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Las redes y la corrección política dejan a los Oscar sin presentador

La salida del cómico Kevin Hart para la gala de este año fuerza a la Academia a descabezar el formato y dejar al «show» sin presentador

Kevin Hart
Kevin Hart - Afp
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El culebrón de Kevin Hart y la gala de los Oscar de este año se había convertido en un problema para la Academia de Hollywood, que ha decidido cortarlo de raíz: no habrá presentador en el show de este año. El cómico estadounidense había sido elegido para pastorear la gala a finales del año pasado, pero la dictadura de las redes sociales y de lo políticamente correcto le serruchearon el piso. Pocas horas después de que la Academia anunciase en diciembre su nombre para presentar la gran noche del cine, emergieron comentarios de Hart de tono homófobo, hechos en Twitter hace una década.

El activismo de la corrección política puso el grito en el cielo y los altavoces digitales exigieron disculpas y autoflagelación pública a Hart. En un principio, el cómico optó por no entrar en el ciclo inacabable de petición de perdones y dijo que no se disculparía de actitudes o mensajes de su pasado que ya había explicado y que hacerlo solo aumentaría la voracidad de sus enemigos. La Academia le había puesto en la disyuntiva de hacer un comunicado de disculpa o perder el puesto de presentador. Hart decidió abandonar el barco en un mensaje en Twitter en el que, sin embargo, incluía una «disculpa sincera a la comunidad LGBTQ por mis palabras insensibles del pasado».

Desde entonces, la polémica sobre lasalida de Hartha ganado intensidad, mientras el cómico, poco dado a callarse, ha seguido hablando del asunto. La semana pasada, en el programa de Ellen DeGeneres -una de las voces más reconocidas en la comunidad LGTBQ de EE.UU.- dijo que reconsideraría su dimisión y estaría dispuesto a presentar la gala. Pero este mismo miércoles, entre el griterío de las redes sociales, declaraba en el programa «Good Morning America» que no había posibilidad de que subiera al escenario.

Sin muertos en el armario de las redes

A mes y medio de que se celebre la gala, la Academia ha optado por descabezar el formato. Es una apuesta que se antoja desesperada. En la era en la que se rastrea escrupulosamente y se enjuicia con ferocidad cualquier posicionamiento -con independencia de su contexto o de cuándo fue hecho-, es muy difícil encontrar un presentador con gancho, disponibilidad y sin muertos en el armario de las redes sociales.

En su próxima edición, la gala no tendrá cabeza visible, según ha asegurado la revista «Variety». Era algo que no ocurría desde hace tres décadas, en la edición de 1989, que dejó un recuerdo imborrable y nefasto: un arranque musical protagonizado por Rob Lowe que fue un desastre. La idea de la Academia para este año es que diferentes estrellas del cine aparezcan en varios segmentos durante la noche. En un año con favoritas como «Ha nacido una estrella» o «Bohemian Rhapsody», la gala aprovechará para dar más protagonismo a la música, y se esperan números de Lady Gaga, Dolly Parton o Kendrick Lamar.

El cambio de formato parece forzado, pero viene en un momento en el que la gala es muy cuestionada. El año pasado su audiencia cayó en picado y batió el récord negativo de espectadores. La Academia ya había decidido reducir la duración a un máximo de tres horas, desterrar la entrega de algunos premios técnicos, como el de mejor sonido, y agilizar el proceso de reparto de estatuillas. De paso, se quitará el problema del monólogo de Hart, que se anticipaba explosivo. Esta semana, en el programa de Stephen Colbert, el cómico reconoció que iba a tocar cosas «como lo que está sucediendo ahora mismo», en referencia a la polémica que protagoniza. Muchos en la Academia habrán respirado. Otros estarán angustiados ante la perspectiva de una gala sin presentador cuyo resultado es una incógnita.