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Premios Goya 2019 Reivindicaciones, el papel de la mujer y hasta un nuevo «cabezón»: así han cambiado los Premios Goya

Los galardones más importantes del cine español han sufrido muchas modificaciones desde su primera edición, celebrada en 1987

Isabel Coixet, el pasado año en los Premios Goya
Isabel Coixet, el pasado año en los Premios Goya - REUTERS
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Este próximo sábado tendrá lugar en Sevilla la 33ª edición de los Premios Goya, que año a año galardonan a las mejores películas e intérpretes del cine español. Sin embargo, mucho han cambiado los premios desde aquella primera edición, que se celebró el 17 de marzo de 1987 en el Teatro Lope de Vega de Madrid, y que estuvieron presentados por el malogrado Fernando Rey.

Comenzando por las propias categorías a las que optan los filmes galardonados. En la primera entrega de los premios, fueron 15 las disciplinas condecoradas, mientras que hoy el número asciende hasta casi el doble: 28, con la finalidad última de premiar los aspectos más técnicos y creativos de las películas. O en otras palabras, el trabajo que menos se ve, pero que más se necesita.

Más allá de ello, el relevo generacional también ha sido más que plausible. Antes, eran Sara Montiel, Andrés Pajares o Marujita Díaz quienes desfilaban por la alfombra roja. Hoy, les sustituyen Penélope Cruz, Antonio de la Torre, Bárbara Lennie y Javier Bardem, entre otros. Además, en la gala inaugural de los premios los actores apenas se pararon para atender a sus seguidores, posar para los fotógrafos y responder a los periodistas. De hecho, la gran mayoría llenaron el Lope de Vega con sus abrigos todavía puestos. Hoy, ese supuesto sería impensable.

También ha cambiado la forma del trofeo, comúnmente conocido como el «cabezón». Como cuenta «Hola», en la primera edición, sobre la cabeza de la estatuilla de Francisco de Goya aparecía ubicado, al presionar un resorte, un mapa de España con dos círculos de bronce en la parte superior que simulaban una cámara de cine. Aquella obra, creada por el escultor Miguel Ortiz Berrocal, fue posteriormente sustituida por el busto del pintor que se entrega a día de hoy, obra de José Luis Fernández.

Un altavoz reivindicativo

Las reivindicaciones y protestas de los actores y actrices tampoco son las mismas. Hoy en día, los Goya son vistos como un importante instrumento de visibilidad para dar voz a los intérpretes en sus alegatos y demandas ideológicas, que llevan al máximo esplendor en sus discursos. Sobre todo, a raíz de que, en la duodécima gala, celebrada en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, el entonces presidente de la Academia de Cine, José Luis Borau, decidiera pintarse sus manos de blanco en protesta ante el terrorismo de ETA. Lo hizo en señal de repulsa por el asesinato del concejal sevillano del Partido Popular, Alberto Jiménez Becerril, y de su esposa, que perdieron la vida en un atentado. «Nadie, nunca, jamás. En ninguna circunstancia. Bajo ninguna ideología ni creencia. Nadie puede matar a un hombre», espetó Borau, con la voz quebrada, mientras mostraba sus manos blancas a los asistentes, que le ovacionaron. A partir de entonces, las alusiones de carácter político nunca han faltado en los Goya.

Unos premios que, por segunda vez en la historia, no se celebrarán en Madrid. El Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla ha sido escogido como el lugar de la gala, que estará conducida por los humoristas Andreu Buenafuente y Silvia Abril. La celebración, que llevaba seis años teniendo lugar en el Hotel Auditorium de Madrid, abandona así la capital tras dos décadas sin hacerlo. La última (y única) vez que los premios se habían celebrado fuera de la ciudad fue en su 14ª edición, cuando tuvieron lugar en el Auditorio de Barcelona.

Entre los cambios, destaca además la modificación de la edad mínima para recibir el galardón. Desde 2011, la Academia de Cine obliga a los galardonados a tener más de 16 años para ganar un Goya, por lo que ya no es posible premiar a talentos «precoces» como en su día lo fueron Juan José Ballesta (por «El Bola») o Ivana Vaquero («El Laberinto del Fauno»). El pasado año, la intérprete nominada más joven fue Sandra Escacena, que con solo 16 años optó a la estatuilla por su buen hacer en «Verónica». Su nominación a Actriz Revelación y la convirtió en la primera artista nacida en el siglo XXI en poder optar a un Goya.

Lucha por el feminismo

El papel de la mujer también ha evolucionado muchísimo desde aquella primera entrega de premios, pues los galardones a personalidades femeninas en las primeras ediciones eran sobre todo de carácter interpretativo. Ahora, pese a que las mujeres continúan reivindicando más puestos para ellas en posiciones de responsabilidad a nivel creativo y técnico en el Séptimo Arte, son muchas más las que están en ellos. Sin ir más lejos, el pasado año fueron dos mujeres las que ganaron en categoría de Mejor Dirección y Mejor Dirección Novel: Isabel Coixet por «La librería» y Carla Simón por «Verano 1993». El filme de la primera, de hecho, ganó también el premio a Mejor Película.

Más allá de ello, directoras españolas como Paula Ortiz y Icíar Bollaín han demostrado sus grandes destrezas en sus campos cinematográficos en los últimos años. El pasado año, la Asociación CIMA repartió entre los asistentes centenas de abanicos rojos con el grabado «#MásMujeres», que exigía reivindicar el feminismo durante la gala.

Lo que está claro es que este año, ninguna película podrá superar el récord de «Mar adentro». La cinta de Alejandro Amenábar se alzó con catorce «cabezones» en la decimonovena edición, celebrada en 2004, de los quince a las que aspiraba. En esta edición, las dos películas con más nominaciones son «El Reino» (13), de Rodrigo Sorogoyen y «Campeones» (11), de Javier Fesser. Aunque no mejorarán los números de «Mar adentro», habrá que ver si superan los de «La librería» de Coixet, que el año pasado se alzó con tres trofeos.