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«Looser»: Kitsch, misantopía y comida basura

Soy una Pringada debuta en el mundo de las series con una historia en la que ella misma es la protagonista

Esty Quesada, más conocida como «Soy una Pringada» es la directora y guionista de «Looser»
Esty Quesada, más conocida como «Soy una Pringada» es la directora y guionista de «Looser» - FLOOXER
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Esty Quesada, más conocida como Soy una Pringada, su alias youtuber, se estrena en la pequeña pantalla con una evidente deformación profesional: ha creído que grabar una serie equivale a encadenar vídeos para subir a Youtube. «Looser», que se estrenó el pasado 17 de mayo en Flooxer, el espacio de Atresmedia para los mileniales, es una regurgitación estética que funciona a base de gags bizarros, guiños a la cultura kitsch y una misantropía de emo a punto de cumplir los quince.

Los tres capítulos que han salido hasta el momento carecen de algo que se parezca a una estructura coherente, y nada hace pensar que vaya a ir emergiendo conforme avanza la trama. La serie va tirando sin que suceda gran cosa, y lo que sucede carece de profundidad y es previsible. Parece que todo el armazón de «Looser» no tiene otro propósito más allá del regodeo de su protagonista en el aislamiento, el victimismo y la comida basura: «Con lo fácil que es tener una vida de mierda en mi casa, ¿por qué tengo que intentar que mejorarla?», dice Soy una Pringada en el primer episodio.

Resulta incomprensible cómo la omnipresente pareja de Los Javieres, productores de «Looser», ha podido ver algo merecedor de su atención en un guion tan tosco como el que ha escrito Esty Quesada. El único atributo de sus personajes (interpretados por Brays Efe, Mariona Terés y Jedet Sánchez) es una extravagancia cutre que no da ni para entretener un capítulo, y eso que apenas llegan a veinte minutos.

La guionista y directora de «Looser» hace de sí misma en la serie: una chica apartada de la sociedad y sin amigos que se pasa la vida delante de la televisión y pidiendo hamburguesas a domicilio. Soy una Pringada intenta huir de su caverna y no se le ocurre otra cosa que buscarse a alguien en Tinder para volver al mundo real. La cita resulta desastrosa, de una frivolidad grotesca (como todo lo que rodea a los personajes de la serie), y Quesada termina en una terapia de grupo con otros desheredados de su cuerda.

Ciertamente, «Looser» tiene un trasfondo venerable, de cuento con moraleja sobre una niña gordita que sufrió desde pequeña las burlas y humillaciones de sus compañeros. La mujer que vemos en la serie viene de una infancia en la que sirvió de diana fácil y apetecible para la insaciable crueldad de los niños. Ahora se recluye en su cuarto para alejarse de un mundo que para ella es hostil, pero también es el único que existe. Las buenas intenciones no bastan para hacer una buena serie, y menos cuando se pretende concienciar sobre el acoso infantil y se acaba colando el sobado mantra de «sé tú mismo» como si estuvieran vendiendo perfumes.