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Trainspotting 2: veinte años no son nada en el tren de la nostalgia

Repasamos cómo el tiempo ha cambiado a los protagonistas del clásico de Danny Boyle

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Los «fab-four» del barrio

Hace 20 años, el estreno de «Trainspotting» marcó a una generación de jóvenes que la vieron en los cines. La película de Danny Boyle les escupía a la cara la realidad que se vivía en las calles: la heroína, los hurtos y la ausencia de futuro eran el día a día de algunos jóvenes; el resto veían la decadencia pasar a su lado, cuando no sufrían las consecuencias. Esa realidad, tan crudamente explicada en pantalla, junto a una banda sonora exquisita y de consumo rápido, convirtieron a estos cuatro locos de Edimburgo en el reflejo de los jóvenes que se descarriaban por la vieja Europa.

Pero «Trainspotting» no solo marcó a los chavales que crecieron en los 80. Su potencia visual sedujo a generaciones futuras. Gente que incluso nació más tarde de la fecha de estreno descubrieron la cinta y se engancharon. Lo que les sedujo no fue lo mismo que a los anteriores. En los primeros años del nuevo milenio ya no había «yonkis» enganchados al caballo deambulando como zombis por las calles, ya no había jeringuillas tiradas en los parques. En principio, esa nueva audiencia no podía sentirse identificada porque nada de lo que se veía en pantalla era identificable. O sí. Los personajes desencantados, sin futuro y sin nada que hacer eran ellos. No había heroína, pero sí falta de expectativas. Ocurrió igual con otras películas como «El club de la lucha» o «Donnie Darko». El reflejo de la «Generación X» veinte años después.

«T2: Trainspotting» se ha convertido en la primera película nostálgica para parte de un público que la vio por primera vez hace tan poco tiempo que no debería ser natural ese sentimiento. Y lo es porque, precisamente, desdobla el tiempo. En 2007, un chaval nacido en 1990 tenía 17 años y veía por primera vez un filme estrenado en 1996. Diez años después veía a unos personajes por los que han pasado veinte años en apenas un suspiro. Si a ello se le suman los artificios y trampas de Danny Boyle para que todo se llene de recuerdos, la nueva película se convierte en un cóctel no apto (o altamente recomendable) para melancólicos. Entre tanto, y como demuestran las siguientes imágenes, ellos siguen siendo gente sin futuro.

Mark Renton

Ewan McGregor (el actor que ha hecho más carrera de los cuatro) vuelve a encarnar a Renton. Tras huir a Amsterdam hace 20 años, regresa a Edimburgo. Adicto a correr en sustitución de la heroína, sigue siendo un fracasado con carisma

Simon «Sick Boy»

El personaje interpretado por Jonny Lee Miller no ha evolucionado. Ahora es un estafador de poca monta y adicto a la cocaína que aprovecha su supuesto amorío con una prostituta para desvalijar a sus clientes. Quiere vengarse de Mark Renton como sea

Daniel «Spud» Murphy

No se puede decir que el personaje interpretado por Ewen Bremner haya ido a mejor. Su adicción a la heroína le aparta de su familia y, pese a que lucha por salir de la droga, no puede. Solo la llegada de Mark y su don para narrar el pasado pueden salvar a la única persona con buen corazón de la saga.

Franco «Begbie»

El violento del grupo (el camaleónico Robert Carlyle) ha pasado en prisión todo este tiempo con la idea de matar a Renton. Alcohólico -como siempre- y con su nueva adicción, la viagra, el único de la banda que no se enganchó a la heroína sigue fuera de control: peligroso y capaz de todo. Solo su hijo, que gracias a su madre estudia en la Universidad, puede aplacar su ira