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Inma ZamoraInma Zamora

«The Affair», placer culpable

La serie de Showtime no ha sabido aprovechar la original premisa con la que inició su primera temporada

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[Atención. Este artículo contiene spoilers sobre la última temporada de «The Affair»]

Llego tarde, quizás demasiado, a meter el dedo en la llaga con el final de «The Affair». La serie de Showtime, que se estrenó en 2014 bajo la atractiva premisa de narrar la misma historia desde diferentes puntos de vista, fue aclamada por crítica y público, hasta el punto de llevarse dos Globos de Oro en 2015, uno de ellos para su protagonista, Ruth Wilson.

La primera temporada de «The Affair» dejó a los espectadores con ganas de más. Una trama sencilla (hombre casado engaña a su mujer con una chica más joven), pero que exploraba las emociones de sus protagonistas y las consecuencias de sus mentiras en el entorno que les rodeaba. Todo ello, además, aderezado con una extraña muerte de la que tan solo se proporcionaban pinceladas en cada episodio pero que eran más que suficientes para dotar a la ficción de cierto halo de incertidumbre. Hasta ahí, todo bien.

La serie de Showtime, sin embargo, dejó el listón demasiado alto y prometió más de lo que acabaría cumpliendo. La complejidad de las tramas en las nuevas temporadas acabaron cansando a la audiencia, parte de la cual terminó por convertir a «The Affair» en su «placer culpable», lo peor que le puede pasar a una serie que aspira a la excelencia.

Se ha hablado mucho del dramático giro de la última temporada de «The Affair»: la muerte de Alison Lockhart. Previsible desde el primer capítulo, la caída en desgracia de la protagonista no ha hecho más que confirmar que «The Affair», como sus personajes, está tristemente abocada al fracaso. En la serie ambientada en Montauk, Long Island, nadie es capaz de asomar la cabeza, de salir a flote en ese mar de mentiras, desgracias e incongruencias, en el que todos se acabarán ahogando más pronto que tarde.

Los protagonistas de «The Affair» han optado por tomar siempre el camino difícil, por meterse en un callejón sin salida, por no saber enmendar sus errores. A veces pienso en el tiempo perdido en esas series y programas de televisión que poco merecen la pena. Ver «The Affair» cuando podías estar terminando «Heridas Abiertas». Cada vez tengo menos tiempo para los placeres culpables y hay, no lo niego, algunos a los que no quiero renunciar (pongamos que hablo de «Anatomía de Grey»). Estamos en la etapa del exceso de series, del contenido de nicho, de la búsqueda de la perfección en las plataformas de streaming. «The Affair» no ha sabido aprovecharlo. La «burbuja seriéfila» le ha estallado en la cara.