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Crítica

«Kidding»: cuando el personaje mediático se come a la persona

Jim Carrey protagoniza esta comedia dramática en la que interpreta al célebre conductor de un programa de televisión infantil. Movistar+ emite un nuevo episodio de la serie cada lunes

Jim Carrey en «Kidding»
Jim Carrey en «Kidding» - MOVISTAR+/SHOWTIME
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El protagonista de «Kidding» llega a su poco familiar y vacío apartamento. Se sienta en la cama. Enciende la television y se ve a sí mismo en un programa de entrevistas de medianoche, presentado por el mismísimo Conan O'Brien. Le acompaña, para mayor delirio –televisivo–, el actor Danny Trejo («Machete»). El protagonista acaba cantando una canción para niños. Entonces cambia a otro canal en el que hay disparos, sangre y muerte. Esta escena, perteneciente al primer episodio, resume a la perfección qué es «Kidding» y, sobre todo, qué quiere contar a su espectador. La primera entrega –son diez– de esta nueva serie de Showtime («Homeland», «Shameless», «Dexter») está en Movistar+ desde el pasado viernes 31 de agosto, pero ayer fue su estreno oficial en Estados Unidos. La plataforma pondrá a disposición un nuevo episodio cada lunes tras emitirse de manera simultánea a EE.UU. durante la madrugada (04.30 h) en el canal Movistar Series (dial 11).

Danny Trejo, Jim Carrey y Conan O'Brien en «Kidding»
Danny Trejo, Jim Carrey y Conan O'Brien en «Kidding» - MOVISTAR+/SHOWTIME

El principal atractivo de «Kidding» es el reencuentro creativo de su actor protagonista, Jim Carrey, y uno de sus directores y productores ejecutivos, Michel Gondry. Ambos son artífices de una de las películas de culto de principios del nuevo siglo: la psicotrópica «¡Olvídate de mí!». Aunque la teleserie –por lo menos durante los cuatro episodios disponibles para la prensa– no se decanta por aquel surrealismo, ambos títulos comparten temática: la nostalgia que acecha, los recuerdos que duelen.

Catalogada como comedia, «Kidding» pertenece a un «cajón-de-sastre» tan dispar e imprevisible como la «dramedia»: un género por el que Showtime –canal de cable «premium»– apostó en sus años mozos para rivalizar con HBO mediante irreverentes ficciones como «Weeds», «United States of Tara», «Nurse Jackie» y «The Big C». De hecho, el creador de este nuevo proyecto, David Holstein, figuró como guionista de «Weeds». Siguiendo la estela de todas ellas, que hicieron del tabú su máxima (drogas, trastorno de personalidad, cáncer...), «Kidding» habla sin cortapisas de la muerte del hijo adolescente de su protagonista, Jeff (Carrey). No es la primera serie de Showtime en hacerlo: «The Affair» ha exprimido durante cuatro temporadas la onda expansiva de la muerte de un retoño.

En una triple pirueta metatelevisiva, Carrey da vida a Jeff, el «Señor Pepinillos», un famosísimo presentador de una suerte de «Barrio Sésamo». Él simboliza la felicidad, la esperanza. De hecho, un episodio abre con una joven que decidió salir adelante gracias al «Señor Pepinillos», quien aparecía diariamente en su televisor. Pero la realidad es otra y mucho menos edulcorada: Jeff está divorciado de su mujer (la eterna secundaria Judy Greer) después de que uno de sus dos hijos –gemelos idénticos, para mayor desatino trágico– haya muerto en un accidente de tráfico. Célebre por sus papeles cómicos, Carrey tuvo que hacer frente al suicidio de su novia –por sobredosis– en 2015; posteriormente fue denunciado sin éxito por el marido y la madre de ella: le acusaban de haber conseguido drogas de manera ilegal.

Frank Langella y Catherine Keener son padre e hija en «Kidding»
Frank Langella y Catherine Keener son padre e hija en «Kidding» - MOVISTAR+/SHOWTIME

En la serie, cada uno de los miembros de la familia afronta la fuerte a su manera («A dos metros bajo tierra» ya mostró las variopintas maneras de hacerlo): un tatuaje, un «porrete» o un programa de títeres que hable a los niños, de tú a tú, que la vida no es de color de rosas. «Quiero hacer un show sobre la muerte, algo especial», espeta Jeff a su jefe y encima padre, interpretado por Frank Langella. Este último ya demostró su buenhacer como figura paternal, autoritativa pero con «su corazoncito», en «The Americans». El gran dilema de Jeff es diferenciar al personaje de la persona. Él quiere llevar el luto a la ficción, pero la tiranía de la television infantil se lo impide.

En búsqueda de algún parecido reciente, «Kidding» se asemeja –en tono ácido y nostálgico, en juego metarreferencial, en temática– a «One Mississippi», la «dramedia» protagonizada por Tig Notaro para Amazon. A la propia Notaro se le murió la madre, primero en la realidad, y luego en la ficción (era la mecha argumental de la serie, de hecho). La valentía de «Kidding», más allá de abrir un melón como la muerte infantil y exponer al siempre-al-límite Carrey, es recurrir a digresiones narrativas que en ocasiones no cobran sentido hasta el final del pertinente episodio. El capítulo cuatro, por ejemplo, abre con dos recolectores de pepinos hablando de lo humano y lo divino (y hasta aquí se puede contar para no arruinar la sorpresa final).

Debido a su contexto metarreferencial –una serie sobre un programa televisivo–, el guion consigue emponzoñar escenas que –a priori– podrían resultar ridículas. En uno de los episodios, el padre de Jeff encarga a su hija y también empleada (Catherine Keener) construir una version idéntica de su hermano en forma de títere. El personaje de Keener (también este septiembre en «Forever», de Amazon) tiene que atender al rifirrafe laboral entre padre e hijo, pero también al combo que forma con su marido e hija.

Con las vicisitudes que otorga Showtime (libertad creativa), y a pesar de sus peligros (alargar sus producciones hasta la extenuación), «Kidding» podría convertirse en una de las ficciones más relevantes de este otoño.