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Spiderman: un nuevo universo Stan Lee está más vivo que nunca en el Spiderverso

La película «Spiderman: un nuevo universo» combina seis versiones del superhéroe arácnido en una cinta de animación visualmente espectacular y con estética comiquera

Imagen de «Spiderman: un nuevo universo»
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«Me llamo Peter Parker y soy el único Spiderman. Seguro que el resto ya lo conocéis: salvé la ciudad, me enamoré, luego salvé la ciudad otra vez y otra y otra... Salgo en un cómic, en unos cereales, grabé un disco de villancicos y sale mi careto en un helado medio chungo», dice el pretencioso protagonista de «Spiderman: un nuevo universo», ese chico que ha conseguido que varias películas, series e historietas cuenten sus hazañas, y sobre todo sus acrobacias, tras el mordisco de una araña. Pero, espera, ¿ha dicho el único?

Rebobinemos. Sí, Peter Parker y la araña. Vaya, la picadura que en una persona normal provocaría una simple erupción, a él le convierte en un superhéroe... que trepa muros pero no es capaz de segregar su propia tela de araña. Vaya. Bueno, vayamos a lo importante. Un superhéroe, eso sí, con los clásicos problemas de cualquier adolescente. Un crío con tantos poderes como rabietas, torpezas y amoríos, lo cual es ya cómico de por sí. Desde que el insecto se cruza con él, comienza para el huérfano hijo de Stan Lee y Steve Ditko una emocionante aventura: se crea su propio traje y se hace llamar Spiderman, asesinan a su tío Ben y se queda a vivir con su tía May. ¿Tíos o abuelos? Sigamos. Se enamora de su vecina Mary Jane y le salen enemigos de debajo de las piedras, incluido, por si no hubiera drama suficiente, su mejor amigo, Harry Osborn, que aun sin poderes se convierte en un duende diabólico gracias a la tecnología de su padre, el mismo villano que enfundó antes su traje. Se convierte en el defensor de Nueva York, plagado de científicos que se pasan al otro lado, convertidos en lagartos, en pulpos o en vampiros... Y así durante muchas, muchas ocasiones. En fin, el típico héroe adolescente que trepa por los rascacielos de la Gran Manzana y lanza telarañas con un gesto heavy a modo de chasquido. No, no es una telenovela, es Spiderman, pero... ¿la única y verdadera historia? Para nada.

Porque el hombre araña no envejece y es metamórfico. Puede ser quien quiera, empezando por el atolondrado Tobey Maguire, el más dramático y enfurruñado Andrew Garfield o el eléctrico y desorientado Tom Holland. Hasta un dibujo animado durante generaciones. Por si su desdoblamiento no fuera suficiente, existe algo llamado multiverso (el Spiderverso) en el que Peter Parker, alias Spiderman, puede ser, además, varias personas, cambiar de género y de color de piel. Incluso llevar capa y ser un cerdo que dice frases de Bugs Bunny. ¿Había dicho el único Peter Parker?

Sin achicarse, la nueva película de Sony, «Spiderman: un nuevo universo», asume el ambicioso reto de relatar las aventuras de esta secuencia spidermaníaca, que une en la misma dimensión a seis versiones del trepamuros de Marvel como si nada. Todo, por si fuera poco, en una rompedora cinta de animación de estética comiquera, que combina el acabado de las viñetas y sus puntos de imprenta con el toque propio de la animación por ordenador. No falta un abanico de villanos a la altura de los héroes arácnidos, desde Wilson Fisk «Kingpin» a un(a) irreconocible Doc Oack. La cosa es que funciona mejor que todas sus anteriores adaptaciones, potenciando la esencia de las viñetas con guiños nostálgicos, un ritmo intrépido que renueva el viejo clásico y una narrativa construida con ingenio, visualmente impresionante y con personajes bien aprovechados.

Con ironía, «Spiderman: un nuevo universo» reconstruye siete versiones del superhéroe procedentes de mundos alternativos, alterando sus características y explotando su originalidad en esta reinvención de la historia del personaje. Hay amor, humor y también tragedia. Mientras en el universo Ultimate, la Tierra 1610, Miles Morales, un estudiante de instituto negro con los cordones desatados, rebusca en su interior tratando de encontrar el acto de fe que le permita usar sus nuevos poderes tras la picadura de una colorida araña radiactiva, se abre un portal por el que se cuelan los Spiderman de otros universos... que se reconocen entre ellos con el mismo sentido arácnido que les alerta del peligro.

El único Spiderman de la Tierra-65 es una mujer, que tras el traje blanco, negro y rosa con capucha esconde a Gwen Stacy, una Spiderwoman con zapatillas de ballet que da un giro al trágico final del primer amor de Peter Parker y, en lugar de morir a manos del Duende Verde, recibe ella la picadura. Peter... bueno, se convierte en lagarto y muere.

En otra de las realidades alternativas, el único héroe arácnido es la versión manga y anime del trepamuros de Marvel, la encarnación más joven del personaje, Peni Parker, una niña que procede de la Tierra-14512 y que maneja el Spidey-robot de su padre como cualquier millennial de nuestro universo el móvil. El toque clásico lo pone Nicolas Cage, que en lugar del Superman que a punto estuvo de ser en otra realidad alternativa, pone aquí voz al Spiderman Noir de la Tierra-90214, una especie de detective con gabardina y sombrero que combate a los villanos en un mundo de blanco y negro. Y le pirran los colores de los cubos de Rubik.

Merodeador vs. Spiderman
Merodeador vs. Spiderman

Por si no hubiera suficiente comedia en los choques dialécticos entre los personajes, el absurdo máximo lo pone Spider-Ham, que no es el Spider-Cerdo de la pegadiza de la canción de Los Simpson sino una especie de Porky de los Looney Toones, con su mazo pero con la frase de Bugs Bunny, procedente de la paródica Tierra-8311, plagada de animales antropomorfos. Allí Peter Porker era la araña hasta que la radiactiva-tía-científica May (Porker) le muerde.

No falta el tradicional Peter Parker en esta historia, una versión adulta y descuidada de nuestro Spidey. Procedente del universo primigenio de Marvel, es decir, la Tierra-616, poco queda ya de ese espontáneo adolescente al que le picó una araña en este superhéroe en horas bajas, divorciado y con barriga cervecera que se encuentra a sí mismo en los ojos de uno de sus alter ego. Y es que, al final, Spiderman es único porque todos son el mismo.