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Ai Weiwei: «Me veo a mí mismo en los niños refugiados»

El artista y activista chino lanza un grito de auxilio por los desterrados en su último documental, «Human Flow», presentado ayer en la Seminci

Ai Weiwei, este lunes en Valladolid
Ai Weiwei, este lunes en Valladolid - EFE
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El idioma chino tiene cerca de cincuenta mil caracteres. Hay que combinar tres de ellos para escribir el nombre del artista Ai Weiwei (Pekín, 1957), aunque pocos se atrevan a hacerlo en su país. Disidente del Gobierno chino, vive exiliado en Berlín desde 2015 con la sombra del régimen siempre presente: «Nunca he sentido miedo, he podido hacer lo que he querido gracias al apoyo de mi familia», explicó el artista tras la presentación ayer de su documental «Human Flow» en la Sección Oficial de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). Un documental que no se verá en China, país al que ha evitado incluir en el filme, por el veto que tiene: «Si en los créditos pusiera el nombre de otro director, sí que se estrenaría allí».

Escena de Human Flow
Escena de Human Flow

Es la quinta vez que Ai Weiwei se adentra en los territorios del cine. Dos como protagonista y tres, con esta, como director. En «Human Flow» viaja a 400 campamentos de refugiados de 23 países para mostrar a parte de los 65 millones de personas en todo el mundo que se han visto obligadas en los últimos años a abandonar su tierra en el mayor éxodo humano que se ha vivido desde la Segunda Guerra Mundial.

Todo comenzó de manera casi anecdótica. Cogió su móvil y grabó, algo que hace constantemente, ya esté frente a una barca repleta de inmigrantes en Lesbos o en un hotel de cinco estrellas con un periodista, un traductor y un guardia de seguridad que lo escolta. «Cuando comencé el proyecto no tenía mucha información y conocimiento sobre el tema de los refugiados. Rodaba con mi teléfono... Después, el equipo fue creciendo hasta ser más de 20 personas. En total tenemos más de 600 entrevistas y más de 900 horas de grabación», explicó tras el pase de la película, que se estrenará en la próxima primavera, y que fue acogida con aplausos del público.

Protagonismo total

La película comienza con un plano aéreo -se repetirán a lo largo de todo el documental- de la inmensidad del océano en el que se vislumbra una lancha náutica con centenares de refugiados sirios. En la siguiente escena, la barca alcanza una playa donde les espera ayuda humanitaria, mientras se ve al propio Ai Weiwei grabando. Su presencia salpica todo el documental. El artista lo justifica en el hecho de querer dar un toque más «realista». «No estaba rodando una película de humor negro ni tampoco un documento que narre la historia de este mundo. Mi presencia es para diferenciarme de lo que cuenta la prensa», argumentó, y niega cualquier atisbo de egocentrismo. «Eso sería una interpretación equivocada. Me gustaría ser como Tintín, ser ese niño que recorre el mundo».

«Si no podemos cumplir con los derechos de las personas, la democracia es una mentira»
Ai Weiwei, Artista

Además, espera que el documental movilice a la gente: «Cuando vemos en los medios o las redes sociales este problema, se suele pensar que es cosa de los demás, que no nos afecta. Lo contemplamos como si fuéramos espectadores, pero esa política nos afecta a todos. Tenemos el derecho y la obligación de participar en el destino del mundo que compartimos», explicó, para continuar después en la defensa de los valores de todos: «Si no podemos cumplir con los derechos de las personas, la democracia es una mentira».

Ai Weiwei no es un refugiado, pero sabe lo que es vivir en el exilio. «Nací en 1957, y ese mismo año mi padre fue enviado al otro extremo de China para trabajar en el campo. Durante dos décadas, el Gobierno no le permitió escribir (era poeta), y le obligaban a limpiar lavabos comunitarios de zonas rurales. En esa época vivíamos en una gruta que excavamos en la tierra y nos tapábamos con hierbas. Fuimos ignorados porque teníamos diferentes opiniones políticas, culturales y artísticas», recordó, «por eso me veo reflejado en los niños refugiados».

Escena de Human Flow
Escena de Human Flow

Pese al drama que refleja a lo largo de los 140 minutos, su mirada, aparte del dolor, transmite esperanza: «si hay algo que une a los refugiados, es el deseo de vivir, la esperanza de encontrar un trabajo y dar una educación a sus hijos. Eso les hace ser valientes para afrontar el día a día», explicó el artista, que critica a los poderosos: «El mundo está gestionado por intereses económicos que están por encima de todo. Los refugiados merecen nuestra atención y, si no la reciben, significará que el mundo será cada vez peor y más corrupto».

El arte como salvación

A lo largo de la película van sucediéndose las secuencias grabadas en países donde los inmigrantes comparten con Ai Weiwei sus anhelos, frustraciones, miedos... En medio del relato introduce citas de poetas, escritores o políticos de las zonas afectadas. «El arte tiene que estar vinculado con la política, sin ese vínculo sería muy superficial». Y añadió: «Para mí, el arte que refleja y muestra el derecho humano es una base muy importante para un país democrático».

«El arte tiene que estar vinculado con la política, sin ese vínculo sería muy superficial»
Ai Weiwei, Cineasta

En una de las escenas más controvertidas de «Human Flow», Ai Weiwei amaga con intercambiar su pasaporte con un refugiado iraquí. El joven se emociona ante la posibilidad de tener un documento que sí le abriría fronteras. Al final, el artista le abraza, le dice «te respeto» y recupera su documento. «Esa escena tiene un toque irónico, porque la protagonizo yo, que hace dos años no tenía pasaporte. Además, ese pasaporte no es útil: si eres un refugiado, nunca tendrás la seguridad de vivir en tu país, que es lo que me pasa a mí. Él y yo estamos en la misma situación».