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«Baby» El escándalo de prostitución de menores que manchó a la alta sociedad italiana

Netflix estrena «Baby», su tercera producción propia en Italia basada en el escándalo conocido como «Baby squillo»

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Hace cuatro años, Italia despertaba con una noticia que conmocionaría al país. Tras meses de secretismo, se había destapado una truculenta historia de prostitución de menores en Parioli, un barrio burgués y acomodado de Roma, que implicó a una veintena de personas, incluyendo destacados políticos y empresarios del país.

No se trataba de una red de explotación infantil. Las jóvenes, de 14 y 15 años, habían decidido comerciar con su cuerpo para poder comprarse ropa de diseño y los últimos dispositivos electrónicos, según informó en el corresponsal de ABC en Roma Ángel Gómez Fuentes. Ahora, Netflix ha transformado dicha historia en su tercera producción italiana: «Baby», que cuenta con ocho episodios que ya están disponibles en la plataforma y ha sido escrita por un grupo de jóvenes escritoras italianas.

El escándalo sexual de Parioli, conocido en Italia como «Baby squillo» («prostitutas infantiles»), destapó la doble vida de dos adolescentes y también el entramado criminal que gravitaba a su alrededor gracias a la actuación de la madre de una de las jóvenes, que denunció los hechos ante la Policía al ver el ritmo de vida que tenía su hija y detectar que consumía cocaína. Las chicas llevaban una doble vida. Por la mañana, acudían al instituto; mientras que por la tarde acudían a un apartamento del elegante barrio de Parioli, donde intercambiaban sexo por dinero para poder así tener la vida con la que habían soñado.

Tras la denuncia, la Policía interceptó conversaciones telefónicas entre las adolescentes y algunos de los clientes. Empresarios o grandes políticos: hubo decenas de detenidos. Para sorpresa de los italianos, entre ellos se encontraba la madre de una de ellas, quien fue condenada a seis años de cárcel.

Las jóvenes aseguraron desde el primer momento que lo hacían por voluntad propia. Les parecía una forma fácil de conseguir dinero. «Solo» tuvieron que hacerse unas fotos provocativas y colgarlas en el lugar adecuado. Pronto llegaron los clientes. Mirko Ieni, un joven desempleado, fue el encargado de proporcionarles un apartamento a la vez que le concertaba citas a cambio de una suculenta comisión. «Estas dos me hacen ganar 600 euros al día», llegó a decir en una de las llamadas interceptadas por la Policía.

Fueron muchos los clientes que aseguraron no ser conscientes de que las chicas eran menores de edad. Se escudaron en que su apariencia física no se correspondía con los años que realmente tenían y que su comportamiento era muy profesional. Sin embargo, los anuncios que encontraron de ellas en la red dejaban claro de qué se trataba con nombres como «Lolita» o mensajes como «mamá no está en casa».

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El listado de los clientes de las dos jóvenes Benedetta Porcaroli y Alice Pagani, a las que interpretan en la ficción, finalmente se publicó. El morbo se concentró en un personaje: Mauro Floriani, el marido de Alessandra Mussolini, la nieta del dictador fascista, actriz, modelo y portada de la versión italiana de «Play Boy». Tras fracasar en su desembarco a Hollywood pese a tener como madrina a su tía, Sophia Loren, Alessandra se dedicó a la política y los debates televisivos, donde se caracterizó por su ferviente defensa de los valores tradicionales de la familia y del fascismo de su abuelo Benito.

Alessandra Mussolini criticó con dureza en un sinfín de ocasiones la prostitución, en particular de menores. Quién le iba a decir que sería su marido quien protagonizaría el escándalo de prostitución de menores de Parioli. Tras 26 años de matrimonio con Floriani, quien pactó una pena de un año en prisión, Mussolini echó a su marido de casa y se marchó con su madre para proteger a sus tres hijos. Pero esa separación duró poco. Tras reconciliarse, abrieron una pizzería.

En el centro de la polémica

Cuando Netflix presentó el argumento, el Centro de Explotación Sexual de Estados Unidos (NCOSE) no tardó en acusarla de «idealizar» la prostitución infantil y de tener una doble cara. «Despiden a Kevin Spacey y luego producen una serie que ensalza la prostitución infantil y llamarla entretenimiento provocativo es el colmo de la hipocresía», explicó una portavoz del organismo al periodista de ABC Ángel Gómez Fuentes. «No hay niñas prostitutas, solo chicas explotadas», añadió.