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«Por trece razones»

Las lecciones que deja «Por trece razones»

La segunda temporada entremezcla diferentes temáticas con las que pretenden hacer reflexionar a los jóvenes, aunque olvida la esencia de su éxito

Dylan Minnette interpreta a Clay en «Por trece razones»
Dylan Minnette interpreta a Clay en «Por trece razones» - NETFLIX
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«Por trece razones», la serie producida por Selena Gómez, muy criticada a la vez que alabada consiguió su objetivo: terminar con el tabú del suicidio. A través de 13 cintas, Hannah Baker relataba en cada una de ellas los pequeños detalles que le llevaron a tomar esta decisión. Sin embargo, todas las historias tienen varias perspectivas y la verdad no es absoluta. Con esta premisa partía la segunda temporada que era anunciada a través de polaroids, recurriendo una vez más a un material vintage para narrar. «Hannah no fue la única», advertía. Pero lo cierto es que al no ser ya tan novedosa la idea, no obtuvo el mismo efecto. Además, no han jugado con estas instantáneas tanto como se prometía. De hecho, han quedado casi en la sombra y han dejado de ser el hilo conductor de la historia. Y Hannah, también.

La joven sigue apareciendo en la segunda temporada, eso sí, en forma de fantasma. Un ente que demuestra que Clay Jensen no ha superado su muerte y que en ocasiones le da más dolores de cabeza que respuestas. La figura de Hannah llega a ser muy cansina, no aporta nada y esto hace que se consiga alejarse del personaje que en la anterior temporada empatizaba. Así que mientras su personaje desespera al espectador, la historia que coge más fuerza es la de Jessica, una adolescente que también fue violada por Bryce en la primera temporada. Lecciones de lo que es el consentimiento o de cómo poder intentar llevar una vida normal después de esa noche que jamás podrá olvidar, se vuelve la clave de la trama, porque el objetivo es que Bryce, un reincidente violador, acabe entre rejas.

«La sentencia que dicte puede decirle a las víctimas que nuestra historia es real»

A pesar de que el eje de la temporada es el juicio de los padres de Hannah para demostrar la pasividad del instituto ante las intenciones de su hija, lo cierto es que el tabú del suicidio se pasa al tabú de las violaciones. El miedo de no ser creída, del temor al contarlo y ser señalada… sensaciones que atañen a la sociedad y han querido visibilizar durante estos capítulos. Un granito de arena dentro del movimiento #Metoo y una ejemplificación que sin quererlo, además, se adapta perfectamente al contexto español.

En un momento en el que se ha alzado la voz por «el no es no, y si no hay sí también es violación», la serie puede ayudar a los adolescentes a comprender todo este movimiento. Y lo más importante, a distinguir qué es el consentimiento. Jessica se convierte en la voz de todas a las que alguna vez abusaron física o verbalmente de ellas: «la sentencia que usted dicte puede decirle que lo que hizo está mal, se lo puede decir a todos los chicos que se comportan como él y decir a las víctimas que nuestra historia es real» dice en su manifiesto. Innegablemente es imposible obviar su parecido con la polémica derivada del caso de «La Manada»

No obstante, la ficción no quiere dejar el tema ahí, pretende ahondar más en este tipo de agresiones y en el último capítulo muestra la escena más controvertida de la temporada: la violación de Tyler. Unas imágenes muy duras para el espectador e, incluso, innecesarias aunque la pretensión es dar a conocer esta problemática tan silenciada.

En cuanto al bullying, sigue presente a lo largo de los capítulos. Aquellos que estuvieron involucrados en las «razones» de Hannah y que supuestamente comprendieron la importancia de apoyarse los unos a los otros para no sentirse solos, vuelven a equivocarse y a marginar a uno de ellos, a Tyler. Lo que junto a la violación, desencadena su locura y por ende, una de las escenas que, lamentablemente, ya nos acostumbran en los institutos estadounidenses: un tiroteo. Aunque Clay, ese personaje que está desquiciado porque tiene que lidiar con los problemas de todos y al que muchas veces es imposible contener un grito de: «¿Qué estás haciendo?», irremediablemente sigue siendo el más cuerdo y logra pararlo. Eso sí, sin ningún sentido él es quien se queda con el arma en vez de soltarla y salir corriendo, mientras se acercan los coches de policía. Es el único modo de justificar una tercera temporada forzada.

Detalles insuficientes para alargar la historia

Los motivos de estos nuevos capítulos era dar a conocer la visión de los 13 personajes, de los hechos sucedidos con Hannah y que ella no dio en las cintas. Unos detalles, que en la mayoría de ocasiones son irrelevantes y con los que solo se consigue repetir una vez más casi la totalidad de la historia anterior, no ofreciendo casi nada relevante. Los únicos giros que sí sorprenden es que de repente, la joven tuvo una relación amorosa con Zach de la que nadie sabía nada y que estuvo en varias ocasiones con Bryce a solas. Unas nuevas líneas que parecen más bien inventadas e improvisadas tras el éxito de la serie.

Lo mismo ocurre con la casa del club en la que el equipo de béisbol de Liberty High School hace fotografías a chicas drogadas para luego agredirlas sexualmente. La cabaña crea unas falsas expectativas en el espectador que en principio se muestra este escondite como un punto de inflexión en la historia para luego, una vez más, dejarse en el olvido. Una idea que podía llegar a ser buena pero que está totalmente desaprovechada.

Drogas, machismo, desórdenes mentales, violaciones, bullying, violencia, homofobia, suicidios y armas han sido las temáticas entremezcladas en 13 capítulos de una hora, que se hacen tediosos Han alargado una serie que en sus orígenes se justificaba la duración y el número de emisiones. Ahora, ni el título merece ese nombre. Las únicas felicitaciones que le dedico a la ficción son algunas de las frases que deja con sutileza al espectador: «Tenía razones para hacerlo, pero muchas más para no hacerlo», así como ese discurso de Jessica acompañado con los testimonios de otros personajes femeninos que en algún momento sufrieron una agresión sexual. Pero, sin duda, «Por trece razones» más allá de su argumento, que ya se ha convertido en repetitivo y estereotipado, acoge importantes reflexiones para los adolescentes.