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Alex JiménezAlex Jiménez

TWD «The Walking Dead» y el peligro de encariñarse

La serie apocalíptica más célebre de la televisión, que hace mucho tiempo que no tiene en los zombis a su peor enemigo, presenta este lunes su décima temporada

Glenn (Steven Yeun), Rick (Andrew Lincoln) y Michonne (Danai Gurira), en «The Walking Dead»
Glenn (Steven Yeun), Rick (Andrew Lincoln) y Michonne (Danai Gurira), en «The Walking Dead» - IMDb
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[¡Alerta! ¡Este texto contiene «spoilers» acerca de temporadas anteriores de «The Walking Dead»! ¡Lea bajo su propia responsabilidad!]

«A nada te acostumbres para que nada te falte». El refranero español, siempre tan sabio, tiene citas para cualquier situación. Algunas, incluso, adecuadas incluso al contexto de películas y series de televisión. Y ninguna le va mejor a «The Walking Dead» que la previamente referida, pues es una máxima que la ficción apocalíptica de AMC (que estrena esta noche en FOX su décima temporada) se aplica más y mejor que ninguna otra, para bien y para mal.

Ya me lo advirtió mi amigo José Luis, al que siempre he conocido como Chino, cuando decidí adentrarme en la serie de zombis más conocida de la televisión. «No te encariñes de nadie», fue lo primero que me dijo, el día en que visioné el primer episodio. No le hice caso –aunque lo intenté– y, cuando la ficción me había empezado a enganchar (porque engancha, y mucho), lo que le sucedió a la pequeña Sophia me partió el corazón. Y después, la muerte de Dale. Y luego la de T-Dog. Y la de Lori. Y la de Andrea. Y la de Hershel. Y la de Bob. Y la de Tyreese. Y la de Beth... Un día, Chino me dijo que había un momento de la serie en el que empezaban a morir un montón personajes «que molaban mucho». Le comenté que creía haber llegado a ese punto y entonces se rió. «Pues todavía has visto nada», me respondió. Tenía razón.

La serie dejó clara su hoja de ruta cuando Negan, en cuestión de segundos, les destrozó el cráneo a dos de los personajes más queridos por la audiencia

Como muchos seguidores de la serie de zombis, creo que yo tampoco podré olvidar nunca aquel funesto primer episodio de la séptima temporada, cuando a Negan le dio por presentarnos a Lucille a lo grande. Primero, le destrozó el cráneo a Abraham. Y después, hizo lo propio con Glenn, el personaje más querido para gran parte de los millones de adeptos con los que cuenta la serie en todo el mundo. Pero al equipo de «TWD» le dio igual y, en un abrir y cerrar de ojos –nunca mejor dicho, viendo cómo terminó la córnea del coreano– dejó a los espectadores sin el inolvidable pizzero.

La fragilidad de los personajes... y su evolución

Aquel momento marcó un antes y un después en una serie que, por si no había quedado suficientemente claro hasta la fecha, evidenció a golpe de bate que ningún personaje era intocable y de paso, dio la razón a todas esas críticas que hablan de «The Walking Dead» como «la serie que más maltrata a sus espectadores». Muchos de sus fieles, de hecho, dejaron de seguirla tras la brutalidad con la que la ficción apartó para siempre, y de un plumazo, a Glenn y Abraham. Pero fiel a su estilo, «TWD», como buena serie apocalíptica, no se suavizó, ni tampoco cambió su hoja de ruta. Si no, que se lo digan a Sasha. O a Rick Grimes y a su hijo Carl, el dúo protagonista... y que ya tampoco están en «The Walking Dead». El «sheriff», que ha inmortalizado al actor Andrew Lincoln en la pequeña pantalla, podría regresar en un futuro, mas el pequeño Carl no. Nunca. Por razones obvias.

De todos los integrantes del grupo que se formó en primera instancia para sobrevivir en «The Walking Dead», solo quedan vivos Daryl y Carol. El arco de esta última, por otra parte, explica a la perfección el que es otro de los grandes atractivos de la serie: sus marcados personajes y todo el mundo interior que los envuelve. Cuando se presentó ante la audiencia, Carol, interpretada a las mil maravillas por Melissa McBride, era una mujer sumisa, maltratada, vejada y humillada por su marido (el infame Ed) y sin ningún tipo de voluntad. Ahora, es toda una líder y una auténtica superviviente. Quizá la mejor de toda la serie y de la ficción moderna en general. Y eso que acaba de perder a su segundo «hijo», pero Carol está forjada a golpe de reveses, desgracias y bofetadas. Lo mismo que Michonne, el personaje de Danai Gurira, nueva heroína de Marvel y que abandonará la serie en esta nueva tanda de episodios.

De todos los miembros del reparto original, solo Carol y Daryl continúan con vida

Aunque las vidas de los protagonistas no representan el único cambio desde que, en noviembre de 2010, llegase a la pequeña pantalla el primer episodio de «The Walking Dead». Entonces, toda la humanidad parecía unificarse para luchar contra el virus zombi que comenzó a asolar el planeta. Nueve temporadas después, la situación es bien distinta y ahora el gran enemigo reside en las propias personas. En su naturaleza. En la supervivencia. El pasado año, cuando entrevistéa Tobias Menzies por «The Terror», aquella recordada serie sobre la célebre expedición británica que se perdió en el Ártico, me lo dijo bien claro: «En situaciones extremas, los hombres se vuelven bestias con el único objetivo de subsistir».

El nuevo enemigo

Lo mismo sucede en «The Walking Dead» desde hace ya un buen puñado de temporadas.Shane fue la punta del iceberg en el que luego se fundieron El Gobernador, el grupo de la Terminal, Los Lobos (no confundir con los de «¡Boom!», ojo), Negan, sus Salvadores... y ahora, en esa espiral tan sanguinaria de destrucción sin límites, han llegado Alpha y Los Susurradores. Una banda que, después de «cargarse» a Jesús nada más hicieron acto de presencia, también han dejado (casi) en nada a aquella fatídica «boda roja» de «Juego de Tronos». En un tris, y para cerrar la novena temporada de la ficción apocalíptica, el sádico grupo de Alpha aniquiló a diez personajes del grupo de los «buenos» de «The Walking Dead». Algunos de ellos, tan relevantes y queridos como Tara, Enid y Henry. Pero a la serie, una vez más, no le importó que sus cabezas quedasen colgadas en picas. Literalmente.

Aunque en toda esa vorágine de devastación, todavía quedan algunos visos de humanidad. El bebé de Rosita, la inocencia de Judith, la alegría de Jerry, el conato de «redención» de Negan –aunque el corazón nos diga que no podamos perdonarle nunca–, el deseo incontrolable de Ezekiel por salir adelante, y sobre todo, el significado real de muertes como las de Carl (pereció por salvar a Siddiq) y las de Ozzy, D.J. y Alek, que sacrificaron sus vidas por intentar, en vano, ayudar a escapar a Tara, Enid y compañía de la trampa letal de Alpha. Porque al final, como dijo Charles Dickens, «cada derrota le enseña la hombre algo que necesitaba aprender». Y por suerte o por desgracia, los personajes de «The Walking Dead» nunca dejan de perder.