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«Fleabag» juega divinamente con la cuarta pared y con Dios

Su segunda y final temporada se estrena en Amazon España este viernes 17 de mayo casi tres años después de la emisión de la primera parte

Imposible de catalogarla en un género, con giro religioso inclusive, esta serie original de BBC relata en primerísima persona las desventuras de una joven sin rumbo y adicta a tocar, con razón, las narices

Phoebe Waller-Bridge protagoniza y escribe la segunda temporada de «Fleabag»
Phoebe Waller-Bridge protagoniza y escribe la segunda temporada de «Fleabag» - Amazon
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«Fleabag» es todo lo que a una serie británica se le puede exigir. Temporadas brevísimas, episodios de 25 minutos y un humor tan inglés, negro e incómodo que zigzaguea constantemente con la vergüenza ajena y la tragedia. Ah, y una segunda y final temporada incluso mejor que la casi perfecta primera. Ah, y La Favorita Olivia Colman en calidad de madrastra que va de guay al borde de un ataque de nervios.

Tras estrenarse su segunda parte en la alternativa y milenial BBC Three el pasado 4 de marzo, llega finalmente a Amazon Prime Video España este viernes 17 de mayo. Los primeros seis episodios fueron una refrescante sorpresa durante el verano de 2016; su guion procedía de la homónima obra teatral de 2013, un monólogo de apenas una hora de duración.

Son varios años de margen durante los que su creadora, guionista y protagonista, la ahora omnipresente Phoebe Waller-Bridge («Crashing», «Killing Eve», «Run», «Bond 25»), tuvo el beneplácito de la televisión pública británica para sentarse y bienpensarse una digna segunda temporada. La coproducción y distribución internacional de Amazon hizo el resto, ganándose el ojo derecho de la crítica estadounidense, expectante de más historias sin sermón sobre «chicas malas» tras títulos como «Girls» (2012-2017), de HBO, a punto de acabar por aquel entonces.

Su premisa no es original: una veinte/treintañera perdida intenta hacer malabares entre sus múltiples vidas: la familiar, la amistosa, la amorosa y la sexual. Porque si hay algo que guste mucho a la titular –de la que se desconoce su nombre de pila, como el Mr. Big de «Sexo en Nueva York»– es la cama y masturbarse viendo discursos de Obama. También «liarla parda» en cada reunión familiar.

Lo que sí es original es una larga lista de elementos: el género (drama familiar y retorcida comedia romántica con un pelín de suspense), la perspectiva (se rompe la cuarta pared de manera excepcional al servicio de las confesiones y verdades a medias de su malrollera protagonista, que habla a cámara) y el desarrollo, con giros de guion para reírse y llorar.

Sian Clifford y Phoebe Waller-Bridge son dos hermanas mal avenidas en «Fleabag»
Sian Clifford y Phoebe Waller-Bridge son dos hermanas mal avenidas en «Fleabag» - Amazon

Pero su gran baza son sus personajes, desde las dos hermanas protagonistas hasta los secundarios de lujo (el cuñado cuñao, el padre poco comunicador y su pareja, «la madrina» sin nombre), pasando por los episódicos; como el «Arsehole Guy», la enigmática «Mujer del Año» (Kristin Scott Thomas) y la terapeuta encarnada por Fiona Shaw, a la que Waller-Bridge reclutó para un cameo-caramelo en los nuevos episodios tras coincidir en «Killing Eve» (2018- ), el thriller psicosexual y bolleril de BBC America que acabó por lanzar al estrellato a esta prolífica creadora.

En su primera tanda, la ficción no solo narra las desventuras con perspectiva de género de una adicta al sexo y al desastre, sino también un retrato de los mecanismos de la nostalgia, la culpa y el duelo por la muerte de un ser querido (dos, en este caso). Los recuerdos, en forma de «flashbacks», van y vienen sin avisar –una frase, un gesto– como ocurre en «Heridas abiertas», de HBO, o «One Mississippi», aquella estupenda serie de Amazon en la que Tig Notaro revivía ficcionalmente la repentina muerte de su madre.

Ya durante los primeros seis episodios, se demostró además la capacidad roba-escenas de la estirada hermana de Fleabag, Claire (Sian Clifford), su antítesis personificada: casada, madre y empresaria de éxito, pero también al borde de un ataque de nervios por llevar una vida cuadriculada que no le satisface.

De hecho, el mejor episodio de la primera entrega es el cuarto, en el que las hermanas se van de finde a un retiro de silencio exclusivamente para mujeres («Soy una mala feminista», dice la titular). Su clímax es la confesión de la joven, cigarro en mano, a un hombre que también está de retiro para dejar de ser misógino; su antídoto es gritar «putas» a muñecas hinchables. «Tan solo quiero llorar… todo el rato», dice ella, mientras se escucha de fondo el «unga unga» de los machitos.

Giro bíblico

Tras el devastador monólogo con «cliffhanger» que urdió Waller-Bridge para cerrar la primera temporada (y única por aquel entonces), cabía preguntarse por los derroteros de una hipotética secuela. Pero, gracias a la puerta entreabierta de BBC, la guionista empezó a mascar la idea de profundizar en la relación entre la protagonista y la cámara, o sea, nosotros.

Y para eso, recurrió a la Biblia y a un nuevo personaje que levantará pasiones entre los espectadores y especialmente en la protagonista: un joven cura (Andrew Scott) más bueno que el pan y moja que fuma, bebe y blasfema. «¿Te puedes follar a Dios?», pregunta Fleabag a su nueva terapeuta. Desde el primero de los seis episodios que completan esta última entrega sobrevuelan dos preguntas: ¿Cruzará la raya nuestra antiheroína? ¿Es posible acaso su redención? El desenlace está a la altura de las expectativas motivadas por la desternillante y tensísima cena familiar del 2x01.

Pero no habrá tercera temporada. La actriz, ahora de gira final con la versión teatral de «Fleabag», bromeó en «Variety» que retomaría este personaje con 50 años. Hasta entonces.