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Wismichu, una mentira de «Bocadillo» y un festival arrepentido

El director del certamen de Sitges pide perdón «a los ofendidos» por la proyección de la película fantasma del youtuber Wismichu

Wismichu, en una imagen de archivo
Wismichu, en una imagen de archivo
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Un «Youtuber» de nombre Wismichu, un «Bocadillo» –título de la que iba a ser su primera película– y un aluvión de protestas que ha culminado con las disculpas del director del festival de Sitges, uno de los más destacados de España. El «experimento» no salió bien. O sí. Porque «Bocadillo» era una especie de «troleo» –por seguir el argot «youtuber»– que Wismichu había preparado a sus seguidores para grabar su reacción durante la proyección en la sala Retiro de Sitges y elaborar con ello un documental. Pero la broma no ha sentado bien al público de un certamen que acude para ver el mejor cine de género, no para ser objeto del mismo. A los fans les pudo incluso hacer ilusión, a los veteranos del evento, no tanto.

El director del Festival de Sitges, Ángel Sala, pidió disculpas al público que se sintió ofendido por este «filme fantasma» que se había anunciado como el primero del youtuber Wismichu y que en realidad era un sketch de tres minutos repitiéndose en bucle. Parte del público que acudió a la sala pidió que se le devolviera el dinero tras comprobar que el supuesto largometraje consiste en una única escena en la que un grupo de jóvenes piden bocadillos en un bar. Ismael Prego, el hombre detrás del nombre Wismichu, aclaró posteriormente a través de las redes sociales que su intención era grabar la reacción de los asistentes. El director de Sitges defendió que les pareció «una idea interesante», pero no eran conscientes del resultado final.

Una «troleada» que ha sido criticada por casi todos y aplaudida por muy pocos. Algunos de ellos, periódicos a los que les ha gustado que Wismichu se haya reído de cómo trabajan los medios de cine y el circuito de distribución –por eso Wismichu repitió tantas veces que su «película» había costado un millón de euros sin que nadie lo desmintiera–. Algún medio ha llegado a comparar la broma con «El show de Truman»... Y hasta con Orson Welles. El propio «youtuber» acabó reconociendo la broma y, aseguró, lo que recaude «Bocadillo» irá a causas benéficas. Del documental poco más se sabe.

Habrá que esperar a todas las reacciones de un sector, el del cine, que vive en su gran mayoría en precario, donde levantar un proyecto cuesta varios años de vida y esfuerzo, cuando finalmente –no siempre– se consigue llevar a buen puerto a base de renuncias y complicaciones. Un espacio en Sitges como el de «Bocadillo» puede suponer para una productora pequeña con un proyecto verdaderamente cinematográfico el espaldarazo de distribución definitivo con el que llegar a su fin –las salas, el público– y hacer viable el futuro de los que participan en una industria cada vez más minada.

Las disculpas de Sitges

Ángel Sala ha explicado que «el festival ha querido abrir un puente con los youtubers y ser receptivo con las nuevas ideas», por lo que han permitido la proyección de Wismichu, igual que lo hizo días atrás con El Rubius.

Sé que hay gente a la que no le gustó y me disculpo con los que se hayan sentido ofendidos -ha dicho Sala-, pero también quiero denunciar la actitud de ciertos voceros impresentables que han insultado a miembros de mi equipo, que son profesionales impecables».

«En las redes hay gente opinando con mucho talento, pero también hay otros que sólo buscan extender el odio y destruir. Nosotros queremos apoyar a las nuevas formas de opinar a través de internet, pero sólo si se hace desde el respeto. No convirtamos esto en un 'Assassination Nation'», ha concluido el director.