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El fin de la comedia Ignatius Farray: Los límites sin fin de la comedia

Movistar+ estrena este viernes «El fin de la comedia», la serie en la que el cómico difumina las barreras entre el escenario y la vida del humorista

Ignatius Farray, junto a Verónica Forqué y la actriz que interpreta a su madre en la ficción El fin de la comedia
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El humor no debería tener límites. El humorista, sí. No se trata de autocensura, ni siquiera de no atreverse a decir algo. Es un límite más mundano: el que separa la vida privada del cómico de lo que hace en el escenario. Ignatius Farray es, quizá, el cómico «mainstream» más provocador de la escena nacional. De sus colaboraciones en la Cadena Ser, en #0, en Comedy Central o en sus monólogos se extrae una conclusión: los límites no existen en su humor. Ese aire salvaje, una vez que los «millenials» han olvidado ya su personaje mítico de «El loco de las coles» de La Hora Chanante, le ha convertido en lo más parecido a un referente de algo así como de la nueva comedia. Si David Broncano es su dios (o al menos el dios del momento) Ignatius Farray es su profeta (el Shiva de la «Commedia», siguiendo una de sus más populares bromas).

Este viernes Movistar+ estrena la segunda temporada de «El fin de la comedia» (Comedy Central la emitirá en junio). Estos seis nuevos capítulos llegan casi tres años después de aquella primera temporada que, pese a ser aplaudida por la crítica, se quedó sin continuidad. Ahora podremos volver a ver el día a día de Ignatius Farray, sus miserias y sus éxitos. Desde una visita al médico por un problema cardíaco grave (esto es real), hasta algo parecido a un encuentro sexual con Verónica Forqué (esto es ficción). Y es que «El fin de la comedia» juega en esos límites en lo que no se sabe si lo que se está viendo es tan absurdo que está guionizado o tan patético que podría ser un día más en la vida de Farray.

Hay un referente claro en «El fin de la comedia». Es «Louie», en la que su creador y protagonista, Louis C.K., vive la amargura de ser el tipo más triste del mundo pero el más gracioso para sus seguidores. Más cerca, los amantes de la comedia han visto a Jorge Sanz reírse de su «declive». «El fin de la comedia» sigue esa línea en la que el espectador no sabe si debe reírse o sentir lástima de lo que ve en pantalla.

¿Cómo es Ignatius Farary?

Las barreras derribadas

Ignatius Farray es la locura sobre el escenario o frente a un micrófono. Sus monólogos suelen seguir un patrón: comienzan en un tono bajo y acaban en un «subidón» como si de una canción tecno de la ruta del bakalao se tratara. Lo que pasa entre medias no se puede describir. Pareciera que no haya un filtro en esa cabeza para frenar las ideas que se le van ocurriendo. Pocas de sus bromas se podrían reproducir aquí sin ofender a los guardianes de la corrección política. Sin embargo, cuando baja del escenario Ignatius Farray es Juan Ignacio (O «sweet» Juan Ignacio, como le llaman). Pareciera el tipo más amable del mundo (tanto en «El fin de la comedia» como en la vida real).

Esa transición entre el humorista sin límites y el final de la actuación cómica, hasta que aparece Juan Ignacio, es lo que retrata la serie. Entre tanto, y ya sin cámaras, Ignatius Farray, ya todo uno, está viviendo un momento dulce. Además de su propia serie, de triunfar entre los «millenials« en «Oh my LOL», de recitar junto a Fernando Arrabal poesía en el programa de Buenafuente, Ignatius ha logrado llegar al gran público. Desde jóvenes hasta señoras mayores, ha logrado derribar las únicas fronteras que debería tener el humor.