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Oscar 2019 La agónica muerte de Freddie Mercury que adultera «Bohemian Rhapsody»

Al contrario de lo que muestra la película, nominada en cinco categorías de los Oscar 2019, durante el concierto del Live Aid el vocalista de Queen no conocía su enfermedad, que le provocó la pérdida de la mayor parte de un pie y la muerte, en una lenta agonía que duró años

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Rami Malek es Freddie Mercury en el biopic «Bohemian Rhapsody», con cinco nominaciones a los premios Oscar 201 // - Vídeo: Trailer 'Bohemian Rhapsody'
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En tan solo unos minutos, cambiaron la historia del rock. Freddie Mercury saltó al escenario de Wembley por un costado, junto a Bryan May. Nervudo, daba saltos con sus deportivas Adidas de un lado a otro; agitaba al público del estadio londinense, embutido en unos vaqueros claros y una camiseta interior. Se sentó al piano y empezó con «Bohemian Rhapsody». Era 1985, y a Queen le bastaron veinte minutos para convertir el concierto del Live Aid en algo legendario.

Beodo de energía, pletórico a sus 38, nada en la actitud ni la garra de Freddie Mercury anticipaba su agónico final, ese al que el sida le sentenció seis años después. Lejos de lo que la película «Bohemian Rhapsody» plantea, ni arrastraba la vida como si le pesara ni se planteaba el Live Aid como su último concierto y, muchos menos, como una reconciliación que nunca existió con el resto del grupo. De hecho, después del evento de Wembley aún vendrían cuatro discos más, siendo «Made in heaven» el último editado del vocalista de Queen, cuyo lanzamiento fue ya a título póstumo.

Ni amargo sabor a despedida ni arrepentimiento. Freddie Mercury ni siquiera conocía, antes de saltar al escenario, que su muerte esperaba al caer el telón. Una de las críticas más duras a «Bohemian Rhapsody» ha sido, precisamente, ese baile de fechas que permite jugar con la motivación del cantante de Queen antes del Live Aid. Aunque sí es cierto que el cantante se sometió a una primera prueba de VIH el mismo año en que se celebró el concierto en Wembley, en 1985, no fue hasta dos años despúes, según reconoció su pareja Jim Hutton, que la prueba dio positivo.

Las terribles secuelas de la enfermedad

El dramatismo que «Bohemian Rhapsody», con cinco nominaciones a los Oscar, intentó darle al tramo final de la película, tal vez se traduce en un efectivismo práctico, a costa, sin embargo, de las críticas de la prensa, que no ha dudado en señalar la mala intención del filme en este aspecto. «Nunca he visto a una película distorsionar sus hechos de una manera tan punitiva. Es como si la película quisiera castigar a Freddie Mercury», escribió Mike Ryan, de UPROXX. «La trágica muerte de Mercury a causa del sida fue un momento decisivo a principios de los años 90 en la lucha por la concienciación sobre el VIH. Conectar ahora su enfermedad con su actuación en el Live Aid es frívolo y cruel». Una crítica con la que coincide David Ehrlich, de «IndieWire», que asegura que es «insultante ver cuánto está dispuesta a sacrificar Bohemian Rhapsody por intentar añadir melodrama a la historia de Queen, y humillante ver las dimensiones en las que falla».

El ocaso de Freddie Mercury no fue la crónica de una muerte anunciada. De hecho, pocas personas conocían su enfermedad. El vocalista de Queen prefería que el público escuchase su música movido por pasión, no por la pena. Incluso llegó a negarlo en una entrevista con The Sun. Llevó su tratamiento en la más estricta discreción y, aunque en «Bohemian Rhapsody» se sugiere el deterioro de Mercury, que presenta con un Rami Malek ligeramente demacrado, no fue tal hasta un par de años después, cuando su malogrado estado físico y el parón de giras y conciertos de Queen comenzaron a levantar sospechas sobre su estado de salud.

Sorprendió, por ejemplo, su desmejorada imagen en el videoclip de «I'm going slightly mad», single del disco «Innuendo» lanzado en marzo de 1991. La pérdida de peso de Mercury perfiló los rasgos del cantante, pronunciando su nariz, la dentadura que nunca quiso corregir y su mandíbula cuadrada; su energía, siempre inagotable, se vio mermada por una enfermedad que no daba tregua, y para el cantante, por mucho que lo intentase, terminó siendo imposible ocultar las crueles secuelas del sida.

Según su asistente personal, Peter Freestone, Freddie Mercury no quería que la gente escuchara su música condicionada por su estado, por eso mantuvo su enfermedad en secreto. Por eso, su familia no se enteró de que era seropositivo hasta el último año de su vida, mientras que los integrantes de Queen lo hicieron en 1990. «Probablemente ya os hayáis dado cuenta de cuál es mi problema. Bueno, eso es todo y no quiero que nada sea diferente. No quiero que se sepa. No quiero hablar de ello. Solo quiero seguir adelante y trabajar hasta que me caiga», cuenta Brian May que les dijo Mercury al comunicarles la noticia. Un speech similar al discurso del vocalista en el filme, acorde también con la filosofía con la que compuso la canción «Don't stop me now».

«El peor problema era el de su pie», recordó Nacho Serrano que dijo May. «Trágicamente, quedaba muy poco de él. Una vez nos lo enseñó durante la cena y dijo: "Vaya Brian, perdona si te he molestado enseñándote eso". Yo le contesté: "No estoy molesto, Freddie, excepto por haberme dado cuenta de que tienes que aguantar todo este terrible sufrimiento"», rememora el guitarrista.

Llegado el momento, se rindió ante la evidencia y anunció que estaba enfermo, convirtiéndose en un emblema de la lucha contra el sida, al ser uno de los primeros famosos en hablar del tema, por entonces un tabú.

«He procurado mantener oculta esta situación para proteger mi vida privada y la de quienes me rodean, pero ha llegado el momento de que mis amigos y fans de todo el mundo conozcan la verdad, y espero que todos se unan a mí, a mis médicos y a todos cuantos luchan por combatir esta terrible enfermedad, para luchar contra ella», anunció públicamente el cantante el 23 de noviembre de 1991, incapaz de justificar su deteriorado aspecto. Un día después de comunicarlo, murió.

El triste final de una leyenda

A sus 45 años, pocas aventuras le quedaron a Freddie Mercury en el tintero. Fue el Dios del Rock, y como tal vivió los desmanes de un universo labrado entre gira y gira. Nacido en el Zanzíbar del protectorado británico en el seno de una familia parsi, Farrokh Bulsara se cambió el nombre y, con su nuevo alter ego, acarició las mieles del éxito mundial sobre los escenarios. Ajeno a los rumores que coleaban tras su paso, disfrutó de varias relaciones a lo largo de su vida, engañó y fue traicionado. A golpe de excentricidades, cantó para los «inadaptados» y hasta sobrevivió a la lucha de egos, pero pagó los excesos. Su fulgurante ascenso se frenó tan rápido como llegó. Después de cuatro años combatiendo el sida y de perder la mayor parte de un pie, el VIH le ganó la batalla.