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Oscars 2017 ¿A quién creer, a la Academia o a tus propios ojos?

Todos hemos otorgados nuestros propios premios al cine del año, pero ninguno de los premiados ha venido a recoger el premio

De izq a drch, Mahershala Ali, Emma Stone, Viola Davis y Casey Affleck
De izq a drch, Mahershala Ali, Emma Stone, Viola Davis y Casey Affleck - G3ONLINE
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No es nada fácil anteponer el gusto de los demás al propio, e incluso puede que, además de difícil, ni siquiera sea recomendable en la mayoría de las ocasiones. Por eso es habitual y no suele tener efectos secundarios el elegir el propio portero que ha de ir a la selección nacional de fútbol ni la película que debiera haber ganado el Oscar. «Yo», o sea, todos, hemos otorgado nuestros propios premios al cine del año, que también se llaman Oscar, y que tienen la particularidad de que ninguno de los premiados, afortunadamente, ha venido a recogerlo a nuestra ceremonia de entrega. De ser así, hubiera tenido que recibir en mi casa a mis galardonados, es decir, a todos los que desalojaron completamente perplejos el escenario del Dolby Theatre de Hollywood al enterarse de que «La La Land» no era la película premiada; también hubieran venido Mel Gibson como director de «Hasta el último hombre», Denzel Washington como actor de «Fences», Taylor Sheridan como guionista de «Comanchería» (junto a Jeff Bridges como actor secundario de esa película) y dos de las premiadas por la Academia, Emma Stone y Viola Davis, como mejores actrices. Y sí hubiera venido a recoger mi premio (cosa que no ha hecho con el de Hollywood) Asghar Farhadi, el director iraní de «El viajante», la mejor película de habla no inglesa. Mis (sus) preferencias y las de los académicos de Hollywood solo coinciden en algunas categorías, pero hay que aceptar que sus premios son mejores que los míos.

¿Es mejor película «Moonlight» que «La La Land»?, ¿Es mejor interpretación la de Casey Affleck que la de Denzel Washington?, ¿O la de Mahershala Ali que la de Jeff Bridges?... He de escribir que rotundamente no, pero he de admitir que a los ojos de la Academia que premia han prevalecido cualidades que yo no aprecio en la misma magnitud: la pequeñez, el dramatismo y los sutiles brochazos reivindicativos sobre la supervivencia, adaptación y evolución de ese niño negro, marginal y homosexual de «Moonlight» han tenido más peso que la fascinación, el romanticismo y la aceptación sobre los azares de la vida de los personajes de «La La Land»; y que la contención interpretativa de Affleck tenía tanta pegada como el torrente físico y anímico de Washington en «Fences»… Puede entenderse, aunque cueste trabajo compartirlo, pero en el caso de Mahershala Ali, un trabajo corto y vistoso cuya mayor visibilidad consiste en que desaparece rápido, no hay modo de acompasarlo con la lógica si se lo compara con ese sheriff endurecido, paciente y faltón que encarna Bridges en la magnífica película de David Mackenzie.

Ya deberíamos saber que las películas dan «cosas» a quienes las ven, emociones, estados de ánimo, ideas, modelos de comportamiento…, y que su valor a nuestros ojos siempre está relacionado con que eso que nos dan sea lo que queremos tener. Unas, como «Moonlight», dan principios, y otras, como «La La Land», dan finales (el mágico desenlace es tanto un principio vital); unas, como «Manchester frente al mar», dan profundo abatimiento, y otras, como «Hasta el último hombre», dan profundo ímpetu y vigor; otras, como «Lion» o «La llegada», te proporcionan desesperanza y esperanza en grandes cantidades, y otras, como «Fences», te descolocan los principios, los fines, los estados de ánimo y las ideas que parecían sólidas. Todas las películas que se jugaban estos Oscar tienen mucho contenido que verter sobre cualquiera, y no digo yo que no haya que hacerle caso a la Academia y a sus elegidos, pero es más sensato saber lo que contiene la película que vas a ver y desear que te lo vierta encima… ¡Cuidado, igual no se equivocó Warren Beatty sino la Academia!