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«La que se avecina» nos hace reír a cambio de dar mal ejemplo

La ficción de los hermanos Caballero emite el último capítulo de su décima temporada (Telecinco, 22.30)

Fermín Trujillo y Vicente Maroto se dan el sí quiero
Fermín Trujillo y Vicente Maroto se dan el sí quiero - MEDIASET
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«La que se avecina» se despide del 2017 renovando su título como la comedia española más emblemática del momento gracias a sus datos de vértigo: un promedio del 20,2% de share y 2,9 millones de espectadores. La serie creada por los hermanos Alberto y Laura Caballero ha vuelto a mostrar la «cara mala de la sociedad» a través de sus personajes. Porque sí, los «especímenes» que vemos en el Mirador de Montepinar existen. Da igual lo estridentes que puedan llegar a ser sus personajes, seguiremos relacionándolos con algún vecino o, incluso, con un amigo. «Puede que lo lleguemos a comprar con un familiar», comentaba a ABC Jordi Sánchez, encargado de interpretar a Antonio Recio. Sus historias, aunque llevadas al extremo, son más que creíbles. Los hermanos Caballero tratan temas que preocupan a todo el mundo como la actualidad con la crisis de independencia catalana, los youtubers o la diversidad sexual que compone nuestra sociedad.

«La que se avecina» ha conseguido volver a unir a la familia delante del televisor. Eso es un hecho. Sin embargo, no sé hasta qué punto es adecuado que los peques de la casa vean como Amador reduce su vida a ser un «marido florero» en una constante búsqueda de «salami», como las chicas de Montepinar se hacen pasar por amigas de Alba para conseguir cupcakes gratis o cómo los Cuquis son unos auténticos desastres como padres intencionadamente. ¿Es esa la actitud que queremos fomentar en España? ¿O es que asumimos que todos los espectadores son capaces de desgranar el doble sentido de la comedia?

Obviando esas salidas de tono que deberían hacer aumentar la edad recomendada para ver la ficción, «La que se avecina» se ha empeñado, entre risas, en abrirnos los ojos durante esta décima temporada. La entrega finaliza con la boda de una relación cuanto menos peculiar, una de esas que ni Vicente ni Fermín entienden. Pero no es el único ejemplo de cómo «La que se avecina» ha luchado para que veamos distintas expresiones de amor y que aprendamos a verlas como algo normal, del día a día. También ha mostrado los entresijos de una pareja en la que uno de los miembros es transexual con Alba y Enrique; nos ha contado que importa más lo que te aporte una persona que su sexo, con la cuqui, o de dónde sea, con Sor Chisquilla. Chapó.

Por muchas risas más en el Mirador de Montepinar.