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«En el corredor de la muerte», una serie para salvar a Pablo Ibar

Miguel Ángel Silvestre encarna al preso español en la ficción de Movistar+, basada en hechos reales

Miguel Ángel Silvestre
Miguel Ángel Silvestre - MOVISTAR+
Actualizado
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La vida de Pablo Ibar en el corredor de la muerte transcurría en apenas cuatro metros cuadrados, en una celda sin salida al exterior donde solo hay una cama y una letrina. En los 16 años que el español ha pasado recluido, ha logrado también comprar una televisión antigua, de fondo transparente, en el economato de la cárcel. Solo salía al patio dos veces por semana y las duchas también estaban controladas. Comer con los otros presos era un lujo del que tampoco disfrutaba. La única forma de matar el tiempo y no perder la cabeza bajo el asfixiante calor de Florida era leer las cartas de sus familiares, hacer ejercicio o asearse.

Esta forma de (sobre)vivir es la que ha tenido que replicar Miguel Ángel Silvestre en «En el corredor de la muerte», serie de Movistar+ y Bambú cortada por el mismo patrón que «Fariña». Ramón Campos, Gema R. Neira y Diego Sotelo son los encargados de una historia real basada en la novela homónima de Nacho Carretero.

En cuatro capítulos, esta ficción repasa la vida de Pablo Ibar desde 1993, un año antes del triple asesinato por el que le condenaron, hasta mayo de 2019, fecha en la que conocerá la sentencia de su último juicio, en el que fue considerado culpable. «Cada capítulo tiene un estilo diferente. El primero es más cercano a los hechos, el segundo es más judicial… Pasas por muchos géneros, del drama familiar al policiaco. Nosotros apostamos por Pablo, pero intentamos entender el resto de puntos de vista y a la sociedad americana», cuenta el director Carlos Marqués-Marcet sobre el serial que acaban de terminar.

La serie, que se emitirá en Movistar+ en septiembre, está concebida desde una convicción profunda: Pablo Ibar es inocente. «Nos posicionamos en su inocencia. El libro expone pruebas que lo demuestran y nosotros estamos contra la pena de muerte. Pensamos que las pruebas son tan contundentes que jugar a plantear la duda solo puede llevar a la superficialidad. Yo no quiero jugar con la vida de alguien. Exponer las pruebas y que el público decida si es culpable o no es algo que hago con “Bajo sospecha” y lo disfruto, pero no con la vida de una persona», apunta Ramón Campos. También Silvestre está convencido: «De otra forma, no sé si habría tenido sentido hacerla».

Pena de muerte

«Más allá de la inocencia o la culpabilidad, se trata de justicia, de poder demostrar que alguien es culpable al 100%», reflexiona el director. «Un elemento determinante es el personaje de Tanya. Cuando él entró en la cárcel tenía 16 años. ¿Cómo se casa con alguien si tiene dudas?», se pregunta Sotelo. Ambos creen que la cinta puede servir para reflexionar sobre el racismo y nuestro propio sistema judicial.

¿Por qué apostar por la serie y no por un documental? «Cumplen misiones distintas. El documental es mejor en la parte informativa, llega a una profundidad que la ficción no alcanza. De hecho, se está rodando uno sobre el caso y hemos estado en contacto con los autores», apunta el director. Ramón Campos añade otra razón: «Si queríamos aportar algo había que hacerlo ya. En un documental se tarda años». «La ficción te permite reflexionar sobre la intimidad, lo cercano, lo humano», replica el director.

«Es el primer personaje real y vivo que interpreto. Tenía miedo y he vivido sensaciones muy fuertes. Contamos la historia de Pablo, que sufre una gran injusticia. Hemos intentado hacer el trabajo con el mayor respeto a una persona y una familia que viven una pesadilla», contaba el propio Silvestre, dubitativo y emocionado.

Pedir permiso

Desde el rodaje, en una antigua fábrica de maderas donde han replicado la celda de Ibar, el actor se enfrentó al casting más largo de su vida. Durante más de cuatro horas, Carlos Marqués-Marcet («10.000 km») hizo a Silvestre interpretar varias escenas. «Él quería trabajar desde un lugar muy virgen. Su cine se caracteriza por su honestidad», añade el actor. Cuando lo eligieron, Silvestre comenzó a ver vídeos de Pablo y practicar su acento cubano. Marisé Álvarez, Ramón Aguirre, Pau Poch y Laura de la Uz, entre otros, completan el reparto.

«Ni Pablo ni su entorno nos han puesto condiciones, aunque hemos tratado de ser muy respetuosos. La serie se ha hecho en paralelo un juicio donde se jugaba la vida», plantea el guionista Diego Sotelo. Esta situación tan especial, que mantenía incomunicado a Ibar, hizo que Silvestre se abstuviera de «pedir permiso» a la familia y al propio preso. «¿Qué puedes decir en una situación así? Llamar a la familia me parecía osado y ni me lo planteé. Con él si me hubiera gustado contactar, pedirle permiso de forma indirecta, contarle que lo voy a hacer con el máximo respeto, pero no pude», afirma Silvestre.

Varios finales

«En el corredor de la muerte» se acabó de grabar a finales de marzo, antes de que el juez dictamine el castigo que aplicará a Pablo Ibar (pena de muerte o cadena perpetua), después de que el jurado le considerase culpable de tres asesinatos. «Una de las peculiaridades de esta producción es que hemos tenido que trabajar en paralelo a la realidad. Teníamos varios finales y durante el rodaje uno se fue al garete, que fue el veredicto de inocencia. Esta parte, que estaba escrita, ni llegó a rodarse. Entonces nos centramos en la opción de culpabilidad, el veredicto que eligió el jurado. Estamos a la espera de ver cuál es la pena», subraya el guionista Diego Sotelo. Este juicio podría no ser el final definitivo de la historia, ya que los abogados creen que se podría recurrir.