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Thomas Vinterberg: «Dogma 95 fue una reacción contra el "auteur", hoy sería contra lo comercial»

El cineasta regresa con «Kursk», una ambiciosa coproducción europea que relata la tragedia del submarino ruso en el que murieron 118 marineros

Thomas Vinterberg, en el rodaje de «Kursk»
Thomas Vinterberg, en el rodaje de «Kursk» - abc
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En el año 2000, cuando el submarino K-141 Kursk se convirtió en un ataúd atómico para 118 marineros rusos, el cineasta danés Thomas Vinterberg (Frederiksberg, 1969) vivía sus días de gloria. Con apenas 29 años impactó al mundo con «Celebración», y el movimiento Dogma 95 que fundó junto con Lars von Trier se extendía como una ola imparable por todo el continente. 18 años después, el submarino y el cineasta se encuentran en la película «Kursk», y lo que provoca es más vértigo que claustrofobia: el de ver cómo aquel exponente del cine desnudo y sin artificios llena de melodrama todo lo que rodeó a una tragedia con la que, según dice, «murió con la libertad de prensa en Rusia».

P - He leído que los rusos estaban dentro de la coproducción para rodar «Kursk» pero que terminaron por salir del proyecto. ¿Fue una liberación para usted?

R - Fue lo mejor, sí. Tengo que subrayar que no llegaron al proyecto por mi voluntad, el estudio lo decidió por temas económicos. Queríamos rodar en los barcos de la marina rusa, y por esa razón tenían que leer el guion y podían tomar decisiones... Y la cosa se fue complicando... Que se fueran nos dio más libertad para contar la historia de las familia como pensamos que fue.

P - Se centra mucho en las familias, víctimas colaterales atrapadas entre el submarino y el hermetismo del Gobierno que recuerda a lo peor de la URSS...

R - Es verdad que la Unión Soviética no existía cuando se hundió el Kursk, pero estaba todavía detrás «el poder ruso». Cuando se hunde el submarino, británicos y americanos ofrecen ayuda, pero los rusos la rechazaron. Fue una oportunidad para que el Este y el Oeste se unieran, hubiera tenido un valor simbólico importantísimo. En lugar de eso, lo que sucedió fue el fin de la libertad de prensa en Rusia... Y ahora estamos viviendo la segunda guerra fría.

P - ¿Le dijeron algo los rusos cuando vieron que Putin no aparecía en el guion?

R - Nunca nadie dijo nada en contra de la decisión, que fue mía, de no meter a Putin. Fue una decisión artística. No quería que la película sirviera para señalar con el dedo acusador y, lo más importante, no quería tener a un actor que fuera como un imitador de Putin.

P - El espectador ha visto grandes películas de submarinos a lo largo de la historia... ¿Se ha inspirado en alguna?

R - Normalmente hago películas más pequeñas, así que lo que hice fue buscar películas que me inspiraran para hacer cosas grandes. Quería combinar grandeza con veracidad, porque siempre he buscado la credibilidad. Miré películas como «Das Boot», claro, que era intimidantemente buena. La volví a ver de nuevo antes de este rodaje y me pareció todavía mejor. Fuera de los submarinos vi también «El cazador», pero esta la veo siempre antes de empezar a rodar una película. También pensé en el cine de David Lynch en busca de esas amplias panorámicas... Estas fueron mi inspiración.

P - En «Das Boot» los protagonistas eran los de «el otro bando», algo que no es habitual en el cine. En «Kursk» hace algo similar con los rusos...

R - Era un riesgo, porque soy danés y ellos hablan inglés... Me daba tanto miedo que estuve a punto de rechazarlo porque no quería que pareciera que había un punto de arrogancia al hablar de los otros. Pero decidí aceptarlo con humildad y respeto. También quise mantener la curiosidad sobre qué significa ser un marino ruso, pero con la curiosidad de periodista. La curiosidad es la fuente de mi trabajo. Cuando hice «Celebración» era lo mismo, era acerca de la sociedad pija que yo hasta entonces no conocía... Me decían: «¿cómo vas a hacer esto?» Y yo: «Pues esto es lo que hago, investigo la naturaleza y la conducta humana». Y es lo mismo que he hecho aquí.

