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Ready player one El viaje de Spielberg al futuro más ochentero

El Rey Midas del cine adapta la novela de Ernest Cline, una aventura con moraleja: «La realidad siempre es mejor»

Vídeo: Entrevista con Tye Sheridan y Olivia Cooke / Foto: Fotograma de Ready player one - Vídeo: ABC Multimedia
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Del DeLorean de «Regreso al futuro» a una aventura digna de la pandilla de «Los Goonies», sin los hermanos Fratelli pero con un maquiavélico Nolan Sorrento al frente de una fascista empresa tecnológica que amenaza con apoderarse del único escape de la sociedad... de 2045. El cóctel de los ochenta que cimienta la novela «Ready player one», de Ernest Cline, además de ser la época a la que se aferra esta nostálgica distopía, parecía diseñado por Steven Spielberg. Por eso cobra especial sentido que fuese él quien finalmente se pusiera tras las cámaras. «Es una persona que me inspira como contador de historias y sabía que haría un trabajo fantástico», concede Cline sobre el don, todavía intacto, del veterano cineasta.

Sin embargo, el autor de «Tiburón» omitió cualquier autorreferencia a sus míticas películas, que contribuyeron a crear esa cultura popular que ahora salta del libro a la gran pantalla en un espectáculo digno de pirotecnia visual. Tan solo el coche de Martin McFly, tuneado con la luz frontal de «El coche fantástico» de Kitt, y el tiranosaurio de «Parque Jurásico» resisten a la repentina contención del ego de Spielberg. Y un gremlin, que coló el equipo técnico en la batalla final y se escapó al ojo del cineasta. Prefirió homenajear a Robert Zemeckis, autor de esa trilogía, o a Stanley Kubrick, al que le devuelve el favor que este le dio con «A.I. Inteligencia Artificial» con una genial escena de «El resplandor».

«Mis películas favoritas de Spielberg son las de ciencia ficción: “Encuentros en la tercera fase”, “E.T., el extraterrestre”, “Minority report”, “A. I. Inteligencia Artifical”... por eso es súper emocionante para mí ser parte de esto, porque crecí viendo y amando esas cintas», cuenta a ABC Tye Sheridan, que ya tiene experiencia con gafas en el cine por su papel del joven mutante Cíclope en «X-Men» y que en «Ready Player One» da vida a Wade Watts/Parzival, el joven héroe de esta historia. Le acompaña la coprotagonista y su interés romántico en la ficción, la británica Olivia Cooke (Art3mis/Samantha), que moldeó su acento para trabajar a las órdenes del Rey Midas del cine. Y a pesar de reconocer que, por su edad, carecen de «experiencia en la cultura del mundo del entretenimiento», se decanta por una referencia anacrónica, Bitelchús, «cosas que si parpadeas, te las pierdes».«Es surreal participar en un proyecto con alguien que le ha dado forma a nuestra infancia con su imaginación», asegura la actriz, que admite disfrutar del privilegio de plasmar «cosas de décadas pasadas» que han leído o les han contado, pero que no han vivido.

Los personajes de esta distopía huyen de un mundo real aquejado de males que hoy parecen inofensivos, por eso pasan más tiempo en la realidad virtual de Oasis, su particular vía de escape y un lugar en el que pueden ser quienes quieran, desde Freddy Krueger a Mechagodzilla. El creador de este paraíso de avatares es James Hallyday, interpretado por el ya habitual del director Mark Rylance, que a su muerte promete legar su riqueza y los derechos de Oasis a quien consiga el Huevo de Pascua, evidente referencia al nombre que reciben en inglés los guiños en las películas: easter eggs. Una competición que se inspiró en «Willy Wonka y sus billetes dorados», pero que Spielberg adaptó para todos los públicos, no solo para los expertos en recreativas y videojuegos de los ochenta como Adventure, decisivo en la contienda.

Para evitar que la pandilla aventurera consiga los derechos de Oasis y así lucrarse de la adicción de la gente a la realidad virtual, Sorrento, interpretado por el eterno villano Ben Mendelsohn («Rogue One», «El caballero oscuro»), se manchará las manos de sangre, seguido por su fiel secuaz, a la que da vida Hannah John-Kamen. «El médico me ha prescrito ser siempre el malo de la película. En fin, sigo trabajando en ello», bromea Mendelsohn, que asegura que Spielberg acostumbra a pasearse por el set siempre con un chupachups en la boca.

Pese a las ventajas del mundo virtual, la moraleja es clara: pese al sufrimiento, merece la pena la realidad, porque «es real». «Disfruté perdiéndome en la película de Spielberg durante un par de horas pero siempre hay que volver a la vida real. Es uno de los mensajes de la película y del libro, lograr un equilibrio entre el escapismo y el mundo real», arguye Cline, mientras que Cooke sugiere: «Perdámonos en las películas de Spielberg y huyamos de esta pesadilla».