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Trece años sin nominaciones al Oscar a mejor película extranjera: ¿Qué debería hacer el cine español?

«Verano 1993», una película que «desborda emoción, sutileza y buen cine», tampoco pasa el corte de una categoría donde España fue potencia. ¿Hay que mejorar la promoción exterior o seleccionar otro tipo de filmes?

Anna Castillo e Yvonne Blake en septiembre, cuando se anunció la candidatura de Verano 1993
Anna Castillo e Yvonne Blake en septiembre, cuando se anunció la candidatura de Verano 1993
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Otra vez, y ya van trece años, España se queda sin opción de competir por el Oscar a la mejor película extranjera. «Verano 1993», la candidata elegida por la Academia de Cine, no ha pasado el primer corte. Es la peor racha en la historia de nuestro cine en una categoría que siempre le fue propicia con talentos como Juan Antonio Bardem, Luis García Berlanga o José Luis Garci. Desde que en 2005 Gwyneth Paltrow entregara el Oscar a Alejandro Amenábar por «Mar Adentro», ninguna cinta española ha vuelto a colarse entre las cinco finalistas y tan solo dos pasaron la criba inicial:«También la lluvia» (2009), de Icíar Bollaín y «Volver» (2007), de Pedro Almodóvar.

Nadie duda de la elección de «Verano 1993», que ganó como mejor ópera prima en el Festival de Berlín y la National Board of Review la sitúa como una de las cinco mejores cintas en lengua no inglesa del año. La película de Carla Simón «desborda precisión, emoción, sutileza y buen cine», en palabras de Oti R. Marchante, pero es obligatorio abrir el debate ante este desierto de nominaciones: ¿Elige bien España su representante para el Oscar de la categoría? ¿Se hace todo lo posible por promocionar el cine español en Hollywood?

El sistema de elección es simple. De los votos de los 1.600 académicos españoles salen las tres precandidatas. De esas tres, los mismos académicos eligen la que irá a los Oscar. Solo cinco de las trece últimas seleccionadas han ganado después el Goya a mejor película...que eligen esos mismos académicos. «Ni ven las películas, ya que no es obligatorio para votar, ni las analizan: eligen a las seis o siete que pitan cada año», relata un miembro de la industria. «Entre los académicos no hay un sentido de representación», remata.

Todo es política

Cuentan que el productor Andrés Vicente Gómez echó el resto para que «Belle Époque», de Fernando Trueba, resonara en cada rincón de Hollywood. Echar el resto significa «una inversión enorme» que, en aquella ocasión, 1993, valió un Oscar. Almodóvar, que ha ido en seis ocasiones, ganó en 1999 con el «resto» y la fuerza de Sony. «En Hollywood no se puede pedir el voto directamente y tampoco dar regalos.Lo revisten de una pátina formal... Parece una campaña política», cuenta quién ha vivido desde dentro esta situación.

La productora es quien asume el coste de la promoción. El ICAA colabora con 20.000 euros, algo «muy inferior» al gasto mínimo que se debe hacer si se quiere llegar lejos. Pese a todo, la gran diferencia la marca la distribuidora de la película en EE.UU., en palabras de María Zambrano, la productora de «Verano 1993» que acompañó a Carla Simón en el viaje de la película por Los Ángeles. «Depende de si tu distribuidor allí es independiente o una división de una “major” como Sony Classic o Focus, explica con detalle. «Son ligas diferentes».

Así, el debate está abierto:¿Qué debe hacer España, el tercer país con más Oscars en la categoría sólo por detrás de Italia y Francia, para volver a competir? Algunos cineastas se cuestionan si no se debería apostar por una cinta producida por una televisión que invierta en la promoción allí. Por su parte, uno de los consultados lo achaca a la mayoría de actores entre los académicos: «Hay una predominancia del alma en la Academia. Entre una película de Bayona o el alma, eligen la tristeza», asegura. «El año que enviamos “Los lunes al sol”, que no pasó el corte, “Hable con ella” ganó el Oscar a mejor guión. O el año de “El baile de la Victoria”, “Los abrazos rotos” fue nominada a los Globos de Oro».