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¿Por qué los protagonistas de Disney son casi siempre huérfanos?

Blancanieves, Bambi, Mowgli, Simba, Elsa y Anna, Lilo, Aladdín, Ariel, Tiana, Ariel, Bella, Pocahontas...

Personajes Disney huérfanos
Personajes Disney huérfanos - LUIS CANO / ABC
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Los clásicos de animación de Disney son, por encima de todo, películas familiares. Sin embargo, en muy raras ocasiones están protagonizadas por una familia feliz. Al contrario, sus protagonistas suelen ser personajes con una traumática vida personal. Cuando no ha muerto el padre ha fallecido la madre, o los dos, o los matan durante la película, o abandonan a sus hijos en algún momento de la historia.

De las 57 películas de animación de Disney clasificadas como «Clásicos», en 22 de ellas los protagonistas no tienen padre o madre, o los pierden en el transcurso de la cinta. En seis más son huérfanos de madre, y en otras cuatro el ausente es el padre. En total 32 títulos con pérdidas de progenitores, mientras que solo en ocho el héroe o la heroína forman parte de una casa sin dramas. En el resto de filmes (17), los personajes son adultos, al margen de tramas en torno a la familia.

Recurso literario

El tropo literario de la orfandad sirve para mostrar el paso de la asunción de responsabilidades, el crecimiento personal, la conciencia del mundo, afrontar solo los problemas y peligros lejos de la comodidad del hogar. Numerosas películas Disney, especialmente en sus inicios, están basadas en cuentos populares. Estas historias tradicionales ya hablaban de huérfanos o traumáticas pérdidas de progenitores. Pero Disney ha continuado ahondando en este recurso literario en sus argumentos modernos. Así, Lilo, de «Lilo y Stitch» (2002), vive sola con su hermana mayor bajo la amenaza de los servicios sociales. Chicken Little (2005) no tiene madre.

La orfandad moderna no es un recurso argumental solo de Disney, sino habitual en toda la literatura infantil y juvenil, heredera de aquellas historias orales. En los cómics, Superman es adoptado por terrícolas, Batman es fruto de la venganza por el asesinato de sus padres y a Spiderman lo crían sus tíos. En la literatura están, por ejemplo, Harry Potter y Frodo, de «El señor de los anillos». En el cine está Luke Skywalker, de «Star Wars». La orfandad también forma parte de la tradición oriental, como demuestran Goku («La bola del dragón») o Naruto.

Razones personales

El productor ejecutivo de «La bella y la bestia» y «El rey león», Don Hahn, explicó que hay dos motivos por los que Disney se decanta por los huérfanos para los protagonistas de sus historias. La primera razón es práctica: «Las películas tienen una duración de entre 80 y 90 minutos y las películas de Disney tratan acerca del crecimiento. Tratan sobre ese día en la vida en que debes asumir una responsabilidad. Por eso, es más rápido tener personajes que crecen cuando los separas de sus padres. La madre de Bambi es asesinada por lo que él tiene que crecer; Bella solo tiene un padre, por lo que cuando se va, debe ocupar su lugar. Es cuestión de abreviar la historia».

La segunda razón tiene que ver con la biografía del fundador, Walt Disney. Y no se trata de la leyenda que inventa su origen como hijo natural de una vecina de Mojácar (Almería) que emigró a Chicago y lo dio en adopción a Elias y Flora Disney, una humilde familia estadounidense, los verdaderos padres del genio. En realidad, su drama personal lo vivió como adulto. Cuenta Don Hahn que después del éxito de su primer largometraje de animación, «Blancanieves y los siete enanitos», compró una casa para sus padres. Desgraciadamente, una fuga de gas en el calentador causó la muerte de su madre. Nunca se liberó del sentimiento de culpa, y la ausencia maternal siguió invadiendo la obra de los clásicos Disney. Con padre, pero sin madre, están Pinocho, Bambi, Ariel («La sirenita»), Bella («La bella y la bestia»), Pocahontas y Chicken Little.

Desde los comienzos

Ya desde la primera cinta de animación de la factoría de dibujos animados, «Blancanieves y los siete enanitos» (1937), antes de su drama personal, Walt Disney presentó a su protagonista como una joven huérfana con una madrastra malvada. Una historia, la de la madrastra cruel, que se volvería a repetir en «La Cenicienta» (1950), sometida después de la muerte de su padre.

La muerte de un progenitor, o los dos, es otro recurso recurrente en el transcurso de sus historias. Algunas veces estas muertes se muestran de forma explícita, como la de Mufasa, el padre de Simba, provocada por su hermano en «El rey León» (1994). La madre del cervatillo Bambi (1942) muere abatida por los cazadores. Las escopetas también son culpables de las muertes en las fábulas de «Tod y Toby» (1981) y «Hermano oso» (2003). En el segundo caso, el guión es más retorcido si cabe, puesto que el asesino de la mamá osa se convierte en protector y hermano mayor del osezno huérfano, una vez convertido también en plantígrado después de un hechizo.

Quasimodo, «El jorobado de Notre Dame» (1996), es otro personaje adoptado por el asesino de su madre. En este caso con muy poco cariño: desde la elección del nombre hasta ser encerrado en la catedral parisina por vergüenza y escarnio. También encerrada por una mala madrastra vive Rapunzel («Enredados», 2010), aunque en su caso la princesa vive engañada un secuestro, mientras que sus padres viven y terminarán por encontrarse.

Adopciones entre especies

No todos los padres adoptivos son crueles. Son frecuentes las historias felices entre miembros de distintas especies, un recurso habitual. Una familia de lobos crió a Mowgli como a un hijo más en el «Libro de la selva» (1967); aunque al final fue rechazado por la comunidad por su condición de ser humano. Una familia de lémures se hizo cargo del dinosaurio Aladar como uno más de la familia a pesar de la diferencia de tamaño en «Dinosaurio» (2000). Y a Tarzán (1999) le acogieron unos gorilas. Y, claro, también están los humanos que adoptan mascotas, como Reina, de «La dama y el vagabundo» (1995) o Bolt (2008).

Entre adopciones de niños por humanos está el caso de los Robinson, una familia de científicos que apadrina a Lewis, un joven huérfano amante de la ciencia en «Descubriendo a Los Robinson» (2007). Aunque Lewis vive obsesionado con encontrar a la madre que le abandonó, cuando tiene oportunidad de encontrarla prefiere seguir su nueva vida. Porque, como cierra la cinta citando a Walt Disney: «En este lugar no perdemos demasiado tiempo mirando hacia atrás. Camina hacia el futuro, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas. Sé curioso, porque nuestra curiosidad siempre nos conduce por nuevos caminos».

Y están los protagonistas que siempre han estado solos ante el mundo. El gatito Oliver, de «Oliver y su pandilla» (1988), es un trasunto del personaje de Charles Dickens Oliver Twist. Aladdín (1992) es un pillo solitario que sale de la pobreza de la mano de un genio, como le ocurre a Arturo con Merlín en «Merlín el encantador» (1963). La atípica princesa Disney Vanellope, coprotagonista de «¡Rompe Ralph!» (2012), es un personaje de videojuego sin pasado y, por tanto, sin padres. En su fiesta de pijamas con las princesas Disney en la secuela «Ralph rompe internet» (2018), les recuerda este vínculo que les une las protagonistas de los clásicos de la factoría de dibujos animados. Al fin y al cabo, ella, como las demás princesas Disney, tampoco tiene madre.