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Sevilla corona a «Cold War» como la mejor película europea

Raúl de la Fuente, por «Un día más con vida», se lleva el premio a la mejor película de animación

Pawel Pawlikowski recoge el premio en el Maestranza por «Cold War»
Pawel Pawlikowski recoge el premio en el Maestranza por «Cold War» - EFE
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Raúl de la Fuente ganó anoche el premio a la mejor película de animación por «Un día más con vida», el único galardón con el que la Academia del Cine Europeo honró a la industria española. El resto de la noche tuvo acento polaco gracias a «Cold War», la película de Pawel Pawlikowski que dominó la ceremonia. Dicen que Sevilla tiene un color especial, pero anoche, en la capital andaluza, el cine europeo eligió el blanco y negro de esta historia de amor. Su director se marcó un «remake» de 2014, cuando arrasó con «Ida», y volvió a demostrar a sus colegas del continente que el blanco y negro es tan cautivador como el color de Sevilla.

En las 31 ediciones de los premios de la EFA, España solo había sido anfitrión una vez, en 2004 en Barcelona. Anoche, en Sevilla, la gala arrancó con un espectáculo de flamenco -como no podía ser de otra manera- que culminó con la espectacular entrada de Rossy de Palma, que se metió al público en alguno de los volantes del heterodoxo traje de flamenca negro con el que se puso a dar voces en inglés.

La otra cara de España la representó Raúl de la Fuente, que ganó con su hagiografía del reportero Ryszard Kapuscinski. Al recoger el galardón, De la Fuente hizo suyo el discurso del periodista para recordar a las víctimas de las guerras olvidadas en las que se sigue masacrando a inocentes.

Política y lágrimas

La noche, después de todo, se convirtió en algo parecido a una sesión del Parlamento Europeo. Nombres y acentos de todos los rincones del continente desfilaban por el escenario soltando al aire discursos interminables cargados de política. Algunos con gracia, como el del ganador a mejor filme de comedia, Armando Iannucci, que lanzó una pedorreta a los antieuropeístas, y otros más serios, como el de Agnieszka Holland, presidenta de EFA: «La libertad artística está en peligro por la censura. No dejaremos que los políticos oculten nuestras voces», defendió, y después recordó al ucraniano Oleg Sentsov, encarcelado en Rusia, y otro espectáculo flamenco, esta vez con máscaras, sirvió de homenaje a la libertad.

La denuncia social y política se fue filtrando en el guión de la noche tanto como lo hace en las películas nominadas. Abarcó incluso a los homenajeados con el premio de honor. El primero de ellos, el griego Costa-Gravas, fue presentado por el presidente de la Academia Europea, Wim Wenders, como «un cineasta que nunca ha ocultado sus discursos políticos en la veintena de películas que ha rodado», algunas necesarias como «Z» o «El capital». Costa-Gavras devolvió el cumplido defendiendo que la EFA «es un ejemplo de lo que debería ser Europa: todos juntos, de diferentes países y culturas, y celebrándonos unos a otros», sentenció el cineasta de 83 años.

La emoción la puso Carmen Maura, que recogió otro de los premios de honor (El tercero fue para Ralph Fiennes). «Encima tengo que hablar en inglés, no te digo nada», dijo llorando después de que Wim Wenders la presentara como «La reina del cine europeo». Con todo el Teatro de la Maestranza en pie, algunos con lágrimas en los ojos, Carmen Maura recordó que hace 30 años fue premiada por su papel en «Mujeres al borde de un ataque de nervios» y que le pareció imposible que aquella gente tan diferente pudiera ponerse de acuerdo. La emoción explotó en risas cariñosas cuando su discurso se convirtió en un delirio de idiomas entremezclados. Pawlikowski dijo después, al celebrar el premio a mejor director, que el discurso de Carmen era la mejor muestra de lo que es Europa.