a su único amor, su hermana Cersei, enterrados los dos «odiosos» por las piedras de Desembarco del Rey, junto a los restos de dragones más viejos y, solo quizá, más sabios o menos hambrientos que el iracundo Drogon.

Pero en Juego de Tronos nada es lo que parece. El arco de los personajes cambia todavía más rápido de lo que se desplazan de un lado a otro de Poniente. Y por el camino, se suceden los errores de guión, víctimas de esa precipitación, de ese final que huele a liquidación por cierre. A rebajas. Si bien es cierto que fue extraño cuando Tyrion menciona el embarazo de Cersei Lannister, y Euron ni siquiera cae en que no hay manera de que lo sepa si el hijo es suyo, más lo fue aún el comentario de Jaime sobre el estado de las tropas de Daenerys, replicando el «extenuadas» de Cersei, cuando su hermano pequeño lo libera. Ni siquiera estaba delante en esa reunión absurda que se produjo en el anteriro capítulo, sino entre las mantas con Brienne.

Pero como en Juego de Tronos nada es lo que parece, y las demediadas tropas de Daenerys Targaryen cada día tienen inexplicablemente más soldados entre sus filas, quizás y solo quizás, Cersei Lannister se levante también de entre las piedras. Su final, como sus maldades, requieren mucho más público.