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Así eran los «intocables» de la Costa del Sol, la primera brigada antidroga de España

Telecinco coproduce con Netflix y Warner una serie que transcurre en 1977, cuando los policías «eran como dioses»

Jesús Castro (en el coche) y Hugo Silva en una escena de «Brigada Costa del Sol»
Jesús Castro (en el coche) y Hugo Silva en una escena de «Brigada Costa del Sol» - Mediaset
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En una antigua fábrica de telas de Alcorcón se graban algunas escenas de «Brigada Costa del Sol». El visitante viaja en el tiempo y se ve inmerso en una comisaría de 1977. No falta ni el detalle del humo del tabaco, por fortuna falso. En sus salas y pasillos circulan agentes de las fuerzas de seguridad. Allí trabaja también el Grupo Especial de Estupefacientes Costa del Sol, unidad policial creada en 1977 para combatir el narcotráfico. A partir de esta brigada real, Hugo Silva, Miki Esparbé, Jesús Castro, Álvaro Cervantes y Sara Sálamo protagonizan una historia de ficción creada por Pablo Barrera, Juanjo García y Fernando Bassi.

El proyecto, que se podrá ver en 2019, primero en Telecinco y luego en Netflix –también participa Warner en la producción, de 13 capítulos–, comenzó a gestarse hace tres años. Pablo Barrera cuenta que le enseñaron un documental sobre el grupo, nacido en un momento «en que la versión oficial era que no había drogas ni tráfico». «Esta pequeña brigada de Torremolinos demostró lo contrario a lo largo de cinco años». Además de la localidad malagueña y Alcorcón, la serie también se ha grabado en Málaga, Benalmádena y Torre del Mar, así como Ciempozuelos, Villamanta y la discoteca Pirandello, en Madrid.

Grandes profesionales

«Eran muy buenos profesionales», relata Pablo Barrera, que se empapó de su historia con ayuda de inspectores de la época y otros que los conocieron directamente. «Una vez que salieron de Málaga, se convirtieron en los policías más exitosos, en las grandes estrellas de los años 80 y 90. Con 25 o 30 años inventaron la persecución del tráfico de drogas en España cuando no tenían los helicópteros de ahora». La incomprensión de sus superiores es parte de la materia prima de la historia. «Nadie les hace caso y, como siempre ha pasado, los malos tenían más medios. Ellos conseguían emisoras cuando se las quitaban a los narcos. Tenían que jugar con el ingenio y, sobre todo, echarle muchísimas horas de curro», añade el guionista.

«Naturalmente, hemos hecho una cosa que no tiene nada que ver con la realidad», precisa». «Tampoco hacemos una biografía, aunque nos basamos en hechos reales, en una España que renacía y en un lugar, la Costa del Sol y Torremolinos, que era el más moderno de Europa, donde venían todas las estrellas de cine, sonaba la música más moderna y había una juerga continua. Hemos querido contar esa España del glamur y de la noche, de las discotecas y el neón, pero también la parte pobre y analfabeta, a la que nunca le dieron nada, que quiere coger esa prosperidad por derecho. Ahí surge esta delincuencia nueva».

La acción está acotada en seis meses de 1977, por lo que no se cuenta la entrada en vigor de la Constitución, pero sí las primeras elecciones generales. La serie, de hecho, comienza una semana antes de aquella votación histórica, en un mitin de Adolfo Suárez. Barrera empieza a hablar y no para de las cosas «fascinantes» que le contaron los policías de la época. «Era gente con una vocación gigantesca. Les daba igual estar 24, 36, 48 horas persiguiendo a uno. Volvían con los pantalones que andaban solos. La familia no sabía nada de ellos durante cuatro días. Y no había móviles. Cuando aparecían por la puerta, sus mujeres los descubrían vivos, sucios, borrachos…».

Muchas de estas batallitas son reales. «Hemos utilizado las anécdotas. Son el punto de partida de casi todas las situaciones. Los grandes villanos también están basados en dos personas reales. El desenlace del primer capítulo, dónde encuentran la droga, está sacado directamente de una de las anécdotas de ellos. La referencia continua son sus experiencias», cuenta el creador de la serie.

Sensación de impunidad

Un asunto delicado es el lado canalla y excesivo de los agentes. «Hemos hablado mucho con la Policía sobre ese aspecto y nos sorprendió cómo nos hablaban sin pudor de la falta de control que había entonces. Eran omnipotentes. Por fortuna, hemos encauzado las leyes para ser muy garantistas».

Álvaro Cervantes recuerda que los actores también estuvieron asesorados por policías, que les dijeron que los agentes «eran dioses o podían llegar a comportarse como tales». «Lo interesante de la serie es que los retrata como los reyes del mambo, pero también muestra sus miserias. Esa libertad es muy rica en la ficción», agrega el actor. «Si el público llega a juzgarlos es que algo se está haciendo mal. Pueden traspasar líneas, pero el espectador los sigue». «Nos dijeron que eran mitad policías, mitad delincuentes, la única manera de combatir el crimen e imponerse», dice Miki Esparbé, cuyo personaje, pese a todo, es el más partidario de utilizar la cabeza.

Por otra parte, cuenta Barrera, los policías de los setenta «tenían mucha libertad y, al mismo tiempo, menos malicia. La corrupción que conocemos ahora no existía, porque no había tanto dinero. Había sensación de impunidad, pero eran más puros». Por todo esto, los guionistas han situado muy bien la serie en un momento concreto de la historia. «Justo ayer escribía una secuencia en la que se hacen unos pinchazos telefónicos sin permiso; ya le explicarían luego al juez de dónde sacaban las pruebas. Lo que pasaba da para un material de ficción muy divertido y a los actores les ofrece la posibilidad de traspasar los límites y de preguntarse dónde están».

La idea central de la serie, por otro lado, es la lealtad. «Y la traición, claro», apostilla Barrera. «La brigada es una familia», interviene Jesús Castro. «Se infiltran, viven al límite y no pueden fallar a sus compañeros», afirma Hugo Silva, para quien esta producción tiene «muchísima personalidad». «Es una serie que a mí me gustaría ver», insiste.

También es esencial la voluntad de ser locales, que sea una historia cien por cien española. «Eso es lo que nos gusta ver, un policiaco israelí, otro nórdico, con unos patrones universales que en cada país tienen algo que los identifica. A nosotros nos identifica el sol, el cachondeo, la noche… Hemos tenido cuidado, por ejemplo, en que los personajes, por mucho que sufran y sea un drama, siempre hablen como de coña, porque nosotros lo hacemos». «No se puede llamar comedia», añade, «pero sí hemos evitado el tópico del policía amargado delante de un vaso de whisky, mirando al horizonte».

El elenco de «Brigada Costa del Sol» se completa con Jorge Usón, Cayetana Cabezas, Manolo Caro, Juanma Lara, Jorge Suquet, Olivia Delcán, Camino Fernández, Daniel Holguín, Marco Cáceres, Joaquín Galletero, Aníbal Soto, Carolina Yuste y Álex O’Brien, entre otros. No menos esencial es el trabajo de vestuario, de Natacha Fernández Gallardo, quien destaca la necesidad de «distinguir a los personajes» de un vistazo, y el de arte, de Marcelo Pacheco.