ES NOTICIA EN ABC

Stanley Kubrick, el genio que convirtió sus películas en obras inmortales

El cineasta habría cumplido este miércoles 89 años. Recordamos cinco de sus filmes inolvidables

Stanley Kubrick en el rodaje de «El resplandor»
Stanley Kubrick en el rodaje de «El resplandor» - ABC
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Pocos directores han logrado que su obra trascendiera su figura como Stanley Kubrick (Nueva York, 1928). Y eso que el cineasta, de una personalidad epatante y una vida intrigante, fue todo un símbolo de Hollywood durante su dilatada carrera –que arranca en los años 50– y hasta su muerte, en 1999, a los 70 años. Sin embargo sus filmes parecen volar libres dentro de géneros tan diversos como heterogéneos. Desde la ciencia ficción hasta el bélico; el terror o el drama de alto contenido sexual. Incluso cine de época. En todos está la búsqueda de los límites –artísticos, técnicos, narrativos– y un aire de renovación que convierte su obra en un referente para lo que vendría después. Hoy, en este miércoles en el que Stanley Kubrick habría cumplido 89 años, recordamos cinco de sus joyas que le hacen inmortal. «La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que sigue siendo joven», le escribió su mujer a su muerte, citando a Wilde. Kubrick, su cine, sigue siendo tan joven como lo fue en su estreno. No hay lugar para tragedias.

El resplandor

Hay películas que, o bien no se entienden en el momento de su estreno, o bien lo que sucede después hace que la forma en la que se mire cambie. Es el caso de «El resplandor». Muchas de las críticas de 1980 la despellejaron (y a Jack Nicholson con especial fruición). Sin embargo, las valoraciones recientes la sitúan como una película de culto, uno de los filmes de terror que causaron mayor impacto. Pocos se atreven a decir hoy que es una mala película.

2001: Una odisea del espacio

En 1968 se pudo ver el futuro... Del cine. Casi 50 años después de su estreno, revisitada ahora, «Una odisea en el espacio» sigue siendo magnética. Si sus efectos especiales impactan hoy, cómo debió de ser la experiencia de ver por primera vez en el cine algo así. Pero es que además de la forma visual, con la muerte del Hal 9000 como historia del cine, la parte narrativa impacta incluso más. El arranque de los homínidos, el monolito, vaciar la historia con la elipsis... Obra maestra.

La naranja mecánica

Tres años después de la «Odisea» llegaba «La naranja mecánica». Más de dos horas de «ultraviolencia» para las que muchos hubieran requerido de las pinzas que ponían a Álex al final del filme para no pestañear. Con un sentido del ritmo que atrapa, y una historia que rechaza, «La naranja mecánica» genera una tensión entre la necesidad de la huida y el morbo de quedarse –y mirar–. Aquí Kubrick no buscaba fronteras técnicas, eran de otro tipo: ¿Hasta dónde estaría dispuesta la audiencia a aguantar?

Senderos de gloria

Nunca la guerra se vio tan de cerca (a nivel moral). Las trincheras de la Primera Guerra Mundial eran los socavones éticos por los que los generales mandaban a los peones a morir por ganar un centímetro de terreno y unas cuantas medallas en el pecho. En blanco y negro, y con el sentido de la simetría que después mantendría toda su carrera, «Senderos de gloria» se convirtió en su primera gran película con permiso de «El atraco perfecto». Era el año 1957. Después llegaría el contrato con Universal para rodar «Espartaco». Y ya la leyenda de un artista.

Barry Lyndon

«Barry Lyndon» es un cuadro. Uno tras otro. Un drama de época (se basa en la novela de William Tackeray) con la ambición de un joven por ascender en la escala social como motor. Revisándola parece un juego. O una locura. Hay escenas (como la de arriba) donde sus protagonistas apenas pueden moverse para no salirse de foco por el empeño del genio en rodar con la única iluminación que daban las velas. Difícil de ver –no es una obra especialmente entretenida– entra en esta lista para calibrar la versatilidad de Kubrick.

Son cinco las elegidas como podrían haber sido diez, o las 13 que conforman su filmografía. Obras maestras como «¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú», «Lolita», las anteriormente mencionadas «Espartaco» o «Atraco perfecto». O sus creaciones finales, «La chaqueta metálica» y «Eyes Wide Shut», que da para un reportaje extra.