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Violaciones y el cruel asesinato de su hija: el drama de Casey Anthony, la mujer más odiada de América

DKISS emite este domingo un especial sobre el homicidio de la pequeña Caylee, que pudo ser asfixiada por su propia madre

Casey Anthony, en los juzgados - ABC / Vídeo: Un jurado de EEUU declara inocente a una madre acusada de matar a su hija de dos años
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Este domingo, DKISS emite un especial, dentro del serial presentador por Marta Robles, sobre la controvertida historia de Casey Anthony, una mujer acusada en octubre de 2008 de haber matado a su hija Caylee, de solo dos años de edad. Tres años después, la mujer fue liberada por falta de pruebas, pero la opinión pública y los Estados Unidos se le echaron encima. A día de hoy, el caso sigue siendo uno de los más controvertidos en la historia del país. Tiene incluso su propia película, «La acusación contra Casey Anthony», estrenada en 2013.

La mañana del 15 de julio de 2008, la Policía de Florida recibió una llamada de una vecina de Orlando. Al otro lado del teléfono se encontraba Cindy Anthony, una mujer que aseguraba no haber visto a su nieta Caylee Marie desde hacía 31 días, a pesar de que la pequeña y su madre vivían con ella y con su marido, George, abuelo de la pequeña. Además, la señora afirmaba que el coche de su hija Casey, la madre de la joven, «apestaba» como si «un muerto hubiera estado allí», lo que terminó de despertar las sospechas de la mujer.

Los investigadores se pusieron entonces manos a la obra y detuvieron a Casey, que entonces contaba con solo 22 años. La joven cambió los detalles de su relato en varias ocasiones, asegurando no saber nada de su hija desde hacía tiempo y manifestando que la culpable de su desaparición había sido una niñera que se quedó con ella en la noche del 9 de junio. En ese sentido, la joven explicó que no había acudido a la Policía porque estaba «muy asustada» y no quería dar «ninguna pista» a los secuestradores.

Una versión no convincente

Sus explicaciones no convencieron a los agentes y en octubre de 2008, la joven fue acusada de asesinato en primer grado, aunque ella se declaró inocente. Dos meses más tarde, el 11 de diciembre, el cadáver de la pequeña Caylee apareció cerca de la vivienda familiar, oculta en una sábana blanca dentro de un cubo de basura que se encontraba en el bosque. La cara de la pequeña estaba totalmente cubierta por cinta aislante. Según los investigadores, para evitar que la niña chillase. El forense determinó que la niña había sido asesinada, aunque fue incapaz de esclarecer las causas.

En 2011 tuvo lugar el juicio por el asesinato de la niña, que se prolongó durante seis semanas. La Fiscalía solicitó la pena de muerte para Casey Anthony, alegando que la joven «deseaba librarse de sus responsabilidades como madre», por lo que habría asesinado a su hija «administrándole cloroformo» y «asfixiándola con cinta adhesiva». La defensa, por su parte, argumentó que la niña se había caído accidentalmente en la piscina de la vivienda durante el 16 de junio y que el abuelo George se había deshecho del cuerpo.

En ese aspecto, los abogados de Anthony señalaron que la joven había mentido con respecto al abuelo debido a un trastorno emocional, derivado de que, según la defensa, Casey habría sido violada por George cuando era una niña. Los abogados de la joven no aportaron ninguna prueba para refrendar sus declaraciones, pero cargaron con dureza contra la Fiscalía. Casey, por su parte, se acogió a su derecho a no declarar. El 5 de julio de 2011, el la justicia declaró a Casey «no culpable» del asesinato de su hija, aunque sí de cuatro delitos menores por «haber proporcionado información falsa» a la Policía. La joven fue liberada el 17 de julio, cuando contaba con 25 años.

El veredicto, polémico y sorprendente

En sus conclusiones, el juez responsable del caso, el magistrado Belvin Perry, dictaminó que no había «evidencias» ni «pruebas concluyentes» de que la joven hubiera matado a su hija. «Cuando el jurado me dio el veredicto, tuve que leerlo dos veces para convencerme de que era cierto lo que tenía ante mis ojos», señaló Perry tiempo después. La opinión pública se abalanzó entonces contra el jurado y contra Casey, que se convirtió en «la mujer más odiada de los Estados Unidos», como explican desde DKISS.

Para echar más leña al fuego, hace solo unas semanas se conoció que la mujer vive en el sur de Florida... junto a uno de los investigadores privados que investigaron aquel caso. «Ahora hay un nuevo hombre en la vida de Casey, que es capaz de hacerla olvidar su pasado y de empezar una nueva vida con ella», aclaran desde el canal.

El crimen de la pequeña Casey es, todavía hoy, un misterio de lo más truculento, en el que tratará de profundizar este domingo el programa de DKIS. Es posible que nunca se sepa si la niña murió de manera accidental o si, como apuntaban los indicios, fue su madre quien la mató.