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«House of Cards»

Crimen, mentiras y filtraciones: Así es la «House of Cards» original

La versión inglesa de «House of Cards» está protagonizada por un cínico aristócrata que quiere alcanzar la presidencia del Partido Conservador

Francis Urquhart es el protagonista de la versión inglesa de «House of Cards»
Francis Urquhart es el protagonista de la versión inglesa de «House of Cards» - BBC
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Desde Aristóteles sabemos que el ser humano es un animal político, aunque a veces resulta más adecuado calificarlo como una alimaña política. El ansia de poder es una de nuestras más perennes obsesiones y fuente de mentiras, asesinatos y atrocidades. Netflix estrenó hace unos días la última temporada de «House of Cards», una saga que narra el ascenso del ambicioso congresista Francis Underwood hasta la cúpula del poder en la Casa Blanca. Más de veinte años antes de su estreno, en 1990, la BBC emitió una miniserie de título homónimo y con idéntico hilo conductor: un maquiavélico protagonista dispuesto a cualquier cosa con tal de escalar en la jerarquía de su partido.

La serie de la BBC basa su guion en una trilogía de novelas escrita por Michael Dobbs, quien fue secretario de organización y vicepresidente del Partido Conservador británico durante los años de Margaret Thatcher. La acción se sitúa justo en el momento en el que la Dama de Hierro abandona el partido y comienza una guerra larvada entre los candidatos a sucederla. Uno de ellos es Francis Urquhart, un refinado aristócrata que ostenta la jefatura del grupo parlamentario tory. Urquhart, con el disimulo y la hipocresía propios de su clase social, finge no estar interesado en el cargo, pero empieza a maniobrar en la sombra para despejar su camino hacia la presidencia del partido.

Solamente por la soberbia interpretación de Ian Richardson en su papel de cínico trepa ya merecería la pena la «House of Cards» británica. Al igual que en la versión estadounidense, el protagonista se dirige constantemente al espectador como justificándose ante él y al mismo tiempo haciéndole cómplice de sus tropelías. Urquhart logra hacernos partícipes de la acción y con su labia es capaz de meterse al espectador en el bolsillo, que llega incluso a comprender sus motivaciones y a desear que alcance su objetivo.

La imagen que «House of Cards» presenta de la vida política es bastante descorazonadora. La política en la serie se hace a base de crímenes, mentiras, filtraciones, artimañas y micrófonos ocultos: algo no muy distinto a lo que leemos ahora en los periódicos. Precisamente la prensa ocupa un lugar destacado en la trama de «House of Cards». Por un lado está la joven reportera Mattie Storin, una ingenua periodista llena de buenas intenciones pero a la que Urquhart utiliza a su antojo. Muy diferente es el director de su periódico, un borrachín sin escrúpulos que compadrea con el poder político para proteger sus intereses empresariales. Urquhart, con su astuta inteligencia, sabe qué teclas tocar para que sirvan a su causa de desacreditar a los rivales: «Hace falta un escándalo, y si está relacionado con el sexo o con el dinero mucho mejor».

La «House of Cards» británica tiene una atmósfera más oscura, siniestra y shakesperiana que la versión protagonizada por Kevin Spacey. Son frecuentes las citas de «Macbeth» y «Ricardo III» intercaladas en el guion, cuando Urquhart mira al infinito y recita de memoria algunas frases del genio inglés sobre el poder, la ambición y la muerte. Al igual que los jerarcas nazis, el tory es un hombre de exquisitos modales y vastísima cultura, lo que no es óbice para que sea al mismo tiempo un tipo desalmado, amoral y cegado por la codicia. «Aplasten cualquier remordimiento. No se sientan culpables. Pisen el remordimiento como si fuese una colilla», le indica Urquhart al espectador cuando consigue hacer caer al primer ministro.

Un contraste significativo entre la «House of Cards» de la BBC y la de Netflix estriba en el papel que juegan en la trama las mujeres de los líderes. La mujer de Urquhart es una sumisa ama de casa, siempre al servicio de su marido y sabedora de que se acuesta con otras cuando ella se marcha al campo. Claire Underwood, por su parte, es una mujer ambiciosa y activa, que acaba incluso adelantando a su esposo en la carrera por el poder. El cuarto de siglo que separa una versión de la otra ha sido testigo de una oleada feminista que ha cambiado el papel de las mujeres en la sociedad y se ha llevado por delante a Kevin Spacey, protagonista de la «House of Cards» americana que ya no podrá aspirar a sentarse en el Despacho Oval.