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Política de fronteras abiertas en Hollywood a favor de los latinos y las mujeres

La Academia invita a 928 nuevos miembros, entre ellos catorce cineastas españoles

Ricardo Darín, en el pasado Festival de San Sebastián
Ricardo Darín, en el pasado Festival de San Sebastián
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La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood ha enviado su ticket de oro, como Willy Wonka, a 928 actores, productores, editores, estilistas, directores y demás creadores para formar parte de la institución. Estrellas cuyos rostros conocemos de películas y series, como Emilia Clarke, Timothee Chalamet, Daniel Kaluuya o Blake Lively, y otras que apenas han pasado por las pantallas de EE.UU., como las casi 40 personalidades iberoamericanas invitadas, entre las que están Ricardo Darín, Eugenio Derbez, Daniela Vega... y catorce españoles: Javier Cámara, Carmen Maura, Verónica Echegui, Javier Gutiérrez, Eduardo Noriega, Rubén Ochandiano, Rossy de Palma, Carlos Bardem, Natalia de Molina, Bárbara Lennie, Emma Suárez, Marta Etura, Ángela Molina y Jordi Mollà.

Este es el último paso de una campaña en curso para diversificar una institución que hasta ahora era abrumadoramente blanca y masculina. Una política de puertas abiertas para subvertir el estatu quo de la industria en plena presidencia de Donald Trump y su muro con México.

Considerada por los jóvenes como una entidad obsoleta y sin ninguna conexión con la realidad del milenio, y con movimientos como #MeToo o #BlackLivesMatter llamando a la puerta, la Academia tuvo que renovar su estructura. Así, en 2015 inició un plan para duplicar el número de mujeres y minorías en 2020. En tres años ya se han sumado 2.400 miembros hasta sumar 9.226 académicos. No es exagerado decir que la academia actual –con un 31 por ciento de mujeres, un 6 % más que en 2015, y un 16% de personas de color, el doble que hace tres años– se ha alterado significativamente.

Sin embargo, ese cambio aún no se ha manifestado realmente en los Oscar. Sería difícil argumentar que los ganadores del Premio de la Academia de los últimos años han sido notablemente diferentes de los de temporadas anteriores. Y hay que tener en cuenta que la iniciativa de cambio surgió precisamente por la falta de nominados de color y mujeres en las últimas nominaciones. «Me emociona descubrir que el 41% de los directores invitados este año son mujeres», dijo la actriz Melanie Lynskey. «Esa es una parte de nuestra industria en la que los hombres, especialmente los hombres blancos, están realmente sobrerrepresentados, como se refleja año tras año en las nominaciones. Tengo la esperanza de que una Academia más diversa eleve y nomine trabajos que podrían haber pasado desapercibidos», remató Lynskey. La actriz Olivia Munn se hizo eco de ese sentimiento: «Como mujer y como minoría, creo que este es un paso monumental para cambiar los parámetros de qué película o qué persona se considera, o no, durante el proceso de nominación, y espero que veamos ese cambio reflejado en la próxima temporada de premios».

Protestas por las nuevas incorporaciones

Pero también hay quejas. En abril, el productor Bill Mechanic escribió una carta al presidente de la Academia, John Bailey, renunciando a su puesto en la junta de gobernadores por la campaña de diversidad: «Permitir que la Academia refleje mejor el mundo es una gran idea, pero el enfoque numérico al por mayor devalúa los criterios artísticos que siempre la han convertido en una institución única», dijo a «The Times».

Nadie sabe cómo estos cambios transformaran la institución norteamericana en un tiempo en el que la intelectualidad y la cultura se ve cuestionada a distintos niveles sociales. Profundos cambios para potenciar la diversidad y provocar transformaciones estructurales en una sociedad milenial aficionada a educarse con vídeos y realities. La primera prueba llegará este año cuando tal vez veamos ganando Oscars a películas de terror o de superhéroes, aquellas que conectan con los jóvenes. Los más críticos acusan a Hollywood de querer ser MTV a costa de conectar con las nuevas generaciones, y razones no les faltan. Los cimientos del statu quo en Hollywood empiezan a derrumbarse.