Es Noticia

«Love»: Cuando el amor más improbable sí puede tener un final feliz

Acaba la serie de Netflix que gira en torno a la relación de personajes muy distintos, pero unidos por su incapacidad para gestionar sus sentimientos

Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Por pura casualidad, en una tienda se conocieron Mickey y Gus, dos personajes no antagónicos, pero sí tan diferentes que de no haber sido porque los dos decidieron ir a comprar en el mismo momento, jamás se habrían conocido. Aparentemente, en las antípodas y, sin embargo, saltó la chispa que se ha ido fraguando como una relación en las tres temporadas que ha durado la serie «Love».

Tres temporadas que han girado en torno a las idas y venidas de esta pareja embarcada en una montaña rusa emocional, que ha servido de hilo conductor para mostrar que el amor no es siempre bonito, puede ser macarra y grosero, e incluso así enganchar.

«Love», como serie de Judd Apatow (director entre otras de «Virgen a los 40») que es, no es edulcorada ni ñoña, más bien todo lo contrario. Aun así, es capaz de mostrar el enamoramiento de una pareja de una forma entrañable, pero sin caer en la cursilería. Huye del romanticismo, para captar momentos crudos y a la vez cómicos de dos personajes que en teoría no deberían enamorarse el uno de lo otro, pero acaban haciéndolo.

No entraba en sus planes ni tampoco en los del espectador verlos juntos y felices, sobre todo porque ella es una adicta a todo (sexo, alcohol, drogas varias…) y él un patoso bocazas capaz de arruinar casi cada oportunidad que tiene de que las cosas le vayan bien.

Son como el agua y el aceite, sin embargo poco a poco su historia va prosperando contra todo pronóstico. Es difícil que encajen, pero lo hacen porque la química existe gracias, en gran parte, a los dos actores que les dan vida, Gillian Jacobs y Paul Rust. Ambos son capaces de mostrar los rarezas y vulnerabilidades de Mickey y Gus; ambos con un gran miedo a hundirse más en una vida que no son capaces de controlar.

El miedo al fracaso es uno de los aspectos de la personalidad de sus protagonistas que esta serie muestra con más verosimilitud. Cuando vemos a Mickey y Gus aterrados porque se están enamorando es creíble. Al igual que cuando tiemblan porque tienen que tomar decisiones sobre su futuro y asumir responsabilidades que a sus treinta y tantos nunca quisieron o pudieron asumir.

Pero no solo les ocurre a los protagonistas, también a los secundarios. A cada cual más peculiar, y todos ellos con las mismas dudas e igual de perdidos. Sin lugar a dudas, este es uno de los puntos fuertes de esta la serie: las historias paralelas de los otros personajes, especialmente de Bertie (Claudia O’Doherty), la compañera de piso de Mickey, que roba cada una de las escenas en las que aparece con su inocencia y extravagancia.

Love se propone -y lo consigue- mostrar el inicio de una relación desde la honestidad porque no todo es romántico; hay momentos duros aunque sientas mariposas en el estómago. Esta franqueza, aderezada con toques de humor surrealista, logra crear una serie amena y entretenida que ha sabido poner su broche final en el momento justo, dejando al espectador que imagine cómo será el futuro de Gus y Mickey.