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Steve McQueen: «Si hubiera rodado "Viudas" en Madrid también habría desigualdad, solo hay que abrir los ojos»

El ganador del Oscar por «12 años de esclavitud» regresa con un filme de atracos, mafia y política donde ellas dan el golpe final

Steve McQueen, director de Viudas, en su reciente visita a Madrid
Steve McQueen, director de Viudas, en su reciente visita a Madrid
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A Steve McQueen se le confunde por el nombre y por el tema de sus últimas películas, pero se le encuentra en su estilo (cinematográfico y personal). Su nombre remite inevitablemente al actor de «La gran evasión», y por su carrera -«Shame», «12 años de esclavitud»- parece haberse criado a la sombra de las montañas de Hollywood. Pero cuando habla, cuando saluda al periodista en su reciente visita a Madrid, su origen británico resuena en cada palabra y gesto cargado de estilo «posh». El mismo que rezuma su cine. Ahora regresa con una película de atracos elegante en la forma y visceral en el fondo. Cuatro jóvenes viudas reciben como herencia acabar el trabajo que sus maridos ladrones dejaron a medias. Unas novatas que deben enfrentarse a lo peor de una sociedad de la que ellas son, consciente o inconscientemente, parte activa por mucho que les duela.

La terna, liderada por Viola Davis, la completan Michelle Rodriguez, Elizabeth Debicki y Cynthia Erivo. Dos afroamericanas, una hispana y una centroeuropea. El retrato de una América profunda que poco tiene que ver con el «far west», aunque los duelos al sol siguen existiendo en guetos como los de Chicago, donde ocurre toda la trama. «Estas mujeres no tienen nada en común excepto el pasado de sus maridos, pero deben superar sus diferencias para trabajar juntas y tomar el poder», admite el cineasta, que ganó el Oscar con su anterior filme en 2013.

Un discurso, el de las mujeres empoderadas, que llega en el momento oportuno, pese a que Steve McQueen jura y perjura que comenzó a escribir el guion mucho antes de que la ola del Me Too lo inundara todo. Una excusa como cualquier otra para apartarse del asunto: «No hice Viudas para aportar nada al debate del feminismo, pero es genial que se pueda utilizar para profundizar en esta conversación aunque nunca fuese mi intención. Me siento orgulloso», reconoce al fin.

Desencadenado

Pese a todo, sorprende cómo en «Viudas» todos los personajes femeninos son «positivos» y todos los masculinos malos. Sin miramientos. No hay un hombre con algo de bondad en su interior, todos son mentirosos, corruptos, manipuladores... Frente a ellos se levanta Viola Davis con una fuerza a la que ya ha acostumbrado al público. La actriz, que ganó el Oscar por su papel en «Fences», suena para una nueva nominación -e irían cuatro- con la que se acercaría a Meryl Streep. «Se la ha comparado muchas veces con Meryl Streep, pero Viola no ha tenido la oportunidad de hacer los personajes que ha hecho Meryl porque su galería de papeles está limitada», defiende el director.

Violencia y elegancia

Cuando se habla de una película de atracos con estilo, la referencia actual que viene a la cabeza es «Ocean’s Eleven», de Steven Soderbergh, aunque en «Viudas» el glamur se queda en la cámara de Steve McQueen, no en los personajes. La historia está cargada de políticos corruptos, de mafiosos sin escrúpulos, de violencia desatada... Y todo se entremezcla y teje a través del hilo de estas cuatro heroínas que no servirían de ejemplo ni en la cárcel.

La clave de toda esta violencia tan pegada a la piel y a las calles es, reconoce, la desigualdad de Chicago, un escenario que escogió como espejo de Estados Unidos. Aunque el director y guionista quiere extrapolarlo al mundo. «El escenario era ideal porque las diferencias se ven a simple vista», explica McQueen, que pone de ejemplo una secuencia en la que, a tiempo real, se pasa de uno de los peores arrabales a la casa del gobernador en tres minutos. Una casa que, cuentacomo anécdota, está a dos manzanas de la de Barack Obama. «Si hubiera escogido rodar en Madrid seguramente también veríamos esas desigualdades, solo hay que abrir los ojos». Sin embargo, y aquí hay algo de orgullo, se le replica que la violencia en España no es comparable, y que en la propia “Viudas” se habla de que hay cerca de cuarenta tiroteos al día en Chicago. «Bueno, quita las armas, pero en lo demás sí que hay similitudes. Sin duda hay ataques raciales y otras formas de violencia», defiende McQueen, que pasa al ataque en forma de pregunta: «¿Sabes los apuñalamientos que tenéis en España? Me interesaría saberlo…». Cuando se le enseña el bajo ratio de violencia responde con un simple «ok» y acaba por alegar que «toda la película es un mensaje contrario a la violencia y la devastación que provoca». «También por la facilidad de poseer un arma», confiesa finalmente con una sonrisa amistosa.

La disonancia sobre Steve McQueen con la que arranca este texto encuentra una última curiosidad en el origen de «Viudas». La película se basa en una miniserie británica de 1983. Hasta en esto es especial Steve McQueen: cuando los cineastas saltan a las plataformas de series, él hace el camino inverso.