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Cuando OJ Simpson y Gianni Versace quedaron en tablas

Son dos crímenes que conmocionaron a Estados Unidos y a todo el mundo, y ahora son dos grandes series

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Son dos crímenes que conmocionaron a Estados Unidos y a todo el mundo, y ahora son dos series, grandes, pero sin ninguna ganadora clara. Ambas son muy buenas, con un impecable en guion e interpretaciones, y con un mensaje que trasciende el de los hechos que recrea.

Ryan Murphy, el nuevo dios de la televisión norteamericana - con permiso de Shonda Rhimes-, se puso como objetivo recrear los asesinatos que más han impresionado a la sociedad estadounidense y decidió empezar por dos sucesos en los que dos iconos fueron supuesto verdugo y víctima. Comenzó por el asesinato de la mujer de OJ Simpson, estrella del fútbol americano, y su amante; y continuó este año con el crimen del diseñador Gianni Versace.

Comparar ambas series, es como comparar los dos casos: no tienen nada en común, salvo el de tener dos personajes archiconocidos como protagonistas y la cobertura informativa que se hizo de los mismos. Por lo demás, son planteamientos diferentes.

En el de OJ Simpson, el peso de la trama lo tiene el juicio y cómo consiguió el futbolista librarse de la cárcel cuando parecía tenerlo todo en contra. Era un caso de manual para que el deportista estuviera el resto de su vida en prisión y, sin embargo, logró escapar. La justicia se decantó por la fama y la riqueza y quedó en evidencia. El juicio fue la clave, y cómo los medios de comunicación por primera vez tuvieron un papel tan relevante como para retransmitir en directo cada minuto de todo lo que pasaba en ese tribunal. Esta amplísima documentación audiovisual sirvió a Murphy para recrear en su serie todo lo que pasó, casi con planos calcados.

Lo que plasma la primera temporada de «American Crime Story» es qué pasó durante ese juicio para que lo parecía obvio quedase en duda. O para dejarlo más claro, responder a una pregunta que muchos se han repetido algunas veces, sobre todo entre los americanos que se quedaron perplejos ante el veredicto: ¿Por qué OJ no fue condenado?

Sin embargo, en la segunda temporada la pregunta es totalmente diferente. Aquí la serie gira en torno al asesino de Versace y qué lo transformó en un monstruo que no solo acabó con la vida del diseñador, también de otros cuatro hombres.

Así es, Ryan Murphy vuelve hacerlo. En el caso de OJ, él no es el protagonista, lo es su juicio, el sistema legal americano que permitió ponerlo en libertad y los medios de comunicación que emitieron su propio veredicto. Pero principalmente quien lleva el peso de la serie es la fiscal que se propuso ponerlo entre rejas y lo no lo logró: Marcia Clark (una magistral Sarah Paulson).

Y en la segunda temporada sucede de nuevo. Versace no es el protagonista, aunque dé el nombre la serie, ni lo es su hermana ni su pareja. Es decir, ni Edgar Ramírez (Versace), Penélope Cruz (Donatella) o Ricky Martín son el hilo conductor; lo es Andrew Cunanan, interpretado por Darren Criss. Es, quizás, el menos conocido de los actores, pero quien se mete en la piel de un asesino en el que habitan miles de demonios como el odio le lleva a despreciar hasta matar.

Con saltos en el tiempo, se va trazando la vida de Cunanan desde la infancia hasta sus asesinatos para intentar explicar qué convierte a un hombre con una inteligencia y atractivo excepcional en un asesino a sangre fría. Rechazo puede ser la palabra.

En la primera temporada planea también el rechazo, pero en forma de racismo y machismo. El primero jugando a favor de OJ que lo llega a convertirse en un mártir para una sociedad americanada dividida y una comunidad, la afroamericana, que se siente desprotegida ante la policía y la justicia. El segundo jugando en contra de la fiscal, a la que los medios, la defensa y sus propios compañeros llegan a infravalorar por el simple hecho de ser una mujer. Se pone en duda su capacidad y se critica hasta su aspecto físico, una situación vergonzante que ayudó distraer la atención del verdadero acusado.

En la segunda temporada hablamos de homofobia, aunque no es solo esto lo que convierte a Cunanan en un asesino. Sí, siente el rechazo de la sociedad, que mira con recelo a los homosexuales, en plena epidemia del sida, pero aun es mayor el desprecio que siente por los que no ven su grandeza y por una vida que no le ofrece el éxito para el que se siente predestinado. Una mente compleja, confundida y en ebullición que acaba explotando.

En ambas series Murphy utiliza los crímenes atroces que marcaron a un convulsa población americana en los años noventa para lanzar críticas feroces a la sociedad. ¿Hasta qué punto todos somos responsables cuando un presunto asesino queda en libertad o cuando un joven que aparentemente tiene todo para triunfar decide matar? Sí, solo uno aprieta el gatillo, pero los juicios y prejuicios afectan y minan para que algo se desencadene. Sí, probablemente una mente desquiciada y fuera de la realidad moldeada por una familia desestructurada y un padre manipulador, maltratador y estafador influyeron decisivamente en Andrew Cunanan, pero sentirse un paria y un marginado por parte de la sociedad por su tendencia sexual también jugó su papel.

Lo mismo ocurrió con Marcia Clark, ella sufrió en sus carnes la discriminación por ser una mujer en un puesto de responsabilidad y esto acabó enterrando su carrera. A lo largo del juicio contra OJ, pareció más importante tener un peinado desfasado que aportar pruebas y argumentos contra el presunto asesino. OJ quedó libre y Marcia fue condenada.

Él ganó, ella perdió.

Pero entre OJ y Gianni no hay vencidos, ambos ganan, porque Ryan Murphy consigue lo que quiere: hacernos sentir incómodos, porque no somos solo espectadores, somos parte de un jurado que juzga y condena.