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Juego de Tronos «Juego de Tronos» 8x02: Sonrisas que saben a nostalgia... y a despedida

El segundo episodio de la octava temporada de la ficción de HBO, un homenaje a la propia serie, está plagado de detalles que anticipan la masacre que se avecina

Brienne de Tarth (Gwendoline Christie), en el segundo capítulo de la octava temporada de «Juego de Tronos»
Brienne de Tarth (Gwendoline Christie), en el segundo capítulo de la octava temporada de «Juego de Tronos» - HBO
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¡Atención! ¡Este texto contiene «spoilers» del segundo episodio de la octava temporada de «Juego de Tronos»!

Con todo lo que queda por resolver en los cuatro capítulos que quedan, da la sensación de que apenas ha pasado nada en los dos primeros episodios de la octava y última temporada de «Juego de Tronos». Pero no ha sido así, ni mucho menos. Porque desde la serie, al igual que los muchos millones de seguidores con los que cuenta en todo el mundo, saben que el invierno ya ha llegado y que los Caminantes Blancos pretenden acabar con todo lo relativo a los Siete Reinos. Incluidos sus personajes.

Una cruzada que resultará fatal y que se resolverá en el próximo episodio, en la que ha sido bautizada como la Gran Guerra, «la mayor batalla jamás filmada». El incalculable ejército de muertos comandado por el Rey de la Noche contra los vivos, en desventaja no solo en cuanto a número de huestes. «Nuestro enemigo no se rinde. No se detiene. No siente», relata Jon Nieve (Kit Harington) a su Consejo, cuando el enemigo común está a las puertas de Invernalia. Razón no le falta. «Winter is here».

El segundo episodio de esta última entrega de la aclamada ficción de HBO, así las cosas, es un homenaje de «Juego de Tronos» a sí mismo, a sus espectadores y a todo lo relativo a la serie. Más allá de la creciente tensión (una vez más) presente entre Daenerys (Emilia Clarke) y Sansa Stark (Sophie Turner), los guionistas de la ficción, conocedores de que la contienda se acerca, plantean un nuevo capítulo, como lo fue el primero, repleto de nostalgia y reminiscencias. Plagado de escenas de las que sacan una sonrisa, de más reencuentros, de emoción, de Invernalia. De escenarios que no volverán a darse, de charlas que nunca más volverán a tener lugar, con una moraleja en la retina: que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Porque la contienda entre vivos y muertos, a buen seguro, se cobrará las vidas de varios protagonistas. Y lo peor, que los propios personajes (y actores) son conscientes de ello.

Matices de peso

Así lo corroboran varios detalles clave del episodio. La ¿última? conversación de Gusano Gris (Jacob Anderson) y Missandei (Nathalie Emmanuel); el emotivo reencuentro de Theon Greyjoy (Alfie Allen) y Sansa; la charla entre Jorah (Iain Glen) y su valiente sobrina Lyanna (Bella Ramsey); el vino que comparten Beric Dondarrion (Richard Dormer) y El Perro (Rory McCann); los diálogos entre Tyrion (Peter Dinklage) y Jaime (Nikolaj Coster-Waldau); o el evocador instante en que Sir Davos Seaworth (Liam Cunningham), quizá la persona más bondadosa de los Siete Reinos, conoce a aquella niña que, aunque en ningún momento lo diga, tanto le recuerda a su querida Shireen Baratheon (Kerry Ingram). También el momento en el que –con la reaparición del perro Fantasma de fondo– vuelven a juntarse Jon, Sam (John Bradley) y Edd Tollett (Ben Crompton), grandes amigos y últimos vestigios de la Guardia de la Noche, y recuerdan a sus amigos fallecidos.

-Piensa en como empezamos. Nosotros, Grenn, Pypar...

