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Game of Thrones 8x03

Juego de Tronos 8x03: La noche es oscura y alberga horrores

[Atención, esta reseña de Juego de Tronos 8x03 contiene spoilers]

A Juego de Tronos, que tan pocos miramientos tuvo para decapitar a Ned Stark, matar a un dragón, quemar a una niña o extinguir a los lobos huargos, de repente le da pánico matar a un puñado de protagonistas

Juego de Tronos 8x03
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[Este artículo contiene spoilers de Juego de Tronos 8x03]

La noche es oscura y alberga horrores. Por los muertos que vienen, los que caen. Y, sobre todo, por los que vuelven a levantarse. Nadie está a salvo en la gran guerra de Juego de Tronos 8x03, pero la cuestión es que casi todos se terminan salvando. La noche es oscura... tanto, que no se ve casi nada. Quizás sea por eso.

Los vivos se creyeron más listos que los muertos y desplegaron una estrategia militar para un combate en campo abierto. No cayeron los tacticistas en que el ejército de caminantes blancos del Rey de la Noche ya no está formado por humanos. En cuanto el hielo se apodera de sus ojos, los espectros crujen pero dejan de sufrir, inmunes al fuego del Dios Rojo y el «dracarys» de los dos dragones vivos, a las espadas curvas de los dothraki, a los colmillos del huargo y al acero valyrio de algunos héroes de Juego de Tronos: desde Jon Nieve (a.k.a Aegon Targaryen) al caído Jorah Mormont.

El hijo del antiguo Lord Comandante de la Guardia de la Noche es uno de los pocos caídosen la Gran Guerra de Juego de Tronos 8x03. Incansables, como los tenistas, los vivos reparten mandobles a diestro y siniestro y, por imposible que parezca, se mantienen en pie pese a la marea de podredumbre, vísceras y huesos. Junto a él, la líder de su casa, Lyanna Mormont, pequeña pero matona, hasta que muere matando a un gigante... para nada. Juego de Tronos es así, a veces impredecible pero siempre cruel, con un propósito claro, sin importar el coste. La joven Mormont, a un gesto del Rey de la Noche, revive con los ojos azules, pero ya es tarde, incluso para los muertos. La noche es oscura y alberga horrores... pero hoy no.

Porque Juego de Tronos engañó a todos. Si en el anterior capítulo, los honores y las sonrisas anticipaban un devastador final para algunos (muchos, demasiados) protagonistas, como Brienne de Tarth, Jaime Lannister, Davos Seaworth, Gendry Baratheon o Tormund Matagigantes, entre otros, las pérdidas al final no fueron tantas pero sí honrosas. Lyanna Mormont muere acabando con un gigante, que la estruja; Jorah, su primo, salvando a Daenerys, de la que lleva toda la serie enamorado; Theon, por fin, se redime y protege a Bran Stark, al que entregó cuando rindió Invernalia; Edd el Penas salva a Sam Tarly, «el primer matador de caminantes blancos»; Beric Dondarrion, después de resucitar tantas veces, se sacrifica por Arya, y Melisandre, exiliada por la fuerza, paga por sus pecados. Todo por un propósito.

—¿Qué le decimos a la muerte?

–Hoy no.

Pelos como escarpias.

A Juego de Tronos, que tan poco le costó decapitar al honrado Ned, matar a un dragón, asaetear al más pequeño de los Stark y exterminar a casi todos los lobos huargos, de repente le da pánico despedirse de sus protagonistas. Ni la infinita marea de caminantes blancos, ni el gélido aliento del dragón resucitado acaban con los héroes en la cruenta batalla que se libra en Invernalia. Los muertos vivientes, que pasan por encima del vidriagon, apagan con sus cuerpos el fuego y caen de los muros de la Casa de los Stark, son incapaces de acabar con ellos. Y el séquito que protege al Rey de la Noche, sus caballeros del apocalipsis, que entran en Invernalia como un grupo de rock, nada pueden hacer ante Arya. Porque nadie, ni siquiera Nadie lo vio venir.

La aguerrida hija de Eddard puede perder la virginidad antes de la guerra. Aunque apenas levante un palmo del suelo, puede avergonzar al Perro Clegane, y rescatar el coraje de ese gran cuerpo asustado y quemado. Ella, que se despojó por fin de su querida Aguja, usó la daga que el que fuera su hermano Bran (a.k.a El Cuervo de Tres Ojos) le entregó, y mató al Rey de la Noche. Primero al de ojos marrones, después, al de los azules. En esa lista que Arya Stark lleva rumiando con rencor durante todo Juego de Tronos, quedan los ojos verdes. Y aunque es con ella con quien late el corazón, la acción gana enteros con Jon Nieve y ese elogiable plano secuencia.

Con todo, Juego de Tronos sienta un muy mal precedente. Con la batalla de Invernalia, la guerra contra los muertos superada... ¿De verdad la Gran Guerra será contra Cersei Lannister? Ni siquiera ella es tan villana como el Rey de la Noche. ¿A quién le importa el Trono de Hierro cuando es la vida lo que está en juego? Será que la humanidad es más terrible viva que muerta.

La noche es oscura y alberga horrores... hasta que llega el alba.