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River Phoenix, el último mito de Hollywood

Cuando se cumplen 17 años de su muerte, el Museo Whitney de Nueva York inaugura una muestra sobre el actor de «Mi Idaho Privado»

Imágenes de la muestra del Museo Whitney - ABC
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En el «showbusiness» sólo hay una forma de preservar la fama. Y puede resumirse en esa frase que dice: «Muere joven y vivirás por siempre».

Ese ha sido el epitafio de algunos de los máximos iconos juveniles del cine de los años 90, juguetes rotos como Jonathan Brandis («La historia sin fin»), Brad Renfro («El ciente»), Brandon Lee («El cuervo») o River Phoenix, ese niño rollizo de «Cuenta Conmigo» que cinco años después sorprendería a la crítica internacional en «Mi Idaho Privado». Por ese drama dirigido por Gus Van Sant, en el que interpreta a un chapero gay enamorado de un colega (Keanu Reeves), un Phoenix versión grunge se llevaría la codiciada Copa Volpi del Festival de Venecia de 1991.

En la noche de Halloween de 1993, Phoenix moriría de sobredosis en los brazos de sus hermanos Joaquin y Rain tras una noche de juerga en The Viper Room, el club nocturno de su amigo Johnny Depp. Tenia solo 23 años y por entonces estaba por terminar «Dark Blood», una película en la que encarna a un joven viudo que, tras la muerte de su esposa, se refugia en el desierto de Nevada para llevar una vida de ostracismo místico.

El film quedó sin terminar y nunca se proyectó, pero eso no impidió que la cultura under lo elevara a mito del cine. Diecisiete años después, el Museo Whitney de Arte Americano inaugura «Shadow», una instalación de video de Ed Lachman y Slater Bradley que rescata esa cinta inconclusa.

Como un espectro

Lachman es un cinematógrafo reconocido, nominado a los Oscar, que trabajó en la producción de «Dark Blood» y, más recientemente, en éxitos como «Erin Brockovich» y «Las vírgenes suicidas». Bradley es un artista multidisciplinario cuyas obras exploran obsesivamente temas como la inmortalidad y la reencarnación en el contexto de la cultura pop. Algunos de sus trabajos anteriores versan sobre Ian Curtis, Kurt Cobain y Michael Jackson, por lo que se ha ganado el calificativo de maestro de la «mitología trágica posmoderna» (las estrellas de rock, los clubs de fans, el culto a la fama, etc.). Él dice que encontró la inspiración para este proyecto en «Final 24», una serie documental emitida por Discovery Channel en el que se recrean las últimas 24 horas de celebridades como Natalie Wood, Sid Vicious, John Belushi y el mismo Phoenix.

Echando mano de los recuerdos e impresiones de Lachman durante la filmación de la última película del joven actor, «Shadow» viene a ser el prólogo de «Dark Blood». Superponiendo realidad y ficción, en la cinta se ve el bar que Phoenix frecuentaba durante el rodaje, uno de esos antros de ruta en medio de Utah, o fotos de él junto a Lachman, lo que convierte a la obra en una «mise en abyme». El visitante irá descubriendo una historia dentro de otra, y a Phoenix como el espectro que conduce toda la narración. «Jesucristo me ha dado la oportunidad de estar en la cima, no voy a abusar de eso», declaró Phoenix en una entrevista a la revista «Interview» en 1991, cuando tocaba el cielo con las manos con su Idaho privado. Pero como un semidiós, abuso del fuego divino, y por eso accedió al Olimpo de los famosos, esa colina donde nueve letras rezan Hollywood.