-Solo quedamos los tres

-Que el último que quede, queme a los demás

Missandei y Gusano Gris se despiden en el segundo episodio de la octava temporada de «Juego de Tronos»
Missandei y Gusano Gris se despiden en el segundo episodio de la octava temporada de «Juego de Tronos» - HBO

En esa misma línea viene a cuento ese macrobotellón tan distendido como divertido del que toman parte Tyrion, Jaime, Brienne de Tarth (Gwendoline Christie), Podrick Payne (Daniel Portman) y Tormund (Kristofer Hivju) junto al propio Davos, en una secuencia que tiene como momento cumbre (con permiso de las confesiones de Tormund sobre sus orígenes y la leche de giganta) el instante en el que Jaime arma caballero a Brienne. Un momento de lo más emotivo, que pone en valor el vínculo tan bonito creado entre ambos y que da nombre al episodio, «Caballero de los Siete Reinos». Pero que también es, innegablemente, augurio de algo en lo que los seguidores de la serie no quieren ni pensar. Las risas de todos cuando Tyrion plantea aquello de «Podríamos sobrevivir...» lo dicen todo. Cerveza, vino, nostalgia. Saben que están ante su última noche de vida. Solo faltaba el bueno de Bronn (Jerome Flynn) haciendo una entrada triunfal y uniéndose a la causa de los Stark y de todos los vivos. Salvo Cersei (Lena Headey), claro, que siempre está a otra cosa. Lo mismo que su séquito.

El momento «Gendrya»

En pleno frenesí, el episodio deja otro momentazo para la historia en la que quizá sea su escena más incómoda de ver. Se trata, como no podía ser de otro modo (y en clave «millenial»), de la secuencia en la que el fenómeno «Gendrya» se hace realidad: el instante en el que Arya Stark (Maisie Williams), a la que los espectadores de «Juego de Tronos» han visto crecer en los últimos ocho años como si de su hermana pequeña se tratase, se desnuda y entrega a la pasión con el entrañable Gendry (Joe Dempsie). Ya se sabe: «Vive alegre y a lo loco, que la vida dura poco». Y hazlo en el momento justo. En el episodio justo. El mismo que cierra la confesión de Jon a Daenerys: los dos ya saben que el bastardo es en realidad Aegon Targaryen Jr., heredero legítimo al Trono de Hierro. Uno de los capítulos más tranquilos de las últimas temporadas y en el que no hubo ni una sola muerte. Pero también uno de los más emotivos.

Arya y Gendry se entregan a la pasión en «Juego de Tronos»
Arya y Gendry se entregan a la pasión en «Juego de Tronos» - HBO

Un episodio repleto de secuencias, todas ellas, que infestan de solemnidad el aire calmado que precede a la gran tormenta que se avecina. 55 veladas le llevó al equipo de la serie rodar la Gran Guerra que se viene entre vivos y muertos, en la que se perderán muchas vidas, y viendo lo visto algunas (o varias) de ellas fundamentales en estos ocho años de «Juego de Tronos». No esperen mucha tregua de una ficción que, entre otras atrocidades, en su primera temporada decapitó a su gran héroe, Ned Stark (Sean Bean); que poco después se ventiló a Catelyn (Michelle Fairley), Robb Stark (Richard Madden) y Talisa (Oona Chaplin); que dejó morir con crueldad a Rickon Stark (Art Parkinson), Renly Baratheon (Gethin Anthony) y al adorable Hodor (Kristian Nairn); que permitió que La Montaña (Hafthor Bjornsson) aplastase el cráneo del apreciado Príncipe Oberyn Martell (Pedro Pascal); que dejó que Stannis Baratheon (Stephen Dillane) quemase viva a la pequeña Shireen, su propia hija; y que hizo estallar por los aires a dos personajes tan queridos como Loras (Finn Jones) y Margaery Tyrell (Nathalie Dormer).

A juzgar por lo visto en estos dos capítulos, parece que la Gran Guerra enterrará a varios rostros fundamentales de «Juego de Tronos». Jon, Daenerys, Sansa, Arya, Jaime, Tyrion, Davos, Jorah, Brienne, Podrick, Varys (Conleth Hill) Gusano Gris («¡Torgo Nudho!»), Missandei, Tormund, Edd, Beric, Sam, El Perro, Lyanna, Gilly (Hannah Murray) Gendry, Bran (Isaac Hempstead-Wright), Theon... todos ellos, todos juntos, los personajes más queridos de «Juego de Tronos» se dieron cita en Invernalia en este segundo episodio por primera y última vez para hacer frente al horror. Cerrando y abriendo el círculo. Aprécienlo. Valórenlo. Porque es el preámbulo de lo que se viene, la «madre de todas las batallas» y que ya anticipa la trágica canción «Jenny's Song», la misma que tararea Podrick en el «macrobotellón» y cuyas estrofas son un atroz augurio de muerte.