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Carrie, así la interpreta Claire Danes

Cuatro emitirá las dos primeras temporadas de «Homeland» a partir de enero. Aquí un análisis de uno de sus personajes y actrices protagonistas

Carrie, así la interpreta Claire Danes
Carrie (Claire Danes) junto a Brody (Damian Lewis)
Actualizado
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Cuatro emitirá a partir de enero las dos primeras temporadas de «Homeland». La historia de Brody, que es otro pelirrojo estoico como el Voreno de Roma, parece recordar a Timothy McVeigh, terrorista americano condecorado en la Guerra del Golfo que luego se llevó por delante un edificio federal. Brody es un misterio, un infiel perfecto que engañaría hasta al polígrafo de Concepción Pérez. Entre ser un monstruo y la redención, su destino parece que lo decide Carrie, el personaje más atractivo de la serie.

Claire Danes lo borda. Es investigadora de la CIA, una investigadora jazzística, sincopada, a golpe de intuición, que entra en trances que la llevan magnetizada a la verdad, como si la verdad fuese algo espiritual (la loca verdad de Claire y la mentira racional de Brody). Ella sufre un trastorno, parece ser que el trastorno que alguna vez han asociado a Raquel Mosquera, y Claire Danes ha sabido expresarlo con su ceño privilegiado. Porque si no fuera bastante con sus ojos de fiebre y su boca nerviosa, su frente es como un sudario de aflicción con dos privilegiados huesecillos que expresan emociones inauditas, que captan toda la paranoia americana con el terrorismo y la seguridad nacional.

La gestualidad de Carrie, su fascinación/repulsión hacia el terrorista (Carrie parece la chica de «Es mi vida» insistiendo en «the wrong guy») personifican el alma americana. A veces parece que debajo de Claire estuviera el mismísimo Sean Penn (la máscara de Talía se cayó el día en que actuó con ella el primer histrión incontenible) y su Emmy y el Emmy a Aaron Paul (Jesse Pinkman) permiten fantasear con un duelo de intenso nerviosismo interpretativo en un «crossover» ideal. Carrie también es a veces la rubia tonta que como en las pelis de terror va derechita al peligro y nos hace sufrir. La segunda temporada acaba en punta y afila algunas escenas hacia una textura digna de Coppola. Al acabar, el inmenso Mandy Patinkin sonríe. Se le va elevando una sonrisa plena, semita, fervorosa. Esa sonrisa y la frente dolorida de Claire Danes nos están diciendo algo.