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Stanley Donen, el mejor pórtico para entrar al cine

El estadounidense, fallecido a los 94 años, ha sido, es y será, una de las mejoras formas de empezar a amar las películas

El cineasta Stanley Donen, fotografiado en el festival de cine de Cannes, en 1984
El cineasta Stanley Donen, fotografiado en el festival de cine de Cannes, en 1984 - AFP
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Hace ya más de veinticinco años que murió Audrey Hepburn, y solo un par de semanas que fallecía Albert Finney, inolvidables protagonistas de «Dos en la carretera», y ayer le llegó el turno a Stanley Donen, director de esa maravillosa y ácida película sobre los flatos del matrimonio… No hay otro titular posible: Nadie en la carretera. Stanley Donen ha sido, es y será, uno de los mejores pórticos para entrar al cine; mejor aún, para entrar a la cinefilia, a un amor por las películas que se acaba como en ese trocito de diálogo entre Michael Caine y la jovencita Michelle Johnson al final de «Lío en Río»: «¿podrás olvidarme», le preguntaba la chiquilla, y él le decía, «sí, en cuanto me muera».

«Lío en Río» fue la penúltima película de Stanley Donen, y no ha quedado como el mejor ejemplo de su gran talento cinematográfico, pero, personalmente, no he encontrado nunca ninguna razón para no volverla a ver, y divertirme, disfrutarla y emocionarme porque tiene dentro, como todas, esa invitación a una cinefilia que dura hasta el mismo día de entregar las armas. Stanley Donen hubiera cumplido 95 años el próximo mes de abril.

Aunque es mayor su contribución a la cinefilia que al cine, pues es muy probable que muchos se hayan enganchado de por vida a las películas la primera vez que vieron «Charada» o «Cantando bajo la lluvia», Stanley Donen forma parte de la santa trinidad del musical, junto con Gene Kelly y Fred Astaire. Con Kelly firmó su primera película, «Un día en Nueva York», con un Frank Sinatra vestido de marinerito, y en la que la felicidad del cine, de la música y de la danza rebotaba del plató a la calle.

Felicidad

Pero nunca hizo nadie, ni siquiera el propio Donen, una película más feliz, hacia dentro y hacia fuera de la pantalla, que «Cantando bajo la lluvia»… Aún no se ha encontrado un antídoto mejor para la pesadumbre, el aburrimiento o la tristeza que sentarse a ver esta maravillosa obra de arte. Es imposible que no funcione, pero si tal cosa ocurriera, se puede intentar con «Siete novias para siete hermanos», que hizo Donen un par de años después y que pone a saltar y bailar hasta al corazón del abuelo.

«Charada» es un caso especial, es una película que hizo en 1963 con Cary Grant y Audrey Hepburn para que nadie, nunca, volviera a dudar de que no hay nada fuera de una película que pueda mejorarla. La intriga, la comedia, el romance (el diálogo inicial entre Grant y Hepburn en una estación de esquí es ya un contrato firmado de amor eterno a «eso» del cine)…, hasta la ducha, todo, es aquí elementos de siempre que no se han visto nunca.

Y hasta las no mejores películas de Stanley Donen te animan a firmar el contrato, pues, tres años después de «Charada» hizo «Arabesco», lo mismo pero distinto con Gregory Peck y Sophia Loren, una de aventuras y espías que, como con «Lío en Río», no hay que perder la oportunidad de volver a ver porque está rebosante de ese mismo «eso» y de lo otro.

«Indiscreta», con Cary Grant e Ingrid Bergman; «Una cara con ángel», maravillosa comedia romántica con Fred Astaire y Audrey Hepburn; «Página en blanco», de nuevo con Cary Grant (ahora de aristócrata inglés en su castillo abierto al público) y con Deborah Kerr, Jean Simmon y Robert Mitchum… Todas estas y otras más de no mejores películas de Stanley Donen son precisamente ese mejor pórtico por el que pasar al cine para quedarse.

En 1989, Stanley Donen vino a Valladolid, a la Semana Internacional de Cine, que le dedicaba un homenaje, y cuando le entregaron la Espiga de Oro en el escenario del Teatro Calderón, dio unos cuantos pasitos de baile, un apenas un tip-tap, que la memoria recrea ahora en el tecleo de este punto y final.