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Wim Wenders: «La gente joven no entiende lo que es entregarse al amor»

El cineasta estrena «Inmersión», un drama que mezcla amor, ciencia y ayuda humanitaria

Wim Wenders, en el pasado Festival de San Sebastián
Wim Wenders, en el pasado Festival de San Sebastián - Gari Garaialde (FSS)
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Wim Wenders nació en Düsseldorf cuando apenas quedaban 15 días de Guerra Mundial. Las ruinas de su ciudad fueron el telón de fondo de su infancia como la sociedad es el telón de fondo de su cine. Siempre atento a la actualidad, ya sea en la ficción («París, Texas», «El cielo sobre Berlín») o el documental («La sal de la Tierra»), Wenders se ha preocupado por tomar el pulso al mundo. Ahora regresa con «Inmersión», un arriesgado cóctel donde mezcla ayuda humanitaria, yihadismo y ciencia sobre el cambio climático. Demasiada densidad que el cineasta, reconoce, ha tratado de rebajar «con amor» y con la ayuda de Alicia Vikander y James McAvoy.

[Crítica de Inmersión]

P - En «Inmersión» enfrenta dos formas de «salvar» a la sociedad, la ciencia y la ayuda humanitaria. ¿Ve realmente ese choque?

R - En el siglo XXI, la humanidad sigue teniendo la oportunidad de elegir. Todavía podemos hacer algo para paliar la pobreza y que esta no desemboque en terrorismo. Si todo el dinero que se invirtió en la guerra de Irak se hubiera invertido en luchar contra la pobreza, hubiera sido mucho mejor.

P - En dos escenas, el personaje de Alicia Vikander reconoce que «nunca ha visto un pobre» y en otra cierra el periódico porque no le interesa la actualidad. ¿Es una metáfora del ensimismamiento de la sociedad europea?

R - Es una metáfora de la civilización de nuestros días. La mayoría de nosotros no conocemos la pobreza de primera mano, y el terrorismo nos asusta pero pensamos que no podemos hacer nada. Pero no es verdad. La mayoría de los actos terroristas en Europa no son de extranjeros, son de gente nacida aquí, así que es un fallo de integración. Y estos fallos de integración es algo que podemos manejar y que podemos cambiar. La integración es un reto difícil y largo, pero si nos rendimos el terrorismo no acabará nunca.

P - ¿Cómo planteó el reto de unir tres mundos tan separados como el de la investigación, el terrorismo y el amor?

R - Nunca me hubiera atrevido a contar el tema del terrorismo o la investigación submarina por separado sin una historia de amor, porque hubiera sido demasiados oscuro. Me atreví a hacerlo porque había una historia de amor. ¿Es complicado? Sí, porque la realidad de hoy en día demuestra que todo está interrelacionado, ya no podemos vivir en nuestra burbuja. Es una narración compleja porque refleja la realidad compleja de hoy día. Lo único que puedes hacer como cineasta en un mundo tan oscuro, es poner luz. Y esto es lo que quiero hacer con esta película y con esta historia de amor en este mundo tan oscuro.

P - ¿Cómo ve el amor en este siglo XXI?

R - Hay un gran obstáculo para el amor: el efecto que produce tener tantas opciones. El amor es la única cosa del ser humano donde no caben las opciones, solo funciona cuando te entregas sin condiciones. Sin embargo, seguimos queriendo tener abiertas las puertas que el mundo nos ofrece. Hoy tienes internet, donde puedes tener citas con mucha facilidad, pero la gente joven no entiende lo que es entregarse al amor. En la película, los protagonistas no se dicen «Te quiero», dicen, «Estoy dentro, me comprometo», como si fuera un negocio, pero no se comprometen.

P - Usted ha mirado la realidad desde la ficción y desde los documentales. ¿Por qué ha elegido ahora la ficción?

R - No hubiera sabido hacer un documental sobre el terrorismo. La ficción te da la oportunidad de mirar a la realidad con tu propio punto de vista y tu propia perspectiva “utópica”. Y es muy difícil hacer un documental desde tu propia utopía porque tienes que reflejar la realidad.

La Pregunta

P - ¿Cómo ve el presidente de la Academia de Cine Europeo la industria?

R - No soy negativo frente a la realidad del cine europeo, pero sí estoy triste. La realidad es que tenemos un gran talento y una gran tradición de cine en España, en Italia, en Dinamarca, en Polonia… y hacemos las mejores películas del mundo, pero muy poca gente las ve en comparación con las que llegan de Estados Unidos. ¿Por qué? Porque los cines están en manos de otros poderes y de unas empresas que no quieren que las películas viajen por el mundo.

Alicia Vikander y James McAvoy
Alicia Vikander y James McAvoy