P - ¿Le molesta tener que dar explicaciones sobre las decisiones creativas que toma, como la de que los protagonistas hablen inglés o la de quitar a Putin?

R - Respondo siempre porque soy muy educado (risas). En realidad sería casi mejor no responder a esas preguntas porque hace que desaparezca el misterio del arte.

P - Y responder siempre, en todos los países a los que vaya a presentar la película, a las mismas preguntas... ¿Cambia la forma en la que ve su propia película?

R - Pues sí. Y es una pregunta interesante. La película, en cierto modo, se aclara, o al menos su recuerdo. Esa idea se trastorna un poco también cuando sale al encuentro del mundo. Uno la vive de una manera antes de lanzarla al público, como con esperanza, y después llega la realidad. Y es un momento brutal, da igual si tiene críticas maravillosas o no, tardas años en recuperarte. Pero hablar de la película con intelectuales es un proceso curativo, sanador.

P - ¿Dirigir es también renunciar?

R - Sí, hay cosas a las que tienes que renunciar: tienes compromisos, hay también actuaciones que te decepcionan... Pero también encuentras tesoros y surgen posibilidades. En «Kursk» me dieron un equipo de 200 personas y dije: «quiero hacer una escena de tres minutos sin cortes y rodando debajo del agua. ¿Es posible?» Y fue posible gracias al trabajo de esta gente, que me dio cosas que yo jamás podría pensar... Es como la vida, un equilibrio entre la decepción y lo alegría.

P - Factores que en cierta medida dependen del dinero...

R - Sí.. Teníamos 35 millones, pero es muy poco para una película así. Por eso es una película extraña, un poco como de arte y ensayo, como un ejercicio en un submarino. Lo más doloroso son las cosas que no puedes terminar. Hay un dicho muy típico que es que el creador nunca termina su película, simplemente te la arrancan en un determinado momento.

P - Y qué ha dejado fuera...

R - Sería peligroso decirlo porque el público iría al cine a buscarlo. Lo que logramos, aún así, es milagroso con este dinero.

P - 35 millones que salen de una gran coproducción de varios países europeos... Y aún así estamos muy lejos de cualquier presupuesto mediano de Estados Unidos. ¿Cómo ve el futuro del cine europeo, estamos más lejos que nunca de EE.UU?

R - No lo sé, realmente no lo sé... Creo que no se nada de lo que sucede en la industria actual. Solo sé que nada es hoy como lo fue ayer. Todos los cambios son drásticos y rápidos. Las nuevas plataformas, los nuevos medios, han cambiado las cosas. Estos cambios han surgido después de las crisis financieras, como una reacción al miedo, y el resultado es un gran conservadurismo. Y en el cine es incluso más agudo. Haber hecho «Kursk» es un milagro que no sucederá muy a menudo... Es como un antiguo animal moribundo.

P - ¿El movimiento Dogma hubiera sido posible hoy, con estas plataformas, con este conservadurismo de quien pone el dinero?

R - Sí, creo que sí, y que sería muy sano en el ambiente actual. Nosotros queríamos desvestir al cine y ver la verdad desnuda. Reaccionamos contra el cine de los años 90 y ese sentido de «auteur», aquel gusto y aroma de los directores, y también contra la mediocridad que había en la industria. Todo eso hoy ha desaparecido. El cine de autor está en un rincón, incluso Cannes está arrinconado frente a Venecia que no para de crecer con el cine de Hollywood. Ahora la reacción sería una reacción contra lo comercial en el cine.

P - Los directores jóvenes están teniendo esta reacción

R - No sé dónde van los jovenes directores, pero sé que lo más interesante que estoy encontrando está en la televisión.